Guardianes de la memoria
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2018/04/granata01.jpg)
La Guerra de Malvinas desde el punto de vista de los hijos de los veteranos. Ellos nacieron después del conflicto y desde chicos escucharon la historia en boca de sus padres, quienes fueron los protagonistas.
Por María Cecilia Gotta – Redacción
Son varias las películas, documentales, crónicas y textos que se han realizado acerca de la Guerra de Malvinas, pero ellos escucharon la historia en el living de sus casas, teniendo el testimonio de sus padres. Ellos, son los hijos de los veteranos, quienes nacieron después del conflicto y a medida que fueron creciendo fueron entendiendo más el tema, inclusive siendo niños era para ellos una festividad, una celebración, hasta hacerse más grandes y entender que era una conmemoración, donde lo importante era recordar y brindar homenaje a quienes lucharon por nuestro país.
Todos coinciden en la importancia de los valores, siendo fundamental el respeto por la patria, el país, destacando los símbolos patrios y el Himno Nacional. Se trata de emblemas nacionales que otros jóvenes pueden restarle importancia, pero los hijos de los veteranos lo sienten y viven de otra manera.
Antonella Lombardi, es hija de Alejandro Lombardi; Sofía y Agustina Granata son hijas de Ricardo Granata y Brenda Díaz es hija de Guillermo Díaz. Todas ellas, se mostraron dispuestas a brindar su testimonio, de contar sus vivencias familiares, de cómo crecieron con el recuerdo de Malvinas estando presente no sólo los 2 de abril, sino todos los días, sintiéndose orgullosas de sus padres, anhelando algún día viajar con ellos y conocer las islas.
La Guerra de Malvinas no sólo dejó una marca, un recuerdo imborrable en los veteranos sino en sus familias, trasmitiéndose de generación en generación.
Brenda Díaz tiene 30 años, es ama de casa, madre de dos nenas y lleva a las Malvinas en su piel. A través de un tatuaje refleja su respeto, homenaje y recuerdo de lo que fue el conflicto y lo que significa para su familia.
“Me tatué las Malvinas en mi espalda cuando tenia 18 años y muchas veces me han preguntado por qué y cuento la historia, pero el día que me lo hice recuerdo que no le dije nada a mis papás y cuando volví a casa y se lo mostré a mi papá, se emocionó hasta las lágrimas”, recordó.
Brenda además de un tatuaje, tiene una pulsera y un dije, afirmando que “me encanta que sepan que mi papá es veterano de guerra, y él ha sabido trasmitir a mi y a mis tres hermanos (Ezequiel de 35, Mauro de 26 y Lázaro de 5 años) lo que es la patria, la guerra, las Malvinas”.
La familia Díaz vivía en La Matanza, y Guillermo fue uno de los fundadores del primer Centro de Veteranos en la provincia de Buenos Aires. Brenda recordó que allá, unos días antes se empezaban a realizar actividades.
“Hacían charlas en los colegios y nosotros (con sus hermanos) los acompañábamos”, dijo y añadió que “por eso lo vivíamos como un festejo, una celebración porque acompañábamos a mi papá a todos lados, y esperábamos el 2 de abril porque íbamos de un acto a otro, pero de grande uno toma conciencia de lo que es una guerra”.
Brenda llegó con toda su familia a Necochea en 2001 y cada 2 de abril acompañan a su padre en los actos.
“Con mis hermanos más grandes somos unidos y siempre lo acompañamos, pero con el tiempo todo se va quedando en el olvido y uno espera que siendo un aniversario de número redondo se haga algún festejo especial”, comentó.
Su padre tiene una caja de recuerdos de Malvinas, como por ejemplo una bandera, una campera y cartas que había recibido en combate, de alumnos de escuelas que les mandaban notas y chocolates.
“De mi papá siempre salen anécdotas graciosas de la Guerra de Malvinas, era raro que hable de situaciones fuertes, de supervivencia; aunque cuando se junta con otros veteranos empieza a recordar. El fue voluntario y siempre dice que si volviera tiempo atrás, elegiría la misma situación, con los mismos compañeros con los que estuvo”, relató.
