Una película retrata al estudio fotográfico del jetset argentino
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2019/03/690086426_1280x720-1.jpg)
Télam: ¿Qué cuentan las fotos de Luisita?
Sol Miraglia: La conocí a Luisita hace diez años. Apenas tuve contacto con su trabajo sentí la necesidad de mostrarlo, compartirlo, que la gente descubra ése tesoro escondido. Es el único registro del teatro revista, completo, entero, es una colección entera. Las fotos de Luisa no esconden nada, todo está ahí, frente nuestro; la mirada de quien es retratado, su postura, la calidez que hay allí (delante y detrás de la cámara). Y no solo de las estrellas, también de perros y canarios que ellas fotografiaban, la mirada de un mundo sencillo, sensible y amoroso.
T: ¿Cómo vivía una mujer en esa época y ser una pieza clave entre la elite del espectáculo?
SM: A ellas (Luisa y su hermana Chela) les gustaba estar allí, fotografiando estrellas, su madre les preparaba café y arepas a José Marrone, a Moria y a cualquiera que pisara el estudio. Los artistas estaban cómodos allí porque las hermanas Escarria eran como parte de su familia. Pero desde el mundo de la fotografía no fue nada fácil, un espacio dominado por hombres donde le hicieron un vacío muy grande a Luisa. Además, ser fotógrafa del teatro revista no era bien visto.
T: ¿Qué creen que aportó la fotografía de Luisita a la fotografía actual en el espectáculo?
Hugo Manso: Desde hace un tiempo, no mucho, se ha producido una especie de nuevo orden en cuanto a la apertura en la fotografía. Hace diez años, a Sol, los popes de la foto en la argentina y muchos galeristas importantes le decían que las fotos de Luisita no le iban a importar a nadie, que el trabajo de Luisa era «grasa». Una tremenda estupidez y, sobretodo, una irresponsabilidad. Gracias a Dios, Sol no les dio ni cinco de bola y siguió adelante; esos mismos espacios ahora la llaman para mostrar el trabajo de Luisita.