Falleció Adelqui Di Lullo, el histórico fotógrafo de Quequén: su vida y sus mejores anécdotas
Conocido como "Pocho", fue el encargado de retratar los momentos más importantes de tres generaciones
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La comunidad de Quequén, como así también de Necochea, se vio conmovida en las primeras horas de este jueves por la noticia del fallecimiento del histórico fotógrafo de Quequén, Adelqui “Pocho” Di Lullo.
“Estoy en esto porque realmente me gusta”, dijo en una nota con Ecos Diarios en el año 2016. Aquella nota fue la última, pero tenía varias en su poder, porque fueron varios los reconocimientos que se le hicieron en vida desde este multimedio.
Por aquel momento tenía 77 años y ya hacía diez que se había jubilado, aunque seguía firme en la decisión de no abandonar la actividad que tanta gente le ha hecho conocer y que tantos buenos momentos le ha hecho pasar.
Era un apasionado por la fotografía y amaba ver las fotos en papel. Por eso sentía cierta nostalgia y hasta cierta incomodidad al ver que el cambio tecnológico había hecho que “la gente saque más fotos que nunca, pero revele menos que nunca”.
Trabajos
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La labor que más ha realizado a lo largo de su carrera estuvo directamente vinculada a los eventos sociales, como casamientos y cumpleaños de quince, pero lo que más disfrutó de hacer son los retratos de estudio. “Incluso me gustaba hacer la foto carnet para el documento de identidad o la licencia de conducir pero eso, lamentablemente, también lo hemos perdido y se perjudicó mucho a las casas de fotografía que solamente con eso ya podían subsistir”, comentó en aquel reportaje de Ecos Diarios.
En 1998 se compró su laboratorio a color para poder trabajar sus fotografías personalmente y tenía bastante trabajo diario. A tal punto que debía atender el local y cubrir eventos durante el día para poder revelar de noche. “Era un verdadero sacrificio porque se me hacían las cinco o seis de la mañana y me solía quedar dormido arriba de la mesa de revelado. Ahora quedó obsoleto todo eso y hasta regalé el laboratorio para que se hagan un mueble”, manifestó Di Lullo.
En cuanto a su trabajo, mencionó que le resultaba bastante difícil llegar a todos los lugares que tenía que cubrir aunque, gracias a eso, en muchos hogares de Quequén y Necochea hay alguna foto con la firma de Adelqui. “Antes por cualquier fiestita llamaban a un fotógrafo profesional porque no había otras posibilidades de registrar el momento. Un día paré el Citroen tan a las corridas que me olvidé dónde lo había dejado y casi terminé haciendo la denuncia de robo, por suerte, preguntando logré encontrarlo”, recordó.
Adelqui nació en San Cayetano pero desde muy chico se mudó a Quequén, donde su padre puso un almacén de ramos generales. Sus comienzos con la cámara fueron después de casarse, a los 22 años, cuando fue a su viaje de bodas con su primera cámara. Luego, al regresar, se quiso anotar en un curso en Buenos Aires y fue becado en parte del valor. Finalmente, un 9 de julio tuvo su primera fiesta en la que le pagaron por sacar las fotos y en esos primeros años contó con ayuda, ya que era muy amigo de la familia Rizzo. “Mi primer revelado y mi primer negativo fueron una cosa de locos para mí. La única que no estaba muy contenta era mi señora, que le estaba oxidando la bañera con los químicos”, contó riendo.
Con el tiempo pudo poner un local en el centro de Quequén y más tarde abrir su propio negocio que mantuvo durante décadas. “Jamás pensé que iba a ser fotógrafo y poder andar entre la gente porque tenía mucha vergüenza pero hoy, si miro para atrás, no se si hubiese podido hacer otra cosa”, concluyó.///
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