Gabriel Romero, el nuevo arrepentido
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El empresario, dueño del grupo Emepa, se presentó ante el fiscal Stornelli, y ofreció ser imputado colaborador. Un directivo de su firma ya lo había hecho
Ante la Justicia, se presentó otro empresario de los acusados de ser partícipes necesario de una asociación ilícita destinada al cobro de sobornos por más de 200 millones de dólares. Se trata de Gabriel Benjamín Romero, dueño del grupo EMEPA, una de cuyas firmas es Hidrovía SA, allanada hace quince días por orden del juez Claudio Bonadio. El ejecutivo pidió ser un imputado colaborador en la causa donde se investiga al menos a 23 compañías como responsables de realizar un «sinnúmero de pagos de fondos ilegales» al gobierno kirchnerista.
El listado de empresarios que buscan convertirse en «arrepentidos» crece día a día en la investigación que inició con los cuadernos de Oscar Centeno, ex chofer de Roberto Baratta. Los manuscritos, según consignó el fiscal Carlos Stornelli, se convirtieron en una «bitácora del delito» donde se volcaron direcciones de retiro de fondos ilegales, cifras de dinero que varias empresas pagaron, nombres de ex funcionarios y empresarios que fueron parte de esta «organización delictiva».