¿Hay alguien que piense?
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En noviembre del 2010 el Concejo Deliberante aprobaba por unanimidad una ordenanza que determinaba pautas de ordenamiento territorial y de regulación de las actividades, usos e infraestructura que podían llevarse a cabo en las zonas costeras de nuestro Distrito.
En definitiva, la normativa impulsada por la Secretaría de Planeamiento y Medio Ambiente de municipal de entonces establecía los criterios que regirían las futuras acciones de intervención en la costa, tanto marítima como ribereña, con la visión puesta a futuro. Este llegó y la ordenanza casi ni ha sido recordada por nadie ante la casi nula oferta de proyectos de injerencia sobre la costa tanto de mar como de río.
Desde la década del 40, según pudimos constatar en el archivo de Ecos Diarios, la ciudad ya avizoraba un futuro de desarrollo turístico ( “actividad social que es ya una verdadera necesidad de orden público en el concepto de la vida moderna”, decía el diario en aquella época) y señalaba que “al Estado le corresponde realizar las obras de infraestructura necesarias para coadyuvar tal crecimiento”. Tras casi 80 años transcurridos vemos que el pensamiento de quienes nos precedieron fue atinado, la ciudad ha ido desarrollando un perfil turístico, aunque todavía con muchos asuntos pendientes.
“El desarrollo urbanístico, especialmente el residencial sobre la costanera de Quequén es una de las consecuencias de la imposibilidad de construcción de casas frente al mar en Necochea”, coinciden empresarios y operadores inmobiliarios que han decidido invertir en la bella y agreste costa de Quequén.
Hace tiempo, podríamos asegurar que desde la década del 40 pero tal vez desde antes, se viene discutiendo si plantear el desarrollo urbano o no hacia el oeste, sobre la costa, frente al mar. Esto implicaría avanzar sobre la primera cadena de médanos que hoy se interpone entre el océano y la calle.
A partir de la normativa mencionada al inicio de esta columna es imposible tal acción incluso ya en 2006 mediante el decreto 3202/06 firmado por el entonces gobernador Felipe Solá, surgido por iniciativa de distintos municipios de la costa atlántica entre ellos Necochea, se prohibió el avance sobre la primera cadena de dunas con el objetivo de “preservar las playas bonaerenses”.
Frente a este impedimento reglamentario, que no es imposible de modificar llegado el caso, nos preguntamos ¿hacia dónde entonces se desarrollará la ciudad? ¿Alguien está pensando en esto?
La coyuntura
El debate de los temas de la coyuntura tapa cuestiones de fondo que mientras no se establezcan y discutan la ciudad seguirá en un letargo solo a veces sacudido por un poco de pan y circo.
No habrá desarrollo con una gestión aturdida por la inmediatez y que sólo administre, sin horizonte, sin un proyecto local que tenga en cuenta las singularidades del distrito y planifique la ciudad de aquí a 20 años.
La realidad demuestra que las localidades que han tenido un crecimiento sostenido lo lograron gracias a liderazgos que han planeado y llevado adelante proyectos locales.
¿Cuál es el proyecto de ciudad de la actual gestión municipal? ¿Tiene el Intendente una hoja de ruta que fundamente las decisiones políticas que deberá ir tomando para sacar a la ciudad de su sopor o es un mero administrador de los recursos (cada vez más acotados pareciera) que provienen del Estado nacional y provincial y de los propios?
La opción por la ciudad, además de ser la primera iniciativa para la organización de la vida colectiva de la especie humana, aporta valores específicos dignos de ser tenidos en cuenta para mejorar la capacidad de desarrollo y para mejorar las condiciones y calidad de vida de las comunidades. La historia de la humanidad es, en muy alta medida, la historia de sus ciudades.
Hasta el momento la actual gestión municipal ha dado preponderancia, en el área de turismo, a realización o promoción de actividades recreativas, eventos deportivos y recitales de música, como anzuelo para captar turistas, fuera y dentro de la temporada.
Potenciar una cartelera de programas no está mal pero necesita estar acompañado de otras políticas que concluyan en un proyecto de ciudad a largo plazo que defina su perfil.
En la agenda de acciones de gestión que le aporten un sentido a la vida política del distrito
en el marco de esta concepción de desarrollo local es básico definir un factor clave: la opción productiva, es decir el modo de generación de renta. Claro que el turismo puede ser una opción pero como parte de un plan estratégico de ciudad y no solo pensado como una agencia de eventos. La mirada debe ser más amplia porque además no hay viabilidad posible hacia la cohesión social sin proyecto productivo y sin capacidades endógenas desde las que impulsarlo. El nivel local de gobierno tiene amplias posibilidades de liderar la construcción de esta perspectiva estratégica en cooperación con los niveles superiores de gobierno y con los actores productivos y sociales de su territorio. Pensar en el desarrollo de la ciudad es también pensar en la equidad, es sabido que la inclusión en el sistema productivo, el acceso al trabajo remunerado, por cuenta ajena o por cuenta propia, es, en sí mismo, factor clave y primordial de inclusión social.
Es entonces necesario rumiar la ciudad con perfiles que se complementen. Es urgente generar un modelo productivo a partir de las ventajas y potencialidades del distrito que pueda garantizar empleo, riqueza y capacidad de crecimiento económico a la ciudad y a sus habitantes. El puerto, el campo, el turismo, el frente costero, el parque, el río, todo puede integrarse y ser parte de un proyecto de desarrollo local a mediano y largo plazo vinculado y productivo. ¿Hay alguien pensando en esto?
Después del verano comenzará un año legislativo, es de esperar que en la agenda de temas que se supone el Ejecutivo estará preparando para este año haya alguno vinculado a este tema. Sería una grata sorpresa.
Por María D. González
Redacción