Hablemos sin saber
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2017/05/f300x0-30115_30133_108.jpg)
Por María D. González – Redacción
«Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos eran silenciados rápidamente y ahora tienen el mismo derecho a hablar que un premio Nobel. Es la invasión de los idiotas”. Umberto Eco
El reciente caso de la desaparición de una menor de edad en la ciudad, que finalmente fue hallada, según se informó en casa de una amiga, a menos de 24 horas desde que había sido vista por última vez por familiares, debería dar lugar a una reflexión sobre lo sucedido durante esas horas aciagas en las redes sociales. La carita de la niña se viralizó a la velocidad de un rayo y casi no había necochense que no tuviera su sonrisa en el celular.
Aún hoy y por un tiempo que nadie está en condiciones de estimar podrán leerse la cantidad desoladora de disparates que se escribieron esa tarde-noche-mañana , más aun teniendo en cuenta de que se trataba de una nena de 12 años.
Los comentarios y opiniones de los usuarios, que en algún momento serán leídos, o tal vez ya lo fueron, por la niña, sus padres, sus amigos, compañeros de colegio, cargan en su mayoría con una gran irresponsabilidad por parte de quienes lo hicieron que priorizaron su necesidad de protagonismo sin pensar ni un minuto en el daño que podían llegar a causar.
Una buena pegunta podría ser ¿cuál es el aporte que se hace a partir de un posteo o un comentario tanto en una red social como en un mensaje de whatsapp, a quién beneficia? ¿Qué es más importante, expresar una incontinente opinión o evitarla y así cuidar la dignidad de una nena o de quien sea al que el comentario refiera?
Fuentes judiciales aseguraron que «en este caso hubo una agresiva y demencial vulneración del derecho a la intimidad de la menor. Existe un morbo muy grande que lleva a muchos a decir cualquier cosa y hasta a afirmar información falsa, a repetir como loros, incluso en los grupos de whatsapp.” Tal como el gracioso y logrado sketch denominado «Hablemos sin saber”, del programa Sin Codificar, el jueves a la noche todos eran expertos y opinaban del tema.
«Estas situaciones como otras ocurridas en nuestra ciudad donde se hablaba de secuestros que eran falsos propician estados de «psicosis” que en las redes sociales se expanden con rapidez y que no ayudan a nadie y menos a la investigación”, aseguró una funcionaria judicial vinculada con el caso de la niña.
La primer conclusión podría ser que lo que quedó en evidencia es la responsabilidad aún incumplida de generar una cultura para usar estas herramientas de manera crítica y reflexiva, especialmente de los ciudadanos .
Las redes pueden ser una buena herramienta en caso de búsqueda de personas desparecidas para transmitir la información y los datos personales de quien se intenta localizar pero hasta qué punto se cruza la barrera de la información que se pretende y se raya en el morbo?
Hoy vivimos en un «mundo pantalla” y a través de Internet se muestran cosas que de otra manera sería imposible. El mundo del ciberespacio es exhibición e inmediatez y es útil en infinidad de circunstancias, incluso para hallar gente y brindar datos a investigaciones judiciales. Pero no siempre es así, una buena pregunta que uno debería hacerse antes de publicar un comentario es qué aporta y en casos como este en particular qué suma a la investigación. Sin duda la culpa no es de la plataforma sino del uso que le dan los usuarios que muchas veces alimentan a través de ella a su ego y a sus ansias de protagonismo más que a un genuino interés de ayudar en casos como el acontecido el jueves en nuestra ciudad.
«En general somos una sociedad muy hipócrita por una lado nos conmovemos o nos hacemos los conmovidos antes situaciones dolorosas o injustas vía las redes sociales pero a la hora de solidarizarnos ante el dolor de otro o frente a la injustica o el padecimiento de alguien miramos para otro lado. A la hora de poner el cuerpo son pocos los que están dispuestos”, señalo la funcionaria judicial.
Sin duda, la Internet está jugando un papel determinante en la regulación de las costumbres de los seres humanos. En las redes sociales es el usuario quien tiene, según sus gustos, la libertad de compartir y expresar lo que desee, pero no debería olvidar el efecto que pueden producir sus contenidos.
Hoy las redes sociales son la nueva versión del chisme de vecindad: generalmente se cae en exageraciones, pero las falsas informaciones ya no quedan en la manzana del barrio sino que se expanden a toda velocidad por lugares antes impensables e inalcanzables.
No es intención de esta columna moralizar sobre qué publicar en las redes sociales, un espacio de libertad de opinión que desde luego reivindicamos, pero no estaría de más intentar ser cautos e inteligentes a la hora de publica, recibir y reenviar una información que atente contra el pudor, la moral y la imagen de una persona para no ser parte y cómplices de la morbosidad que muchas veces aparece disfrazada de genuino interés en las redes sociales.