Hacia la integración social
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El taller protegido «Senderos de luz», que funciona en calle 52 Nº 3024, celebró 30 años dedicados a la integración social y laboral de personas discapacitadas.
Abrió sus puertas en abril de 1988 con 15 jóvenes que fabricaban bolsas de polietileno y sobres, pero actualmente son 40 operarios –de 21 a50 años de edad- y con una producción abundante y cada vez más variada. Producen bolsas de polietileno y de papel para los comercios de ropa y zapaterías, sobres de diversos tamaños para radiografías y ecografías, para médicos y también para estudios de abogados. Y ahora también fabrican bolsas de friselina cocidas, adaptándose a los tiempos que corren que exigen material ecológico para cuidar el medio ambiente. La producción por mes asciende a 9.000 sobres de diversas medidas y 800 bolsas de papel de distintos tamaños con impresión.
La institución es municipal, pero también recibe el aporte de la Provincia para su mantenimiento, aunque el trabajo más importante para sostener esta estructura lo hacen los empleados, el director, los docentes, supervisores y una cocinera, que no sólo guían la tarea diaria sino que brindan la contención necesaria a cada uno de los operarios para que puedan cumplir con la actividad. Además se mantiene con el apoyo de la asociación de padres, que se ocupa de administrar lo que se recauda con las ventas y lo invierte en materia prima.
En nuestra ciudad, no existen muchos espacios que brinden la posibilidad de que las personas con capacidades diferentes se incorporen al mundo laboral. En la mayoría de los casos, terminan la Escuela Especial a los 18 años o a veces a los 21, y luego quedan en sus casas sin saber qué hacer.
En este sentido, son escasos los centros de día o talleres protegidos, que trabajen con este sector de la población y los que hay, ya están completos. Todo para Ellos, por ejemplo, brinda un espacio similar para 40 operarios que producen mermeladas, por un lado, y reciclan botellas plásticas, por otro, pero que lamentablemente no tiene vacantes. En este caso, es la asociación de padres la que impulsa y mantiene el lugar, con mucho esfuerzo, porque no siempre los aportes provinciales, que también reciben, llegan en tiempo y forma.
Existe otro proyecto de un grupo de padres de armar un centro de día y quizás un taller protegido para dar respuesta a la demanda que existe, pero no es fácil poder concretarlo sin ningún apoyo oficial. No es sencillo armar una institución de este tipo, en el aspecto legal, y mucho menos mantenerla con lo que significa la contratación de docentes y especialistas en la problemática.
El poder mantener una institución por 30 años como es «Senderos de Luz» requiere del trabajo articulado de muchas personas, en el que se suman padres, docentes, especialistas, y el Estado, en este caso municipal y provincial, que también hacen su aporte.
Si bien los esfuerzos son muchos, los resultados valen la pena. Quienes asisten al taller protegido incorporan hábitos de trabajo, venden los productos que elaboran, aprenden a compartir, se divierten con sus compañeros, amplían sus vínculos y, a su vez, se avanza como sociedad en la integración social, por la que todavía queda mucho por hacer.///
(Publicado domingo 15 de abril de 2018)