Fascinación por la fauna marina
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El interés generado por el hallazgo de una ballena franca hace unos días en la costa, refleja la eterna curiosidad de los necochenses y quequenenses por el mar y sus habitantes
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Ecos Diarios
La aparición de un ejemplar macho de una ballena franca austral, el pasado miércoles 21, volvió a convocar a decenas de curiosos que llegaron hasta la costa para ver el trabajo que realizó la comuna para retirar los restos del gigante marino y su traslado y entierro.
Como ocurre en cualquier ciudad costera, la aparición de animales marinos no es algo inusual, pero sigue provocando asombro y curiosidad.
Esta fascinación por los animales marinos se ve reflejada en el afán que durante décadas los amantes de las naturalezas han demostrado para conservar los restos de especímenes aparecidos en la costa.
Por ejemplo, la Estación Hidrobiológica de Quequén conserva un calco de un gigantesco pez luna aparecido en nuestra región en la década de 1920. Este pez, también conocido como Mola mola tiene un peso promedio de 1.000 kilos y es habitual que alcancen más de tres metros de longitud y superen las dos toneladas. No es extraño que cada tanto los pescadores extraigan alguno de estos peces. También se puede ver en las paredes de la Estación una raya capturada por pescadores locales en 1938.
La misma existencia de la Estación Hidrobiológica tiene que ver con la cercanía que la comunidad de Necochea y Quequén siempre ha tenido con el mar y su relación con la fauna marina.
Esta característica fue el motivo por el cual el Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia” eligió Quequén para instalar una estación para desarrollar investigaciones sobre un amplio sector del Mar Argentino.
En 1937 el director del museo, Martín Doello-Jurado dispuso la habilitación de tres salas mayores de la Estación para la exhibición al público de fauna regional, principalmente marina. En 1959 el destacado profesor Enrique Balech se convirtió en director de la estación.
Ballenas en Quequén
Este título puede recordar al nombre del espectáculo de un conocido grupo de titiriteros quequenenses, pero la relación de la desembocadura del río con las ballenas no es algo nuevo, aunque en los últimos años parece haber crecido el número de cetáceos que visita la zona.
El pasado 21 de octubre, consultada por Ecos Diarios a raíz de la aparición de la ballena en la zona de “El Caño”, la doctora Gisela Giardino, señaló que uno de los motivos que lleva a que haya más avistajes en los últimos años es que “la población de ballenas francas australes está aumentando lentamente porque ha disminuido la caza y porque ahora pueden abarcar nuevos lugares”.
Esto, indicó la especialista del Laboratorio de Biología, Ecología y Conservación de Mamíferos Marinos de la Universidad Nacional de Mar del Plata, podría ser el motivo por el que “también aparecen más muertos en las costas”.
Pero el fenómeno no es nuevo e incluso siempre ha provocado fascinación y hasta un “negoción”, como indica un artículo del archivo de Ecos Diarios en referencia a la aparición de una ballena en Quequén el 17 de enero de 1936.
Los restos fueron encontrados por un grupo de niños de la colonia de vacaciones que funcionaba en Quequén por aquellos años. Se trataba de un ejemplar de 15 metros de largo.
El hallazgo se produjo en los días en que el famoso Vasco de la Carretilla se encontraba en Necochea y era el centro de atracción.
Pero el vasco pasó inmediatamente a un segundo plano y algunos vieron inmediatamente que la ballena podría ser un “negoción”.
Los dueños de coches de alquiler “por precios módicos transportaban a los necochenses ávidos de ver el gran cetáceo, exánime sobre las arenas quequenenses”, señala un artículo del diario de aquella época.
Hacían un viaje tras otro, siempre “hasta el tope” de vecinos, que quedaban allí a la espera del regreso, mientras que los conductores retornaban a “todo tren” para buscar nuevos clientes.
La ballena había sido encontrada cerca de los restos del buque encallado Monte Pasubio, que era un lugar de visita de personas que querían fotografiarse con el barco de fondo.
Así que junto a los propietarios de coches de alquiler, los fotógrafos también hicieron su negocio con la ballena.
El incidente tuvo tal repercusión que el diario El Argentino, de La Plata, publicó un artículo en el que señaló que “el Monte Pasubio y la ballena habían despertado tal interés en Necochea y Quequén que habría que pensar si no fue un golpe publicitario para promocionar los balnearios”.
