¿Habrá dos sin tres?
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«Una cosa es continuar
la historia y
otra repetirla»
Jacinto Benavente.
Paulo Coelho, escritor brasileño, manifiesta en su libro «El Alquimista» que todo lo que sucede una vez puede ser que no suceda nunca más, pero lo que suceda dos veces sucederá una tercera. Este juego de palabras nos puede direccionar al presente del ex complejo casino.
El 18 de octubre de 2020 escribíamos en estas columnas bajo el título «Un avance de la Necochea del sí» cuando el Concejo Deliberante con el voto de 16 ediles sobre 20 se manifestó a favor de la venta de tierras y del deteriorado edificio añadiendo la continuidad a toda esta inversión el ex balnearío del Automóvil Club, un momento importante y positivo, abriendo paso a la seducción de capitales privados.
Tal vez haya sido en años, esa reunión, la de mayor importancia en cuanto a una decisión política emanada del Concejo Deliberante que trascendió con creces lo que habitualmente trata ese cuerpo. Lo aprobado en el recinto constituyó la vital herramienta, que cerraba un ciclo demasiado prolongado de obtusas posiciones y abría la puerta para una de esas realizaciones, pilar para la “Nueva Necochea”.
El Ejecutivo dispuso que la tasación estuviera a cargo de una comisión de profesionales de los centros de Ingeniería y de Martilleros que tuvieron en cuenta diversos aspectos para llegar al supuesto y estimado valor de mercado. La cifra para el llamado a licitación de la venta quedó consensuada en 9.000.000 millones de dólares, un monto considerable para cualquier futuro inversor tanto en Necochea como en Miami.
Entusiasmado el intendente Rojas y su equipo prepararon un pliego de bases y condiciones como para quedar bien con Dios y con el diablo, sabiendo que el tema es sensible para un grupo de personas nostálgicas y defensoras de lo que consideran patrimonio histórico. Enredado en esa tela araña de pensamientos el pliego hizo reserva de la titularidad del auditórium para la Municipalidad, teniendo previsto su restauración luego del incendio de julio de 2020, con el dinero que se obtendría del resto de la venta. Además contemplaba que ciertos pagos del total, se materializaran en obra pública.
Días antes de la apertura de ofertas, una sola empresa había adquirido el pliego de bases y condiciones en $ 200.000, valor fijado para su compra. El 9 de diciembre en el salón de actos se procedió a la apertura de la única carpeta interesada en la compra, la firma “Casinos Victoria S.A.” que aceptaba pagar por el edificio, tierras y el viejo balneario que fuera del Automóvil Club Argentino los nueve millones de dólares y fracción.
Inmediatamente se producía la evaluación de la mesa técnica-económica y luego se disponía el llamado a una conferencia de prensa para las 18. Ante la sorpresa de los convocados, para esa hora, el secretario Legal y Técnico, Ernesto Povilaitis, y el entonces titular de Obras y Servicios Públicos, Ricardo Carreras, comunicaban que se rechaza la única oferta presentada, aduciendo que la empresa pretendía obtener el título de propiedad antes de lo previsto, condicionando lo determinado en el pliego de bases y condiciones. Por tal razón, se determinaba volver a llamar a licitación con las mismas condiciones aprobadas en su oportunidad.
La empresa se había comprometido a pagar un total de nueve millones cincuenta ocho mil seiscientos cuarenta y tres dólares (cifra cercana a los mil millones de pesos en aquel momento), siendo la primera entrega de 1.800.000 del billete verde y el abono de cuatro cuotas más de pago con dinero líquido, contante y sonante y la realización de obras; el proyecto incluía además la reconstrucción también del ex balneario ACA
De la euforia a la depresión
No está preciso qué pasó entre la apertura del sobre y el anuncio del rechazo porque cuando de negociación se trata, siempre hay instancias que se pueden superar. Sólo se adujo que “Casinos Victoria” introdujo una clausula pretendiendo el traspaso del dominio cuando en realidad sólo quería que se le asegurase a futuro la titularidad del bien adquirido, compromiso que el Municipio no pudo firmar porque el predio en sí, no estaba a su nombre, trámite que quedó inconcluso cuando sí, en el año 1994, pasó a nombre de la Municipalidad la totalidad del parque Miguel Lillo. Hoy ese trámite ha quedado solucionado, en relación al Lote Mar 4 donde se levanta el edificio.
En esa misma reunión, ante el periodismo, se anticipó un nuevo llamado a licitación con las mismas bases y condiciones que, luego de casi 14 meses, recién ahora será para el 22 de febrero.
Con los antecedentes que se conocían sobre la intención de la venta del ex complejo y su fracaso, igual se armó un pliego de bases y condiciones encorsetado, amañado a cuestiones políticas y decisiones pusilánimes, como dejar en manos de la Municipalidad el auditórium y lo que es peor el desconocimiento de la normativa vigente para el uso del suelo en el sector. Condicionando que debía hacer con lo suyo el nuevo propietario.
En ese momento hablábamos desde este espacio que se habían dejado escapar nueve millones de dólares, en la discusión por la titularidad el inmueble que pretendía «Casino Victoria S.A» al hacer efectivo el segundo pago, mientras el pliego establecía que recién la obtendría cuando se abonara el monto total y el edificio reconstruido.
El segundo llamado puede ser otra historia repetida
De algo estamos convencidos todos los habitantes del distrito que este edificio no va más, sin rodeos, tiene ya extendido su certificado de defunción, en esta larga agonía que todavía puede tener varios pasos más.
Seguirán las inútiles recorridas de funcionarios y concejales, entre grafitis, vidrios rotos y basura en general, de ser así, no se sabe para qué, hasta que se les caiga un pedazo de mampostería sobre la cabeza y no vuelvan a pisar más la abandonada estructura.
Hay una realidad, que suele ser dura y no hay que negarla el edificio no le interesa a nadie, no porque nuestra zona no sea de condimentos importantes sino porque está sobrevaluado y el pliego condiciona sobre qué se puede hacer.
Fuimos tajantes desde estas páginas el 26 de enero de 2020, cuando todavía todo era incierto y eran mayores las irresoluciones más profundas, dijimos sin fingimiento que había que demoler el ex complejo casino; unir esos lotes a la continuidad del Jardín de Rocas, abrir toda la zona para el desarrollo, inclusive haciendo valuaciones de operaciones inmobiliarias menores en la zona y sus valores, era ponerle un capítulo final a la noche interminable de una pesadilla pero a ojos abiertos.
De fracasar este segundo llamado, solo un milagro podría revertir esto, el Ejecutivo debería lograr una nueva aprobación del Concejo para modificar las condiciones de venta. Va de suyo que Rojas sabe que este paso hay que darlo para cumplir un trámite.
Una nueva ordenanza lisa y llanamente debe disponer la venta de las tierras y que el comprador con la titularidad del dominio en mano, respete la resultante de un plan urbanístico previsto a partir de la calle 91 hacía el Jardín de Rocas teniéndose en ese proyecto la venta de la tierra en diferentes parcelas.
Olvidándose de los 9.000.000 de dólares y poner un precio razonable de base para que la venta sea en subasta pública. El mercado es el mejor tasador. Si no se vende hoy se venderá mañana. Recordemos que manzanas enteras, hace ya muchos años, de la 79 hacia el puerto fueron vendidas en subasta pública por parte de la Provincia, que hasta ese entonces tenía la titularidad.
Hay que poner manos a la obra ya, porque la temporada que viene nos encontrará con el adefesio en pie.///