Hacer o no hacer, esa es la cuestión
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La cuestión es un asunto que siempre parece estar en discusión, asignatura pendiente, algo que debe resolverse. En Necochea estamos llenos de cuestiones por resolverse, especialmente en las decisiones políticas, cuando por mucho tiempo se sabe lo que se tiene que hacer y no se hace, lo que supone retroceder cada día o estar detenidos en el tiempo.
Lo peor no es equivocarse, porque la equivocación es factible de enmendar, lo peor es no hacer nada, convirtiendo la quietud en un acto cómplice que no beneficia a la sociedad.
No cabe aquí emplear la palabra «grieta», donde sectores antagónicos no se escuchan, algunos hacen buenos negocios de las diferencias, el fundamentalismo vive a pleno, en el medio la inmensa ciudadanía que transita otros senderos, a veces con ideologías definidas otras veces independientemente del partidismo, los llamados «patria no afiliada».
El hacer o no hacer no es una grieta, más bien posturas diferenciadas, con aquellos que con mucha demagogia fácil argumentan siempre lo prioritario por sobre realizaciones, como si no se pudiese contemplar ambos.
Si fuera por el «no hacer», la ciudad no hubiese podido concretar muchas de las cosas que hoy nos enorgullecen, o al menos fueron postales de nuestro pago chico.
La eterna politiquería de escaso nivel y grandes declamaciones, ha detenido el andar de nuestro motor y paralizó a tantos intendentes que decidieron poner un freno a realizaciones para evitar conflictos.
Es lo peor que han hecho esas administraciones, el petrificarse dejando pasar el tiempo, convertidos en meros pagadores de sueldos y mantenedores conservadores de lo que recibieron, sin intentar avanzar, cambiar y desarrollar creatividades, sin comprender que siempre es preferible la discusión en la sociedad antes que el silencio, esquivando a la crítica sin decir nada, sin hacer nada.
Complejo Casino y Galería Central
El 20 de junio de 1963, conjuntamente con el aniversario por el Día de la Bandera, y ante casi mil personas quedaba formalmente inaugurada la Galería Central, gestada en 1948 por las tradicionales familias de Ardanaz, Galparsoro y Lafforgue, realizada con 300.000 kilos de acero, 32.000 bolsas de cemento y 980.000 ladrillos huecos.
No fue simple llegar a erigir ese imponente edificio en pleno centro de la ciudad. Diferentes sectores de la comunidad, voces individuales y ciertos vecinos manifestaban su desagrado por hacerlo allí, aduciendo que entorpecería el crecimiento de nuestro centro, taparía el sol a muchas casas lindantes, entre otros conceptos que no son del caso analizar. Hubo decisión de hacer.
El 9 de febrero del 1973, ante cinco mil personas quedaba inaugurado el Casino de nuestro medio, sala de juego y complejo. Luego de cuatro años de trabajo, nacido en octubre de 1968 en un sector del Lote Mar 4 del parque «Miguel Lillo», al colocarse la piedra fundamental, en la esquina de Avda. 2 y 91. De ese predio se debió sacar un médano de 14 metros de altura, se trasladaron 90.000 metros cúbicos de arena, ampliando nuestro frente costero.
La discusión, que sigue al presente, más aún en el estado en que se encuentran las instalaciones, es la negatividad que siempre existió de hacerlo en ese lugar, registrando la historia a grupos ecologistas que se resistían a ver un árbol derribado para despejar el lugar, desaparición de un médano entre otros reclamos que incluso provocó alguna movilización. Hubo decisión de hacer.
Cuando la meta es importante y la decisión firme, los obstáculos se vuelven pequeños. Podemos historiar otros casos de sectores negando la posibilidad de crecimiento, desarrollo y modernidad, en esta misma columna hemos reseñado todos los proyectos sobre nuestro parque «Miguel Lillo» en las décadas del cincuenta, sesenta y otros avances en los noventa; como la apertura tibia de nuestro frente costero, que siempre desató polémicas y posiciones encontradas. Y en la actualidad un debate que no terminamos de abrir en serio para caminar a la acción del hacer.
Recordemos la oposición que tuvo la remodelación en l993 la cancha de Rivadavia, ocasión de celebrarse en Necochea una de las subsede del Panamericano de Fútbol,
Por eso, a la hora de decidir entre el hacer o no hacer no se puede dudar, hay que hacer.
