Experiencia de tres voluntarios en Tecnópolis
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Tres voluntarios de la filial Necochea de la Cruz Roja trabajan en Tecnópolis. “El propósito mayor es vencer el miedo”
Tres voluntarios de la filial Necochea de la Cruz Roja se encuentran trabajando desde hace una semana en el centro de Covid-19 montado en Tecnópolis, en Buenos Aires. Bajo estrictas medidas de seguridad, María de las Mercedes Deri, Florencia Ferreyra y Ulises Reales realizan tareas de primeros auxilios y ayuda psicológica entre personas contagiadas del AMBA con síntomas leves que son aisladas y que por distintas cuestiones no pueden realizar la cuarentena en sus hogares.
En el marco de la pandemia que nos afecta desde marzo, los tres se encontraban colaborando en nuestra ciudad con tareas de logística que realiza la Cruz Roja en los ingresos a la ciudad, asistiendo a personas en las filas de los bancos o el correo, difundiendo los protocolos de protección o controlando las salidas recreativas. Se capacitaron con cursos online y no dudaron en anotarse como voluntarios cuando se solicitó personal para colaborar en el Área Metropolitana de Buenos Aires, la más afectada del país por el virus.
El comienzo
“El sábado a la tarde nos avisaron que nos habían seleccionado y, sin mucho para pensar, el domingo a la mañana estábamos viajando a Buenos Aires”, afirmó Florencia Ferreyra sobre el intempestivo comienzo de esta experiencia. Ella tiene 21 años y hace tres que se unió a la filial: “Estoy estudiando Trabajo Social, en Mar del Plata, así que es algo que me gusta, por eso decidí acercarme y ver de qué se trataba. No lo dudé y me anoté. Y desde entonces estoy participando activamente en todas las acciones”.
Por su parte, María de las Mercedes “Marita” Deri, es docente rural en el interior del distrito y sintió que a sus 54 años, aún tenía mucho más para aprender y enseñar, cuando se acercó a la Cruz Roja el año pasado: “Me gusta relacionarme con la gente, me gusta el voluntariado y creo que todos tenemos ese sentimiento de colaborar, de ser solidarios”.
En tanto, Ulises Reales, el más joven con 19 años, hace dos años que es voluntario y espera que la pandemia le permita pronto poder estudiar una carrera: “Estoy entre medicina y relaciones internacionales. Como a mis compañeras me gusta ayudar. Me acerqué porque quería saber lo que era Cruz Roja y aprender”.
Protocolos
En Tecnópolis realizan turnos de 3 o 4 horas de trabajo, entre otros cientos de voluntarios, aunque son los únicos del interior del país. Mientras los demás regresan a descansar en sus casas, ellos lo hacen en otro sector del predio, a unas cuadras. El centro esta abierto las 24 horas recibiendo contagiados. Los datos de cantidad, procedencia e información relacionada al trabajo que se realiza en el lugar son celosamente protegidos, por lo que los tres debieron recibir la autorización de sus superiores para dar esta entrevista. “Principalmente estamos ayudando en lo que es primeros auxilios, apoyo psicológico y tareas de logística, como el armado de kits de protección personal, en los depósitos y en los lugares donde se visten los voluntarios para ingresar en la zona roja’”, compartieron. La zona roja se denomina al parque sanitario -que tiene capacidad para 2.500 personas- donde se encuentran los “beneficiarios”, aquellos contagiados con síntomas leves. Para tener acceso, deben vestirse con protección. “Tardamos entre 7 y 10 minutos, porque ya hemos tenido mucha capacitación y práctica. Nos ponemos el overall, cubreboca, antiparras, doble barbijo (N95 y quirúrgico) y dos pares de guantes. Y de ser necesario la pantalla social”. Lo mismo al culminar, realizan un meticuloso proceso de descontaminación.
La experiencia
Lejos de intimidarse con los riesgos, los tres buscarán quedarse más tiempo ayudando, aunque por el momento la fecha de regreso es entre este martes y el jueves 23. Florencia compartió que esta experiencia “sobrepasó mis expectativas. Sobre todo el compañerismo, cuidarnos entre todos, estar mirando si tenemos el equipo correcto. Quizás nos encontramos con un compañero por primera vez pero sabemos que si tenemos el overall roto nos va a decir. Está esa confianza”. Y sobre el aprendizaje, remarcó que “no hace falta el contacto para demostrarle al otro que estás. Somos astronautas por como estamos vestidos, no nos ven la cara, pero ellos se sienten seguros, cómodos y tratamos que esta experiencia no sea tan mala en su vida. No tratarlos como bichos, estar con ellos, conversar y saludarlos”. Ulises, apuntó que “nunca pensé que iba a vivir esto y pienso en llegar a Necochea y poder compartirla. Hay que vencer el miedo y enfrentarlo. No hay porqué tener miedo al virus”. En ese sentido, Marita agregó que “deseo poder transmitir eso a mi alumnos también. Debo ser una de las más adultas en el lugar y me impresiona ver a tantos jóvenes solidarios, cómo nos cuidan. El propósito mayor es vencer el miedo. El miedo paraliza y no podemos ayudar. Por eso damos una mano y nos cuidamos el uno al otro”.///