Festejos austeros
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Con buen tino, y en consonancia con la grave situación por la que atraviesan las finanzas de la Municipalidad, el Ejecutivo ha decidido realizar en un marco de austeridad dos celebraciones clásicas a esta altura del año: la apertura oficial de la temporada de verano y el Festival Infantil.
Está claro que en la actual coyuntura debe privilegiarse el pago de los salarios atrasados y el sostenimiento de la atención sanitaria, que se hallan al frente de otras carencias, por lo cual hacer erogaciones importantes en fiestas resulta cuanto menos desubicado e irrespetuoso.
Seguramente la mayor parte de la comunidad avalará o entenderá la decisión del gobierno municipal en esta instancia. Aunque también es probable que en el inconsciente de varios se la compare con los festejos que se llevaran a cabo en la gestión anterior, obviamente con costos altos y a veces también en contramano o postergando el cumplimiento de otros compromisos de la administración municipal.
Fuera de esa cuestión, en el caso del Festival Infantil se hace imperioso definir qué perfil debe darse a un evento que indudablemente necesita “aggionarse” para seguir con vida. Y ese cambio va más allá de la inversión económica que demanda este evento anual.
Está más que claro que con el correr del historial del Festival, nacido en los comienzos de la década del 60, los intereses y expectativas de sus principales destinatarios: los niños, han variado sustancialmente.
Y también han cambiado las costumbres y realidad de una sociedad que en su momento, por ejemplo, tomaba activa labor en el armado de las carrozas para los desfiles inaugurales y que hoy debe multiplicarse en sus obligaciones personales. Una apertura, dichos desfiles, que ya ha quedado de lado por su costo económico y laboral, y porque no despierta el interés de los chicos de hoy, más que influenciados y atraídos por las herramientas tecnológicas.
Es éste un desafío para quienes están a cargo desde hace pocos días del área de Cultura, que ya han pasado por la gestión municipal y que deberán abrir el abanico hacia otros gestores culturales, e incluso a privados, de manera de ver qué hay que hacer con el Festival.
Volviendo a la determinación de montar estas dos inmediatas celebraciones en un marco de austeridad, vale considerar que los recursos públicos no suelen manejarse con conciencia y a veces hasta se utilizan con fines políticos. Es ésta una actitud que no debería ocurrir, porque los fondos no son de los gobernantes de turno, sino de los contribuyentes y por lo tanto deben ser administrados en forma responsable y cristalina.
La realidad económica actual del municipio obliga a restringir gastos que hoy parecen superfluos. Y como suele decirse que en tiempos de crisis también se aprende, esta situación debería ser el punto de partida para que se tome como norma el prolijo y honesto manejo de los fondos públicos.