Los jueces tienen la palabra
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Pasaron más de dos años del violento robo en la vivienda del matrimonio Depierro-Jacquier que desembocó en la muerte del empresario y dirigente rotario Guillermo Depierro (69) y el reclamo de justicia continúa firme.
Cuatro hombres y una mujer fueron juzgados y ahora son los jueces del Tribunal Criminal Nº 1 quienes tienen en sus manos la decisión final para cerrar con esta historia.
Y los magistrados tienen la presión social por lo ocurrido y analizan los pedidos de duras penas para los imputados, tras las posturas adoptadas por el particular damnificado (la familia de las víctimas) y la Fiscalía que investigó el conmovedor caso.
El debate en el Concejo Deliberante tuvo el ingrediente de la utilización del derecho “a la última palabra” por parte de cuatro de los acusados. Tres de ellos, increíblemente, se hicieron “cargo del robo” pero rechazaron abiertamente el cargo de “homicidio”.
“Nosotros no lo matamos”, coincidieron en señalar los que compusieron la banda que cometió el ilícito. Saben que afrontan las solicitudes de prisión perpetua o condenas de entre 20 y 28 años.
Por su parte, los defensores oficiales que representan legalmente a los acusados, tuvieron que esforzarse en los alegatos para llevar adelante sus planteos ante los gravosos delitos que enfrentan los cinco individuos.
Durante el juicio se expusieron las evidencias colectadas en la etapa de instrucción y resultó contundente el testimonio pormenorizado que brindó Shelly Jacquier, otra de las víctimas del fatal episodio.
“Soplones” de confianza
Los integrantes de la banda actuaron encapuchados y con guantes. Esta situación enredó a los investigadores policiales y judiciales, quienes tuvieron que acudir a “eficaces soplones” para orientar la pesquisa.
Luego se obtuvieron escuchas telefónicas de celulares secuestrados en la marcha de la investigación y los audios fueron presentados en el debate. Comprometen la situación de tres de los que están “sentados en el banquillo de los acusados”.
La esposa del empresario también reconoció un buzo de color rojo que vestía esa trágica tarde-noche del 4 de julio de 2018 uno de los individuos, quien habría sido el más tranquilo durante la emboscada.
Otros dos atacantes, “un gordito” y “el más alto” de los hombres se mostraron violentos de manera física y verbal hacia el matrimonio, pero en especial, sobre Guillermo Depierro que no pudo soportar semejante agravio.
Alguna autoridad policial manifestó en su momento que el matrimonio no había sido golpeado durante el robo de pertenencias en su casa y esa teoría quedó anulada con la declaración de Shelly Jacquier al manifestar que “nos dieron una paliza”.
Si bien los golpes no fueron letales, el propio médico forense Fabio Gabriele, quien efectuó la operación de autopsia, reconoció que atravesar un cuadro de tanto estrés produjo la descompensación del hombre que falleció en el momento en que se consumía el atraco.
En base a lo expuesto en el juicio, quedan dudas en cuanto al grado de participación que tuvo uno de los acusados, si integró la banda, actuó solamente “de campana” o, directamente, se dedicó luego a ofertar a la venta los objetos sustraídos al matrimonio Depierro.
Los investigadores policiales no pudieron conseguir aportes de cámaras de seguridad de la zona donde se perpetró el hecho, tampoco datos concretos sobre algún posible testigo que haya observado la huida del grupo.
Las “dos fuentes de confianza” (personas no identificadas) resultaron decisivas para orientar la causa y después se obtuvieron las escuchas telefónicas que complicarían la situación procesal de tres de los imputados del “homicidio en ocasión de robo”.
Y si hubo un cuarto individuo, aunque en principio se dijo que eran tres los atacantes y también lo expresó en su momento la víctima que sobrevivió, queda la incógnita acerca de quién formaba parte de la banda.
Cabe señalar que ninguno de los acusados pidió declarar en el transcurso del debate oral, aunque tendrán el derecho de hacer uso a la “última palabra” en la audiencia de mañana, tras los alegatos de las partes.
Episodio similar
El caso Depierro conmovió a la ciudadanía y hasta estimuló que a las pocas horas de la muerte del empresario, miles de personas se volcaran a la calle para exigir una vez más seguridad y que se haga justicia.
Hace algunos años, se registró otro episodio bastante similar de robo en una vivienda y en pleno desarrollo del mismo, un hombre falleció luego de luchar cuerpo a cuerpo contra uno de los delincuentes.
La referencia es para el crimen de Fernando Guzmán Barrios (56), alias “El Chileno”, quien trató de defender a su madre durante el violento atraco en el inmueble de avenida 74 entre 71 y 73, la madrugada del 3 de agosto de 2013.
La víctima peleó con uno de los encapuchados y se descompensó hasta morir a los pocos minutos, en instantes en que su progenitora logró escapar de la casa, se subió a una escalera y continuó la huida por los techos de propiedades lindantes.
La Justicia llevó a juicio oral a dos individuos, uno fue absuelto porque no había pruebas para acusarlo y, el restante, recibió una condena pero sin evidencias contundentes, según se ventiló en el debate.
Los investigadores no consiguieron reunir probanzas suficientes acerca de quién fue el individuo que llevó a la muerte a Guzmán Barrios, quien descansaba en una habitación y reaccionó cuando observó que atacaban a su madre.
Un joven, Cristian Fidalgo, fue condenado por el voto en mayoría de los jueces del Tribunal, ya que se consideró que fue quién redujo a la señora mayor en el robo de una fuerte suma de dinero y otras pertenencias.
Pero en realidad, nunca se supo quién luchó contra Guzmán Barrios y provocó que tuviera la fatal descompensación esa madrugada en la vivienda de la avenida 74. El caso fue resuelto a medias y hubo dudas acerca de las pruebas colectadas que, finalmente, sentenciaron a Fidalgo.
Crímenes impunes
Sobre la carencia en las investigaciones policiales y judiciales, vale recordar dos crímenes que también llamaron la atención de la sociedad por sus características violentas.
El conocido joyero Alfredo Rotondo Gómez (83) fue atado de pies y manos, y hasta amordazado hasta generarle la muerte en la habitación de su departamento en la avenida 75 casi 18.
Fue durante un robo perpetrado en el inmueble y la Justicia llevó a juicio a una pareja por el delito de “encubrimiento”, ya que el homicidio no pudo ser imputado a ningún individuo.
La vecina Mónica Neila (40) murió en la cama de la habitación de su casa en calle 61 entre 32 y 34, y las especulaciones sobre el móvil del hecho fueron varias: un robo, también algo pasional y hasta se habló de una especie de “ajuste de cuentas”.
Lo concreto que nunca se supo nada del o de los autores del hecho, que también sustrajeron diversas pertenencias de la víctima y la dejaron sin vida con sus prendas íntimas.
En estos casos narrados, el “mundillo de soplones” no brindó ninguna información a favor de la pesquisa y lejos quedó la posibilidad de hacer justicia por las víctimas fallecidas. ////