Hacer realidad los sueños y anhelar seguir creciendo
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Rocío Rosales. Es profesora de danza jazz y este año abrió su propio espacio

Rocío Belén Rosales es profesora de danza jazz y desde pequeña tuvo en claro que quería dedicarse a la docencia. La joven se recibió hace un año y el 2018 fue el que marcó un antes y un después en su vida, porque luego de hacer muchos sacrificios para terminar sus estudios, pudo abrir su instituto de danza.
Así nació Unidanza, que actualmente cuenta con un grupo de niñas cuyas edades oscilan entre los tres y diez años y que recientemente hicieron su gala de fin de año en el Teatro Municipal Luis Sandrini, llenando de orgullo a su docente por lo que demostraron en el escenario.
De la mano de las profesoras Paola Vallejos y Paola Silva comenzó a bailar a los cinco años y estuvo tomando clases con ellas hasta los nueve, luego siguió estudiando en el instituto de Mary Alfaro, “mi mamá me preguntó si quería estudiar y me interesó poder perfeccionarme y algún día poder trabajar en esto”, explicó la joven.
A pesar de tener en claro sus objetivos, a medida que crecía no entendía muy bien porqué se perdía las salidas de fin de semana porque las exigencias eran muchas.
Durante un tiempo hizo danza española y danza jazz para luego inclinarse definitivamente hacia esta última y decidirse a hacer el profesorado superior en este estilo.
Rocío recordó que “a los 15 me recibí de profesora superior elemental y después en danza jazz”, como todavía estaba cursando el secundario no se sentía preparada para tener su propio grupo de danzas y este año su madrina, Paola Vallejos la invitó a dar clases en su espacio donde también se desempeña como secretaria.
Las dudas iniciales se fueron borrando cuando vio que comenzó a formarse un interesante grupo de pequeñas, a las que decidió empezar a enseñarles de la misma forma que aprendió ella. Con sus 20 años se siente orgullosa de haber iniciado este camino y contó que “es un sueño hecho realidad porque tuve que pasar por momentos muy difíciles para poder recibirme. Pasé por diferentes etapas, mis viejos se separaron y mi mamá tuvo cáncer pero siempre fue la que me impulsó a seguir”, enfatizó Rosales.
Valorar el sacrificio
Este año fue un momento de despegue y a medida que habla, en reiteradas ocasiones menciona con orgullo a su madre, Olga Liliana, por el sacrificio que hizo para que estudiara. Ahora, puede entender que valió la pena ensayar a pesar del cansancio, “era muy chica y no comprendía porque tanto sacrificio pero mi vieja es de oro, yo la vi juntar monedita a monedita para pagarme los exámenes y hoy se lo agradezco”.
Convertida en profesora y con la responsabilidad de manejar un grupo siente que maduró y valora los viajes en bicicleta que hacía su mamá para que asistiera a clases, con frío o calor.
“Esa imagen se me quedó grabada”, destacó con orgullo Rocío que vive con alegría la experiencia de tener su grupo de danza. Tiene los grupos divididos por edades y estuvo todo el año programando cada detalle de la gala en cuyo transcurso presentaron 17 coreografías e incluso ella bailó.
Al respecto contó que “preparé todo como hacía mi profesora, todo lo aprendí de ella y traté de tener en cuenta la cuestión económica para que todas las nenas pudieran tener su vestuario y el maquillaje”.
Su objetivo es seguir perfeccionándose en todo lo que se relacione con la danza y la actividad físcia porque necesita estar actualizada, “no me puedo quedar con lo que aprendí porque todo avanza”, dijo Rocío que en 2019 piensa armar grupos para chicas más grandes y durante enero y febrero tiene previsto abrir la escuela para que las niñas aprendan a bailar jugando.