Hace 30 años se incendiaba el aeródromo
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Las autoridades gestionaron la reconstrucción de sus instalaciones, pero hoy no hay vuelos
Los incendios han desvastado numerosas instalaciones en nuestro medio, y el aeródromo local, fue uno más de la lista, hace 30 años, quedando reducido a escombros y cenizas. Aunque las autoridades gestionaron la reconstrucción de sus instalaciones, hoy no hay vuelos en nuestra ciudad, siendo todavía una materia pendiente.
Actualmente los concejales analizarán la propuesta en comisión, correspondiente a la empresa Flight South S.A con sede en Mar del Plata, con el objetivo de brindar en nuestra ciudad el servicio de taxi aéreo, además de un curso de piloto comercial.
Un taxi aéreo es de capacidad reducida, que cuenta con 4 o 6 plazas, para realizar vuelos de ida y vuelta, a cortas distancias como puede ser La Plata, Buenos Aires, Mar del Plata o cualquier otro lugar que tenga aeropuerto.
En este sentido, el municipio apuesta a fomentar la actividad aeronáutica en la ciudad pero todavía no hay nada en concreto.
A propósito, el año pasado la ruta aérea la ganó la empresa Avianca, pero manifestó que no tiene estructura para brindar el servicio. En tanto, la empresa Lasa es la que está interesada en recuperar esa ruta, y ya se han realizado reuniones con autoridades municipales, pero todavía está en tratativas.
Incendio
Justamente mientras se discuten nuevas formas para reactivar este sector, se cumplen 30 años del incendio que destruyó prácticamente la totalidad de las instalaciones del aeródromo local, destinada a la recepción de pasajeros, sala de espera, confitería y oficinas de la empresa Lapa sobre la ruta 86 a unos 12 kilómetros del centro de nuestra ciudad.
Aproximadamente a las 20.30, una dotación de bomberos se apostó en el aeródromo, como lo hacia habitualmente, para cubrir el servicio ante cualquier eventualidad cuando arribaban los vuelos regulares de la empresa aérea Lapa.
En esas circunstancias un bombero y el encargado de la aerostación, observaron que desde el techo de tejas de la nueva construcción, destinada a recepción de pasajeros emanaba una columna de humo.
Dadas las características del siniestro el servidor público y el encargado obligaron a retirarse de las instalaciones a la veintena de personas que esperaban en el lugar el arribo de uno de los aviones de línea regular.
El fuego comenzó a propagarse con gran rapidez por el resto de la edificación, ante los elementos de fácil combustión con que estaba revestido el lugar.
El fuego hizo rápido presa de todas las instalaciones y prácticamente devoró la construcción en pocos minutos.
Luego llegaron tres dotaciones de bomberos de Necochea, Quequén y La Dulce.
Aunque no se conocía con certeza la posible causa, de cómo se inició el fuego entre el cielorraso y el techo, se especulaba que se debía al recalentamiento de las maderas por la calefacción.
Cabe señalar que el sistema de calefacción que funcionaba a gas iol, era reciente y de acuerdo a las estimaciones del propio intendente Vidal, una parte de la partida del presupuesto fue destinada a la instalación de las calderas y calefacción.
Como si esto fuera poco, luego de concluidas las tareas de apagar los pequeños focos ígneos y a cuarenta minutos de ser abandonado el lugar, se desató un segundo incendio, que inmediatamente incineró lo que había quedado de las instalaciones.
Horacio Alfredo Vidal, intendente de la ciudad por aquel año había expresado “se agotarán todas las instancias para la reconstrucción del aeródromo” y así fue, pero actualmente poco se aprovechan las instalaciones, quedando una ruta de transporte aérea inconclusa.
Magnitud
La magnitud del siniestro que terminó con las instalaciones de la aeroestación local que fuera inaugurada en abril de 1978, llevaba a recordar otros incendios que fueron trascendencia en nuestra ciudad, como el ocurrido en la planta cerealera que la FACA poseía en Puerto Quequén, cuyo siniestro ocurrió a poco tiempo de ser inaugurada.
Los más memoriosos aún recordaban el terrible incendio ocurrido a mediados de 1968, en la pinturería Elías, que estaba ubicada donde entonces funcionaba el club Huracán, sobre la calle 61 entre 64 y 66.
El 14 de abril de 1972, el quisco Peralta, junto al club Rivadavia, resultó totalmente incinerado por las llamas que no dieron tiempo al propietario a abandonar el local. Este siniestro se convirtió, quizás, en uno de los más graves de esa década.
Sin embargo, existieron otros de considerable magnitud, como por ejemplo, el ocurrido en la Librería El Arca, en 61 Nº 2878, el 6 de septiembre de 1976; Casa Prieto, en Quequén, el 1º de septiembre de 1983, y el hangaar de Santiago Otero, cuando se incendiaron tres avionetas y explotaron varios tambores de combustibles.
Por último, en el sector portuario, el 30 de mayo de 1985, también era recordado como el fuego destruyó casi en su totalidad la Ferretería Naval Florida, propiedad de Alonso Hnos.