“Gran Hermano” y la “autopercepción” de inseguridad
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Desde hace tiempo se postula a la videovigilancia como una herramienta para frenar el delito. Estudios realizados en países pioneros en el área indican que no existe certeza sobre su efectividad.
“Había policías y no vieron nada, las cámaras dudo que enfoquen en la zona donde estaba el auto”.
La frase pertenece a un turista que fue víctima de un robo a plena luz del día en el estacionamiento del Complejo Casino.
El hecho ocurrido esta semana se suma a una larga lista de robos registrados en la Villa Díaz Vélez.
También expone dos factores más para multiplicar la sensación de inseguridad: Había policías en el lugar y esto no impidió el robo y por otra parte, la existencia o no de cámaras de vigilancia no hubiera impedido que se produjera el delito.
Respecto a este último punto, en los últimos años desde distintos ámbitos vinculados a la seguridad se ha postulado la mayor presencia de policías en las calles y la instalación de decenas de cámaras en la vía pública como la solución para combatir la delincuencia.
Sin embargo, este verano la reiteración de hechos delictivos en los puntos con mayor presencia policial de la ciudad hace dudar sobre la efectividad de la acumulación de uniformados para prevenir los robos.
En cuanto a las cámaras de vigilancia, existen voces y posturas totalmente contrapuestas respecto a la efectividad.
Entre las posturas más extremas sobre este tema podemos encontrar, por ejemplo, el primer párrafo de un artículo publicado por las activistas mexicanas Angie Contreras y Priscilla Ruiz Guillén:
“Nos hacen creer que la tecnología nos va a salvar de la inseguridad nacional y que es un excelente antídoto para erradicar la violencia sistemática en la región. Las autoridades consideran que la tecnología nos salvará del crimen organizado, el narcotráfico, los feminicidios, la explotación infantil y cualquier otra situación que se considere como un asunto de ‘seguridad nacional’. El tecnosolucionismo solo es una propuesta de campaña política”.
Aunque la frase pueda sonar lejana y exagerada, una relectura de las noticias publicadas en la sección de policiales de los últimos años muestra el relativismo respecto a la efectividad de las cámaras de vigilancia.
Uno de los casos más recordados es el ocurrido a principios de octubre de 2021 frente a una vivienda de calle 4 entre 77 y 79. Un joven plomero salió de su casa y descubrió que su camioneta ya no estaba.
La cámara de vigilancia de una casa vecina grabó el momento en que un hombre se subió al vehículo, lo puso en marcha y se retiró del lugar. En todo el procedimiento, el delincuente tardó menos de 20 segundos.
En los últimos años la cantidad de robos que han quedado grabados en las cámaras de video se ha multiplicado a medida que más de esos aparatos se instalan en viviendas y comercios.
Sin embargo, aunque no se puede negar que muchos ladrones han sido identificados a partir de esas grabaciones, no se ha multiplicado el número de esclarecimiento de delitos de tal forma que se pueda suponer que pronto la gente va a volver a sentirse segura.
La cibervigilancia, en duda
Hace dos meses el Concejo Deliberante autorizó al Departamento Ejecutivo a realizar la “contratación del servicio integral de monitoreo mediante la recolección de imágenes de video y el análisis inteligente de las mismas basados en tecnología IP, e instalación de centro de monitoreo”.
El sistema prevé la colocación de ocho lectoras de patentes en los accesos a las ciudades de Necochea y Quequén, en el centro y en otros puntos calificados como estratégicos para el control; comenzando a configurar un complejo sistema de anillos digitales que servirá para “dar un gran salto de calidad en el combate contra la inseguridad”, según informó el propio municipio.
Sin embargo, muchos dudan que la implementación de este sistema sea efectiva para el combate de la delincuencia. Si bien las grabaciones de las cámaras del sistema de monitoreo municipal y de videocámaras privadas han sido bastante efectivas para identificar a autores de robos, han sido muy pocos los hechos que han sido frustrados por la intervención de la policía a partir de imágenes en tiempo real.
En una ponencia presentada en las VIII Jornadas de Sociología de la Universidad Nacional de La Plata en 2014 se expone el caso del país pionero en la implementación de cámaras de vigilancia: Gran Bretaña.