El argumento de lo prioritario es una trampa
Es un argumento repetitivo el de poner delante de las realizaciones la prioridad, como si la mayoría de los habitantes no conocieran esas prioridades, es una trampa maldita tendida para evitar avanzar.
Suelen emplearla aquellos que reniegan de innovar o abrirse a nuevas ideas, esto ha sido histórico, le ha pasado a anteriores administraciones y no escapa a la actual de Facundo López. Esa manera de repetir constantemente que no se deben hacer, diferentes cosas, ante problemas barriales que existen y son muchos. Una encerrona donde es difícil salir, puesto que a nadie escapa que ante tantas falencias aparece inexorablemente la prioridad.
Nadie duda que gobernar es, entre otras cuestiones, resolver prioridades como también es real que los problemas acuciantes no se solucionan, dejando de tratar otros asuntos, la respuesta estaría dada en que todo se debe contemplar.
Cuando las críticas se realizan con buena fe y con ansias de mejoramiento sirven para todos, cuando las mismas surgen para marcar distancia pensando en una elección es un acto de mediocridad, que ahorra comentarios.
Por eso la hora actual impone vigor y decisión, la sociedad acompaña cuando ve convicciones para sortear vallas. Ese motor que decíamos al comienzo está parado. Hay que ponerlo en marcha ya.
Hora de concretar en el Concejo Deliberante
No podemos tener en el Concejo Deliberante expedientes sin resolver cuatro o cinco meses, viendo pasar la hora en el lento reloj de arena.
Un legislativo con demasiada apatía, en estado de desinterés o entusiasmo y comportamiento indiferente, cuando están en juego temas urgentes para nuestra sociedad. Si bien los veinte ediles tienen su cuota parte de responsabilidad cada uno esgrime lo suyo, el oficialismo (Frente Renovador) aduce que la oposición no resuelve y la oposición devuelve el golpe manifestando que hablan pero no bajan los temas a debatir.
Lo peor que en muchas ocasiones cuando se retienen expedientes y se tira la vida para adelante, no hay argumentos sólidos, son simples respuestas sin asidero. Y en el medio está la gente, así de simple.
Hacer, hacer y hacer
Los gobiernos no se recuerdan simplemente por las fechas que estuvieron en el poder, la cantidad de votos obtenidos para llegar al poder, los rostros de cada uno, diferentes hechos o circunstancias, en la memoria colectiva quedan las obras. Y desde 1983 a la fecha Necochea ha involucionado y al “al que le quepa el sayo que se lo ponga.”
Hacer una avenida, iluminar la ciudad, abrir un frente costero, planes de vivienda, fomentar el turismo, seducir inversiones, son temas que quedan marcados en el ciudadano que lo vincula directamente con el intendente responsable de esos logros. Como deudas pendientes se marca en forma indeleble los proyectos no concretados, las obras no terminadas, las dudas que impiden accionar, solamente los éxitos y los logros se alcanzan adaptándonos a los cambios.
Este gobierno municipal está decidido a una serie de realizaciones, que deben tener el acompañamiento político, lo que no debe hacer es dudar. La fortaleza no puede ser solamente del Intendente, tiene que hacerse carne en cada uno de sus funcionarios con una fuerza y decisión de su propio bloque de concejales, para convencer a la oposición. Si la dicotomía es hacer o no hacer, el gobernante no puede dudar, siempre deberá estar el hacer, aún en la equivocación.
En los últimos tiempos de nuestra vida política ha habido más dudas que certezas, así hemos retrocedido como distrito, sin aprovechar nuestras bondades, ese «no hacer» suele contagiar a una sociedad que necesita impulso y motivaciones.
Aún en tiempos de problemas o «tormentas» como suele decir el Presidente de los argentinos, el mayor desafío es superación y avances, esto pretendemos para Necochea, dejar de lado los agoreros permanentes y marchar con optimismo a los cambios necesarios, uno de ellos será el cultural. Sacarnos esa mochila pesada del «no se puede» o hablar de un pasado que ya fue para instalarnos en lo actual y hacer lo que debemos hacer, sin pérdida de tiempo.
El mañana es hoy, el ayer ya fue historia.