Brenda contó que su papá pudo volver a Malvinas, visitar su pozo de combate y fue junto a un grupo de periodistas extranjeros que iban a hacer un documental.
Ella al ser hija de un veterano, le inculca a sus hijas la historia de Malvinas, por cierto una de ellas, sabe que su abuelo estuvo en la guerra. “Para todas las fechas patrias colgamos la bandera argentina en el frente de mi casa, y es bueno que ella siendo chica vaya tomando conciencia y respeto”, relató Brenda.
Aunque se la note, a simple vista, como una persona fuerte, detrás de sus lentes, Brenda emocionada exclamó “no me voy a morir sin conocer Malvinas”.
Respeto
Aunque son chicas de edad, con 16 y 19 años, Sofía y Agustina Granata, reflexionan del tema y hablan con mucho respeto y admiración.
Sofía expresó que el 2 de abril “siempre fue una fecha importante para nosotros y para muchas personas con respecto a lo que fue el conflicto y a pesar de haber pasado 36 años debería seguir siendo importante para todos”.
En la casa de la familia Granata, Malvinas nunca fue un tema prohibido, al contrario, siempre lo hablaron en familia y a medida que ellas fueron creciendo, su padre les fue contando.
“Cuando crecimos empezamos a darnos cuenta que era algo más importante”, dijo Sofía y Agustina añadió “me acuerdo de papá cuando iba a mi colegio a dar charlas y era todo un orgullo para mi, y mis compañeros me hacían preguntas y las llevaba a casa para dárselas a mi papá”.
En la casa, hay un rincón especial, donde se pueden ver cuadros, medallas, reconocimientos por el desempeño de Ricardo Granata en Malvinas e inclusive la copia de un fusible.
Sofía y Agustina, aunque sean chicas, tienen muy presente el valor y la importancia de la familia, y lo que ello significa. “Siempre vamos a los actos y acompañamos a papá”, aseguraron.
Muchos de los veteranos cuando llegaron a la ciudad, tenían 19 años, y muy pocos estaban casados, por lo tanto el apoyo de la familia fue fundamental, de los padres y hermanos, quienes los contuvieron y no fue así en todos los casos.
Sofía apuntó “tenemos valores muy diferentes respecto a lo que es la patria, el país y ahora ves a los chicos que no cantan el Himno Nacional en los colegios y lo siento como una falta de respeto”.
Por su parte, Agustina comentó que le molesta cuando las chicas usan indumentaria con la bandera inglesa por moda, sin tener en cuenta la historia nacional. Al respecto, contó una anécdota, donde “una vez vino a mi casa una chica con un buzo que tenía la bandera inglesa y se la hice sacar, le presté ropa mía, porque para mi es una falta de respeto”.
Además señaló que “los medios de comunicación y la gente se acuerda de Malvinas para el aniversario y nada más, y sería bueno que para esta fecha se encienda la llama del monumento de avenida 59 y 56”.
Volver a nacer
“Para mi familia el 2 de abril es un día muy especial, es volver a nacer. Por lo general, siempre estoy para esa fecha en Necochea y nosotros lo acompañamos a mi papá, pero siempre tenemos en cuenta como está él, si tiene ganas de asistir a los actos o no, y después de los actos, siempre nos juntamos a comer con las familias de los demás veteranos, que son parte de mi familia”, así comenzó la charla con Antonella Lombardi, de 26 años, quien reflexionó acerca del tema.
Al igual que Sofía, Agustina y Brenda, Antonella recuerda cuando su papá iba al colegio a dar charlas y ella misma en los actos era quien leía algún texto alusivo a la fecha.
“Siendo chicos, en el aula contaba experiencias que nos llamaban la atención como por ejemplo la cantidad de pares de medias que tenía o que dormía en un pozo, pero a medida que crecimos contaba realidades más duras de la guerra”, recordó.
Sin embargo, Antonella puntualizó que después de haber pasado 10 años de la Guerra de Malvinas su papá no hablaba del tema, aunque con los años y al cumplirse los 25 años de Malvinas, cuando su papá regresó a las islas con otros excombatientes, empezó a hablar, contaba anécdotas y compartían cenas con amigos veteranos.
