Historias familiares. En el Día del Niño
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Abuelos y padres vivencian sus recuerdos y disfrutan del Día del Niño a través de sus hijos y nietos
El juguete rompe con las barreras de ser un simple objeto de entretenimiento. Para el niño suele ser la llave a un mundo lleno de posibilidades y con sus propias reglas. Quizás por eso los adultos lo abandonamos cuando pierden ese valor, cuando debemos salir a un mundo donde las reglas las imponen los demás. Pero el juguete no se olvida. Es siempre un viaje de emociones a la infancia, que algunos relegan más que otros o pueden disfrutar a través de sus propios hijos o nietos.
En este Día del Niño, nos metimos por un instante en el corazón de la familia, buscando ese juguete tan querido, de ayer y hoy.
La docente jubilada María Alcira Leoz vívidamente recordó sus “muñecas, la caperucita roja de pañolenci y las rellenas con cabeza de cerámica que aún conservo”. Pero valoró más los juegos que se proponía a partir de taller de su papá: “Adoraba jugar con las cajas de los repuestos, haciendo volar la imaginación. Eso se ha ido perdiendo. Ahora trato de incentivar eso en mi nieto Felipe, que a veces con una piedra o una caja se entretiene más que con un juego más elaborado”. Y no duda con trazar una comparación. “Antes no había la cantidad de juguetes que hay ahora. Y había otra forma de aprovecharlos, estaban guardados en el ropero. Cuando iba a jugar los bajaban para estar un rato, no como ahora que vas pateando los juguetes por la casa”.
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Artesanal
Antes los juguetes tampoco surgían en exclusividad de las jugueterías. Muchos se animaban a crearlos en sus casas. “Recuerdo un auto hecho por mi papá, con un palo de escoba. Un auto de madera, similar a “La Betty”, con sus ruedas y el asiento tallado”, apuntó Alcira. Benedicto Campos era una figura excluyente del automovilismo y del deporte de nuestra ciudad en los comienzos de la década del 50. Y eso influyó en la infancia de Alcira, que no se contentó con un triciclo como otras nenas: “Tenía un auto a pedal fijo y con dirección hecho por mi papá, con la carrocería como el modelo de “La Betty” -el auto de Campos- . Corría las carreras en el estadio Necochea del Club Palermo. Había copas y medallas”, valoró Alcira.
El deporte
Los hijos de Alcira también estuvieron conectados al deporte. José María “Pepe” Basabe Leoz recordó que “la pelota formaba parte del 80 por ciento del tiempo de juego”. El conocido creativo y conductor de radio compartió que “tenía como 20 muñecos de Star Wars y aunque siempre surgieran otros nuevos, volvía a eso. Los llevaba a todos lados, el juguete era una compañía. Los pocos que tuve los aproveché”.
Felipe, hijo de José María y el nieto de Alcira, tiene dos años y medio y es el más mimado con regalos en cada ocasión. “Tiene libritos de animales, adora los animales y hasta El Principito personalizado donde es él quien dialoga con el Zorro”, apuntó Alcira. Pepe advirtió que de su parte “traté de no llevarlo a un consumismo. Quizás tiene 50 muñecos que le han regalado otros pero no los usa todos. Es de los que juega con la caja, una cuchara. No tiene fijación ni con el celular ni con la tablet. Por suerte juega con lo que hay y se divierte a pura sonrisa con lo más simple, aunque tenga una habitación llena”.
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Sacarlos al sol
También hoy esperan un regalo Manuel, de 11 años, y Josefina, de 8, los hijos del abogado Gabriel Sánchez, quien como todo papá de esta generación lucha por dosificar la atractiva -y adictiva- tecnología a la hora de los juegos. “Tenemos una competencia desleal con las tablets, la Play y la compu, nos llevan una ventaja grande”, reflexiona Gabriel pero sin resignarse a darle lugar a otras propuestas: “Trato de llevarlos al Parque, como ahora para enseñarles a andar en bici. Trato que Manuel disfrute de jugar a la pelota. Josefina está con su muñeca, eso por suerte no ha cambiado y sigue jugando a la mamá. Es una competencia con las redes sociales y todo eso, sobre todo si uno no los impulsa a otra cosa”, insistió. El abuelo Horacio, también abogado, siente que perdió la batalla: “Usan el teléfono a toda velocidad, me dicen que es fácil y yo les pido que vayan más despacio. La tecnología ha matado a los juguetes manuales”. Sin embargo, junto a la abuela, no bajan la guardia: “Cuando vienen a casa les hacemos jugar a la generala y se enloquecen. Tratamos de que no agarren el teléfono, que parece que fuera un alargue de la mano”.
Para Horacio, hoy con 70 años, esta “batalla” con la tecnología ya la vivió con sus hijos también: “Tuvieron la Comodore 64 (una de las primeras consolas de video juegos) y se pasaban horas jugando con los amigos”, contó. Pero Gabriel, en cambio, atesora recuerdos distintos, especialmente al aire libre: “La pelota, la paleta y también la raqueta porque nos llevaban a jugar de chico al tenis. Jugábamos sin juguetes”, apuntó y se animó a la anécdota con su hermano Guillermo, el mayor: “Jugábamos a ‘Titanes en el Ring’, a la lucha arriba de la cama. Siempre cobraba yo”, confesó entre risas.
Un momento especial que recordaron padre e hijo fue jugar en la playa haciendo pistas para los autos de plástico: “Le poníamos monedas en la punta para que el auto ganara peso y con eso velocidad. En el mejor de los casos le pegábamos una cuchara en la punta y el auto era una bala”, compartió con añoranza Gabriel, aunque su padre apuntó: “Como Gaby era el más chico, Guille y los amigos a veces lo dejaban afuera de las carreras”.
Horacio siente que en su época todo era más sencillo: “Tengo en mi memoria un jeep a pedal, es el recuerdo más fuerte que tengo con un juguete en mi infancia. Y también la pelota de goma Pulpo. Era distinto. Los chicos de ahora son avarientos, no les alcanza nada, tienen uno y están pensando en el nuevo. Nunca están saciados. Entran en el consumismo de los adultos. Así es el mundo actual también. Cada generación tiene lo suyo”, reflexionó.