Hace 70 años comenzó el ocaso de un sueño
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Entre 1949 y 1955 la principal industria necochense de principios del Siglo XX pasó del esplendor a la ruina
Entre 1949 y 1955, las decisiones del gobierno nacional en torno a la exportación de granos, puso en jaque a una industria local que en cinco décadas se había convertido en un símbolo del progreso: el molino harinero de la avenida 59.
El emblemático edificio, que aún se mantiene en pie, pero en ruinas, comenzó a construirse en 1884.
El gran molino a “vapor de cilindro” contribuyó notablemente al desarrollo de la agricultura de la zona, dado que absorbía gran parte de la producción agraria regional.
El establecimiento fue fundado por la vieja Sociedad de Fomento y giraba con el nombre de Sociedad Anónima Molino Quequén, con un capital social de 300.000 pesos moneda nacional; luego fue vendido a los señores Morixe para posteriormente ser adquirido por la compañía Molinos Harineros y Elevadores de Granos Río de la Plata SA, que lo explotó durante muchos años.
Motor de la economía
Para comprender cómo se complementaban, en este caso el campo y la industria, vale mencionar que en el año 1884 se habían cosechado 300 fanegas de trigo, y dos años más tarde la recolección había sido de 18.000 fanegas.
Todo lo cosechado era consumido por el molino, que elaboraba sus productos y subproductos y los comercializaba en la zona, además de exportarlos. Esta industrialización masiva de granos promovió la siembra y unos pocos años más tarde se alcanzaron las 30.000 fanegas de cereal.
En los primeros años de la década del 30, siendo propiedad de Molino Harineros Río de la Plata, la actividad en el predio ubicado en la avenida 59 entre calles 16 y 18, generaba mucho movimiento y animación a la zona.
La calidad de los productos gozaba de aceptación, anualmente elaboraba entre 18.000 y 22.000 mil toneladas de harina triple cero, doble cero, cero, especial, afrecho y afrechillo, utilizando materia prima de nuestro partido, Lobería, Balcarce y Mar del Plata.
Se lo consideraba un molino modelo, tanto por el estilo edilicio como por las comodidades de sus dependencias.
Poderosos equipos
Su sala de máquinas y demás enseres destinados a la molienda, estaba integrada por equipos mecánicos considerados poderosos como modernos para la época.
El edificio contaba con grandes silos para el acopio de cereales y otro sector estaba destinado al personal del establecimiento, que aparte de jefes y empleados de escritorio, estaba conformado por alrededor de cincuenta operarios.
El ocaso
En los primeros días de marzo de 1949 trascendió la noticia del masivo despido de empleados del Molino Quequén y unos días después fue confirmada la clausura de la planta.
La decisión provenía de la gerencia general de molinos Río de la Plata SA y la merma en la producción estaba ocasionada por las medidas del gobierno nacional sobre la exportación de granos.
De ese modo la planta se tornó antieconómica, puesto que los gastos de mano de obra eran enormes y había numerosos molinos sólo para abastecer el mercado interno.
Se perdía una fuente de trabajo muy valiosa, con casi 50 años de pujante vida comercial, que desde entonces inactiva durante muchos años. Hubo gestiones para adquirir el molino y explotarlo en forma de cooperativa, con ayuda financiera del gobierno para estimular a los agricultores y planificadores de la zona, mientras que aguardaba que cambiara la situación de la industria harinera y se reabriera la exportación.
Esperanzas diluidas
Todas las esperanzas se diluyeron cuando a fines de julio de 1955 se comenzó a desmantelar la planta baja del edificio, que desde hacía bastante tiempo sólo se utilizaba como depósito.
Las máquinas embolsadoras y de transmisión de fuerza motriz serían llevadas a otros molinos de Buenos Aires y Tres Arroyos, las que si quedaban eran las máquinas de primera limpieza del cereal.
Esta obra fue un aliento al progreso y constituyó un promisorio y significativo esfuerzo, y la Sociedad Anónima Molino Quequén, en 1908, concretó una de una de sus iniciativas: la instalación de la primera compañía de electricidad, lo que permitió abandonar el vapor en el proceso de industrialización.
La puesta en marcha del servicio eléctrico representó un gran adelanto para la industria local y en poco tiempo el primer motor Torsi, de 150 hp., resultó insuficiente para atender el creciente número de usuarios.
El servicio eléctrico siguió creciendo y lo sigue haciendo, pero lamentablemente del Molino Quequén sólo queda apenas una parte de la estructura en pie.
El edificio del Molino Quequén, en julio de 2006 fue adquirido en un remate por el Centro de Acopiadores de Cereales Zona Puerto Quequén, que oportunamente había presentado un interesante proyecto, conservando la fachada histórica, pero todo continúa igual y ya la fachada histórica está prácticamente convertida en ruinas.///