¿Habrá debate sobre el futuro?
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» Me interesa el futuro
porque es el sitio donde
voy a pasar el resto
de mi vida». Woody Allen
Como diría Winston Churchill «el político piensa en la próxima elección, el estadista en la próxima generación» Churchill lo llevó a la práctica, perdió las elecciones del 45 luego de ganar intelectualmente la Segunda Guerra Mundial, y fue presidente años después dejando para Inglaterra una visión amplia del futuro del mundo.
Sin llegar a exigir tanto, necesitamos esa clase de dirigentes en el país y en cada lugar donde se deciden el destino de la sociedad, esos estadistas resignan lo propio por el bien colectivo, piensan más allá de lo cotidiano, mientras gobiernan el presente diseñan los próximos 20 o 30 años en la vida de los pueblos, aunque saben muy bien que no estarán en el gobierno y tal vez en vida cuando llegue ese momento, pero esos frutos del desarrollo y el mejoramiento de la calidad de vida llevarán su nombre y apellido.
No es fácil en estos tiempos conseguir ese resultado, donde todo es apresuramiento, un título en letras grandes suele valer más que un contenido, cualquier red social difunde noticias que la gente cree como verdad y las repite, momentos donde hay escaso tiempo para el pensamiento, demasiado para las nuevas tecnologías y todo parece presuroso, un maquillaje momentáneo que suele tener débiles columnas de contención.
El dirigente político habla muy poco del futuro, apenas vive el presente y lo peor, cuando los argumentos escasean y los relatos superan las evidencias, utiliza el pasado no para unir o acercar posiciones sino para agrietar la vida diaria.
En Necochea asistimos en la campaña electoral a repetitivos hechos y discusiones que desde el inicio de la democracia en 1983 ( 36 años) hemos escuchado, y lo peor, no hemos resuelto, por no poder, no querer, no saber. Nos sentimos impotentes para cambiar el estado de situación. Se estudiaron algunos cambios pero todo cayó en saco roto.
El sempiterno tema de los planes estratégicos que nunca concretamos
Nos hemos desgastado en discusiones que nunca avanzaron, privando el «ideologismo» por sobre la realidad existente y las demandas serias, nos ha faltado grandeza y compromiso para abordar los temas a resolver y las asignaturas pendientes.
A veces se mezclan la «biblia y el calefón», por decirlo en una forma clásica de nuestro acervo cultural, ergo, no se pueden lanzar planes integrales de desarrollo para treinta años por delante con una mezcla de opiniones de todo tipo terminando como los constructores de la “Torre de Babel”. Conclusión, terminan cansados e impotentes en una lucha fratricida entre el sí y el no. Hay que marchar a la resolución de los temas, a diseñar los próximos 30 años de la ciudad, hacer aquello que no comenzamos con la reinstauración de la democracia, «ir a las cosas definitivamente, y cuando decimos «ir a las cosas» son aquellas que siempre debatimos y dejamos en la nada.
Quien lo haga sin dudas pasará al bronce y lejos de decir que pagará costos políticos, por no hacer lo que hay que hacer la mayoría de los intendentes terminaron pagando ese costo político, mereciendo sólo dos líneas cuando se escriba la historia de estas últimas tres décadas.
¿Nos animamos en serio a los grandes cambios para una Necochea mejor en veinte años?
Cuando las personas están decididas alcanzan lo que sea, por más obstáculos que encuentren, este debe ser el sentir de la dirigencia, dejarse de dar vuelta en calesita y encarar con resolución lo que hace falta para crecer, convertir los problemas en soluciones y acciones concretas por sobre los obstáculos que presentan los que quieren que nada cambie.
Necochea necesita una universidad, al estilo Tandil, una de las grandes ventajas que nos lleva la ciudad serrana, la formación educativa es clave, para que futuros dirigentes se formen en el distrito, se queden a vivir, armen sus familias, nos doten del vigor del joven y la calidad intelectual a nutrirnos, además de un detalle nada menor, el dinero circulante que se pierde y parte cada mes a los lugares de estudios de nuestros hijos, nietos o a quien ayudemos, que solamente nos damos cuenta cuando las hacemos sobre un papel, a un promedio de $ 20.000 mensuales, como bajo promedio que supone un estudiante, con el esfuerzo de quienes aportan.
Otro futuro a resolver es el parque «Miguel Lillo», sin vueltas ni acomodar el discurso del «ni» para quedar bien con Dios y con el diablo. Si queremos seguir fracasando repitamos lo que venimos haciendo desde hace 70 años, desde aquella oportunidades de los años 50, luego en los 60, más tarde en los 70, y podríamos seguir añadiendo en la hoja de ruta, resultado final, fracaso e indolencia y falta de resolución, algo que nos persigue al presente, mientras el debate sigue siendo ganado por las minorías de «esto no se toca, de esto no se habla, el parque es intocable». Pero a su vez está lleno de concesiones y permisos precarios de todo tipo. Una incongruencia desde cualquier punto de vista.
¿Alguien tendrá lo que hay que tener acompañando a la sociedad en los nuevos tiempos? será el intendente en su reelección o quienes vienen por Cambiemos, lo importante es hacerlo, sin entrar en detenimientos por exacerbados ecologistas que suelen cuidar lo que todos nosotros cuidamos, el medio ambiente, pero lo hacen de tal manera que imposibilitan el desarrollo y crecimiento. Con la presencia del capital privado, con control estatal, como ocurre en otros parques del mundo.
Llegó la hora de las decisiones irrevocables definiendo la reforma estatal, seria y responsable, adaptándola a los nuevos tiempos, pensando en la idea de tercerizar servicios, no reemplazar a aquellos que se jubilan, diseñar una nueva forma de cobro de las tasas, acortar la planta política dejando lo estrictamente necesario, perfeccionar los empleados en sus diversas áreas con premios y castigos, como en cualquier empresa existente. Por suerte tenemos un material humanos muy importantes en el Estado municipal, este es el basamento para los cambios que motiven más a esos empleados y le den al municipio una mejor dinámica.
No podemos pasar el año 2020 para resolver tres situaciones: el edificio Casino, el Jardín de Rocas, lugar de seducción para inversiones y la ampliación del frente costero, para el único lugar donde puede y debe crecer la ciudad, de cara al oeste de nuestra geografía y mirando el mar.
Apuntar al futuro es diseñar un auténtico parque industrial y abrirle las puertas a aquellos que quieran desembarcar en el distrito, para eso necesitamos sin pérdida de tiempo allanarle caminos a sus inversiones, no puede un empresario o quien llegue con ansías de invertir tener que desarrollar un periplo de oficinas buscando su destino, debemos proporcionarle todo rápidamente. El futuro es planificar (esto no puede hacerse por decreto) para que en 20 o 30 años podamos incrementar nuestra población, hoy Necochea necesita mayor número de habitantes para el consumo diario e incremento del circulante de dinero.
Hay que romper la cadena de la negatividad y el «no se puede», que muchas veces termina atrapando a los propios intendentes llenos de buenas intenciones, porque “sí se puede”. Por eso se requiere no sólo la convicción del intendente de turno sino el acompañamiento de todos los actores de la sociedad, la fuerza de ellos, las voces más fuertes que puedan dotarle a estos cambios hará que sean inevitables, evitando que gritos y movilizaciones menores detengan el avance que necesitamos.
Todos tenemos el derecho de juzgar el pasado, pero es más importante construir el futuro, no convertirnos solamente en habitantes del presente. Es de esperar que todos los precandidatos a intendente debatan sobre lo que debe venir, algo que parece ausente, al menos antes de las Paso.