“Cuando volvió de Malvinas, él nos contó muchas cosas más y pudimos hablar de otra manera, pero siempre en un círculo muy íntimo, muy respetuoso. Es un tema muy delicado e íntimo y lo hace cuando realmente a la otra persona le interesa escucharlo, porque es abrirse y contar muchas intimidades”, afirmó.
Siendo más chica a Antonella le daba mucha bronca que sus compañeros del colegio no prestaran atención cuando su papá iba a dar charlas. “Ellos lo consideraban como una hora libre y no tomaban conciencia del tema, de la importancia. Soy consciente de que éramos adolescentes, pero hoy en día en cualquier grupo o ambiente donde estoy, saben que mi papá fue ex combatiente y muestran interés y respeto”.
Antonella, al igual que las otras hijas de veteranos, fue entendiendo el tema a medida que fue creciendo, de la ingenuidad de un niño paso a ser más consciente, destacando la lucha que continúan hasta el día de hoy, para que se los recuerde y valore a los veteranos.
“Papá siempre recalcó que Malvinas es más allá de la guerra y de lo que vivió, porque el había hecho un mes de colimba y no estaba para nada preparado ni física, ni psicológicamente para una guerra, y cuenta las necesidades básicas que tenían desde morirse de hambre, de frío, teniendo 17 años”, señaló.
Cuando ella tenía 17 años, fue cuando tomó otra dimensión del tema, y vio a sus compañeros varones con la misma edad de su padre y se los imaginó en ese contexto. “Ese 2 de abril fue bastante fuerte porque pensaba en mis compañeros y los comparaba con mi papá, estando en una guerra, con todas las necesidades que pasaron y el desgaste psicológico de no saber qué iba a pasar, de no estar preparados, estar ahí y sobrepasarla”, manifestó.
Para Antonella Malvinas siempre está presente, y el tema sale en conversaciones, “yo estoy muy orgullosa de mi papá, decir que estuvo en Malvinas, pero no por la guerra defendiendo el país, sino como persona que estuvo ahí y hoy está con nosotras”.
También es interesante ver lo que dejó Malvinas, la conformación de nuevas familias, la que se formó entre los veteranos.
“El lazo con los demás veteranos es muy fuerte, ellos lo tienen por lo que vivieron en Malvinas, aunque no estaban juntos, pero después llegados a Necochea se empezaron a vincular y tienen una conexión especial, y lo supieron trasmitir a las familias y yo los considero mis tíos. De hecho cada vez que voy para Necochea nos vemos y comemos todos juntos, el lazo es fundamental”.
Con respecto a las películas y documentales que abordan el tema Malvinas, Antonella opinó que “me interesa verlas para ver cómo cuentan la historia, me genera intriga, sabiendo que Malvinas está mas allá de la política y tendría que quedar fuera de todo acto político”.
En cuanto al monumento que está ubicado en Quequén, recordó que “era chica y todos los fines de semana íbamos a ver como avanzaba la obra. Es un orgullo que este en mi ciudad, es realmente muy lindo”.
En el aniversario del año pasado, Antonella se quedó impactada al ver a su abuela muy emocionada. En este sentido, recordó que “la verdad que nunca me había puesto a pensar en mis abuelos y recién ahí tome noción de las madres, de su sufrimiento, es decir, mi papá se fue de su casa para la colimba y un día se comunicó diciendo que estaba en Malvinas. No hubo preparación, ni despedidas, ni un abrazo, y si me pongo en su lugar, a pesar de que no soy madre, calculo que deber ser terrible que se lleven a tu hijo a una guerra, debe ser lo más desgarrador que te puede pasar en la vida”, relató con la voz quebrada.
Malvinas es un viaje pendiente para Antonella y Alejandro,y aseguró que “en algún momento lo vamos a hacer”.
Con sus relatos queda claro que la patria no pasa por el fútbol, por el Mundial que está próximo a realizarse. Es importante recordar con la presencia de nuestra bandera las fechas patrias y a quienes forjaron las bases de nuestro país.