El 11 de febrero de 1936 Ecos Diarios informó que la ballena sería exhibida en la Estación Hidrobiológica. Esto ocurría meses antes de que Doello-Jurado anunciara la apertura de las tres salas de exhibición.
Ejemplares asombrosos
En 1977, en un artículo que anunciaba la construcción del nuevo edificio de la Estación Hidrobiológica (algo que nunca se concretó), el profesor Balech se lamentaba de la falta de recursos de la institución para investigar.
“Antes llegaba a la banquina para ver llegar las barcas de pesca y observar ejemplares que nos permitan conocer algo más de nuestro mar y sus habitantes”, señaló el destacado científico.
“A veces se captura alguno digno de conservar, pero no tenemos los medios para llegar y menos para transportar el ejemplar a la estación”, lamentó.
No obstante, con el paso del tiempo, surgieron entidades y agrupaciones que se empeñaron en conservar los especímenes aparecidos sin vida en nuestras costas y prepararlos para su exhibición.
En noviembre de 1997, un lobo marino fue sometido a un proceso de taxidermia por el especialista Jorge Nosei y dispuesto para su exhibición en el Museo de Ciencias Naturales del Parque Miguel Lillo.
En octubre de 1998 la Asociación Civil Lihue comenzó con la preparación del calco de un Mola mola que apareció en las playas locales meses antes, también con el objetivo de exponerlo en el museo.
Años más tarde, el 3 de septiembre de 2002 apareció en Quequén lo que en un principio parecía ser un delfín. Poco después especialistas determinaron que en realidad era una ballena Picuda de Héctor, de 3,84 metros.
“Cuando vimos el animal supimos a qué familia pertenecía, pero no sabíamos qué especie era, para poder determinarlo junto a otros colegas realizamos estudios de dos genes extraídos de una muestra de piel”, dijo el director ejecutivo de la Estación Hidrobiológica, Luis Capozzo.
Este investigador del Museo Bernardino Rivadavia, que años más tarde sería protagonista de varias series de divulgación científica de la Televisión Pública, explicó entonces que se trataba de una especie que se alimenta de peces y calamares a más de 900 metros de profundidad y nunca se acerca a la costa. “A través de este ejemplar pudimos acceder a un montón de información, que ya ha sido incluida en publicaciones científicas especializadas”, indicó.
Años más tarde, en mayo de 2006, apareció en cercanías de Punta Florida un ejemplar de ballena Tonina Overa, de 1,20 metros de largo.
El animal fue hallado por Ricardo Doumecq Milieu, a unos 15 kilómetros de la ciudad.
Mientras que en octubre de 2008, un grupo de niños, ayudados por sus padres, desenterraron de la arena los restos de una gigantesca ballena franca austral. El hallazgo se realizó fuera del distrito de Necochea, a unos 96 kilómetros de la ciudad, pero fue donada a la Prefectura Naval Argentina.
Interacción
Como en cualquier ciudad costera, la aparición de ejemplares de la fauna marina muertos es habitual. Pero no por ello la gente ha perdido la capacidad de asombrarse con los hallazgos que se producen cada tanto.
En abril de 2018 en Costa Bonita fue encontrado un tiburón de dos metros. El hallazgo se produjo días después de que una ballena falleciera tras encallar en Mar del Plata, en la playa de Punta Mogotes.
En abril pasado, en Arenas Verdes se encontró un raro ejemplar de zifio de Cuvier, una especie de ballena picuda muy poco conocida. A pesar de que la cuarentena demoró el registro, se pudo hacer a partir del trabajo conjunto del grupo Fauna Marina NecoQuen, la dirección de Defensa Civil de Necochea, la Delegación Municipalidad de Lobería en Arenas Verdes, Fundación Mar del Plata Aquarium, el Grupo de Mamíferos Marinos de la Universidad Nacional de Mar del Plata y la Estancia Las Moras. Se trataba de un macho de 6,75 metros de longitud, presentando la típica coloración clara de la cabeza, numerosas marcas alargadas y claras en el cuerpo y un par de dientes presentes en la punta de la mandíbula, característica de ejemplares adultos.
El varamiento fue reportado a las autoridades del Organismo Provincial para el Desarrollo Sostenible (OPDS) y los datos obtenidos pasaron a engrosar la base de datos de varamientos de la Red de Rescate de Fauna Marina provincial.///