Gerardo Christensen, un clown solidario que inculca valores
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El actor y director, de Tres Arroyos, es creador de la compañía “Colorín Colorado”
El actor y director de clown y teatro, Gerardo Christensen es el creador de la Compañía de teatro y clown “Había una vez” y desde hace un par de años impulsa la Compañía “Colorín Colorado”
Reside en la ciudad de Tres Arroyos y tiene una dilatada trayectoria en su labor como artista clown ya que es payaso desde el 2006, donde formó la Compañía Detona Dos,
En el mes de agosto cumplirá 13 años como payado.
Entre sus lauros se puede mencionar que el 9 de noviembre de 2012, junto a este grupo, ganó la primera edición del Premio Platino que se otorga en Tres Arroyos por votación de la gente a destacados artistas de la cultura de aquel partido.
En la actualidad la labor de payaso, director de teatro, no se reduce a la actuación en escenario, únicamente, sino que esta extraordinaria labor, Christensen, la capitaliza humanamente, realizando labores solidarias, conscientes, colaborativas en jardines de infantes, en hogares de abuelos, en escuelas y distintos espacios a efectos de participar no sólo para entretener y hacer reír, sino para dejar enseñanzas e invitar al público a ser protagonistas de algún propósito solidario o de concienciación hacia un objetivo superador en la vida de las personas, que incluyen valores, ética y responsabilidad.
Visitas
Junto a la compañía “Había una vez”, de la que es director, ha realizado cinco viajes a la ciudad de Buenos Aires donde realizan visitas a salas de pediatría y oncológicas de hospitales como el Gutiérrez, Español, Cosme Argerich, clínicas, Eva perón, Posadas, entre otros.
Por su parte, en Tres Arroyos creó la Payaguardia que consiste en hacer visitas cuando hay niños internados en el hospital Pirovano de su localidad.
El sábado próximo estará en nuestra ciudad donde brindará un seminario de clown y payaso de hospital.
La propuesta que brindara apunta al descubrimiento del propio clown. Fascinante aventura en la que el material de trabajo será ese «payaso» que todos, afortunadamente, llevamos dentro. El juego como motor de la desinhibición, la imaginación y la acción escénica clownesca. El cuerpo y los impulsos como ejes esenciales del camino. La poética del clown, su «verdad», su autenticidad. Su comunicación con el público. Proyección, función de la mirada. La vulnerabilidad, el propio ridículo.