Según la ponencia de Vanesa Lio ( Cimecs– UNLP –Conicet), en la década de 1990 ese “país se posicionó como líder y pionero mundial con el más extendido sistema de cámaras en espacios públicos del planeta. Desde fines de la década de 1980, se instalaron más de cuatro millones de cámaras, añadiendo 500 por semana aproximadamente”
Según la expositora, “distintos estudios han mostrado que en Inglaterra se encuentra el 20 por
ciento del total de las cámaras en uso de todo el mundo y un inglés es captado por dichas cámaras, en promedio, unas 300 veces por día”.
Pero más adelante Lio señala que a pesar de su creciente expansión del uso de cámaras de vigilancia en todo el mundo, “hay evidencia limitada respecto de su efectividad como herramienta de prevención del delito”.
Y los datos que refiere para respaldar esa postura provienen precisamente de un estudio realizado por M. Gill y A. Spriggs en 2005 para el Ministerio del Interior británico.
“La mayoría de los sistemas evaluados no reducen el crimen y, en los casos en los que se verifica una reducción, ésta no se debe mayormente a los CCTV (circuito cerrado de television)”, según indica el estudio.
Sostienen que “los sistemas CCTV no hacen sentir más segura a la gente y mucho menos modifican su comportamiento”
En la misma ponencia Lio refiere a otro estudio firmado por los criminalistas Clive Norris y Mike McCahill que sostiene que “las cámaras están allí en las calles para que todos las puedan ver y al público se le recuerda constantemente de su presencia a través de (…) una noticia impactante que pueda ser dramáticamente visualizada a través del uso de las imágenes grabadas por el CCTV”.
De hecho, agrega la ponencia, “varios estudios han demostrado que estas iniciativas tienen un ciclo de vida finito y que la reducción inicial del crimen que pueden generar los CCTV suele desvanecerse si no se mantiene la publicidad sobre los mismos. En ciertos casos, incluso, se ha demostrado que las reducciones más significativas fueron detectadas luego de que las cámaras se instalaran, pero antes de que comenzaran a funcionar”.
La “autopercepción” de inseguridad
En tiempos en que la “autopercepción” parece ser la regla, es muy difícil saber qué tan efectivas puede ser cualquier medida que se tome para combatir la delincuencia y también percibir con certeza el grado de inseguridad en cada barrio de la ciudad. Y la principal razón de ello es que en Necochea no hay datos públicos sobre el delito. Menos aún hay mapas del delito.
Se puede suponer que a partir de la puesta en marcha del nuevo centro de monitoreo esto podría cambiar.
Sin embargo se debe tener en cuenta que la seguridad no es una potestad del municipio sino de la Policía y que esta se encuentra bajo la órbita del Ministerio de Seguridad bonaerense. Nada indica que esta división de poderes vaya a cambiar de un día para otro a partir de la puesta en marcha del nuevo centro de monitoreo.
Mientras tanto, ya hay voces que impulsan la conexión de cámaras de comercios y viviendas particulares al sistema de monitoreo, lo que incrementará exponencialmente el número de dispositivos y convertirán a la ciudad en una especie de estudio de Gran Hermano.
Hace dos años, tras la renuncia al Ministerio de Seguridad de la Ciudad de Buenos Aires de Diego Santilli, el gobierno porteño publicó un Mapa del Delito según el cual los robos al 2020 se encontraban en el menor nivel desde el año 2000.
De acuerdo a esos datos, delitos de motochorros bajaron un 60%, el robo de autos al 50% y el secuestro extorsivo un 90%. Aunque los datos correspondían al año de la cuarentena, desde el entorno del actual diputado nacional alentaron la posibilidad de plantear una réplica del sistema aplicado en la Ciudad en algunos municipios del Conurbano donde las cifras de delitos aumentaron sustancialmente.
Las mismas fuentes afirmaron: «No es el Centro de Monitoreo, o el anillo digital, o las diez mil cámaras o los 19.000 agentes ni la nueva formación, es todo junto para terminar con la inseguridad».
Lo que no parece tomar en cuenta la afirmación es que ese sistema puede funcionar en una ciudad de poderes centralizados como la Capital Federal, pero difícilmente podría replicarse en el interior bonaerense, donde se interponen jurisdicciones, tanto en lo político como en las fuerzas de seguridad y la Justicia.
Aquí ya el anterior gobierno municipal había apostado a la cibervigilancia para reducir el delito. Pero hay que tener en cuenta que para que el sistema funcione deben estar comprometidos otros actores (gobierno provincial, nacional, Policía y Justicia), algo que difícilmente suceda.///
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