Hay que pasar el invierno
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“Hay que pasar el invierno” es, quizás, la frase que más se recuerda del político y exministro Alvaro Alsogaray. La misma fue enunciada en junio de 1959 en un discurso del por entonces encargado de la cartera económica del gobierno nacional. Y sonó como una plegaria que buscaba insuflar fuerzas a una golpeada sociedad argentina.
Han pasado casi 62 años y el enunciado de Alsogaray permanece vigente. Amargamente nos muestra que el país sigue sumergido desde hace décadas en una constante decadencia económica, culpa precisamente de los gobernantes que nos tocaron en suerte o elegimos en las urnas.
Y la frase obviamente cobra lustre en un invierno que, aún no manifiesto en el calendario, empieza a palpitarse como muy duro. Y agrega inquietud al complicado presente al que nos somete una interminable pandemia, con varias desacertadas decisiones que ha tomado en torno a ella el Gobierno.
En el plano que palpamos a diario, es decir Necochea, la situación se traduce en un semi paralizado consumo, que en primer orden impacta en el comercio, pero que también se trasunta en el crecimiento de la morosidad en el pago de tasas, impuestos o servicios. Las contantes moratorias a las que apela el municipio son reflejos de lo que acontece.
Claramente la clase media no tiene dinero, porque no le alcanzan sus ingresos ante la galopante inflación. Y el sector productivo cada vez se ve más “saqueado” por un Gobierno que no tiene otra política que el asistencialismo.
El tránsito de más de un año de pandemia ha hecho añicos los capitales y sueños de varios emprendedores, a la vez que literalmente ha dejado a mucha gente sin trabajo, que sale a rebuscárselas como pueda. Es así que las changas, ventas de garaje o baratillos conforman esas tentativas de sobrevivencia; en los últimos casos compitiendo con los comercios “en blanco”, que desde hace meses solo subsisten.
Estoicos, los comerciantes de la Villa Díaz Vélez manifestaron días atrás a Ecos Diarios su voluntad de volver a dar pelea a la adversidad que les significa la merma en el movimiento invernal en ese sector. Como ocurre desde hace tiempo, en una sociedad en la cual se desconoce el nivel de desocupación, el Estado municipal o provincial tendrán que dar mayor respuesta ante el creciente número de personas que les requerirán alimentos, ropa y abrigos. En ese sentido, las casi 23.000 bolsas mensuales de comida que hoy está entregando el Consejo Escolar a alumnos de distintos establecimientos educativos, no es más que un número de esta triste realidad de carencias. Aquí, a la vuelta de la esquina.
Mientras lo que estamos viviendo y lo que vendrá nos genera una notable inquietud y preocupación, surge un interrogante: ¿volverá el campo, por caso con la suba que ha experimentado el valor de la soja, el que otra vez saque castañas del fuego? Es muy probable que sea así. En definitiva la situación de siempre. Tan instalada como aquella frase de Alvaro Alsogaray, que muchos ya comienzan a recordar ante los meses que se acercan.///