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    “Un mundo con supermercados de espiritualidad”

    3 de agosto de 2018 | 22:00
    “Un mundo con supermercados de espiritualidad”
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    Aseguró Justino Fernández, en el marco del día del cura párroco que se celebra hoy

     

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    La Iglesia celebra hoy el Día del Párroco. El acontecimiento se recuerda en la fiesta de San Juan María Vianney, que en vida fue un sacerdote ejemplar, no por su inteligencia, sino por su espíritu de servicio en favor de los más necesitados.
    En este marco, Justino Fernández, que hoy tiene 75 años, dio una mirada actual sobre el rol del sacerdote en la comunidad cristiana y en la sociedad en general.
    El padre Justino inició su trayectoria religiosa en el año 1966, estuvo cuatro años en Maipú como ayudante del padre Francisco Ardanaz, luego fue párroco de Quequén, desde 1971 hasta 1984, y desde fines de 1982 hasta el 2007 estuvo en la parroquia Nuestra Señora de Lourdes. Paralelamente, desde el 2002 y hasta ahora, se ha desempeñado en la Medalla Milagrosa, donde, amablemente, recibió a los periodistas de Ecos Diarios para brindar su opinión.

    -En todos estos años ¿ha cambiado el rol del párroco en la sociedad?
    -Yo creo que en la sociedad en general la función de uno depende mucho de la perspectiva que tenga la gente misma. Hoy, evidentemente, estamos en un mundo pluralista y lo que diga el cura ya no importa demasiado.
    Ahora, si la pregunta se refiere a la función de cualquier sacerdote en su comunidad, creo que somos portadores de un mensaje, una palabra y un proyecto de vida que nos dejó Jesús y que ese mensaje, hoy más que nunca, es salvacional para mucha gente. La gente anda cada vez más despistada y buscando saciar ese despiste a través de muchas ofertas.
    Hoy estamos en un mundo donde no hay solo supermercados de comida sino que también los hay de espiritualidad y con ofertas de todo tipo. Por eso, como en el supermercado, generalmente, se llevan lo más barato o lo que es más caro pero que te lo envuelven en un envase de espejitos de colores. Por eso van de un lado para otro.

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    -¿Cuál es el desafío más grande que tiene el párroco hoy dentro de ese supermercado de ideologías?
    -No puedo hablar por todos los sacerdotes pero a mí me ha costado, detrás de actitudes, palabras, pensamientos y movimientos que se ven, descubrir la real pregunta que tienen tantos chicos y chicas. Hoy no me cuesta tanto porque sé que esa real pregunta es la búsqueda de un sentido de vida. Entonces, cómo hago yo, que creo que tengo una pequeña respuesta desde mis convicciones, para poder acercársela.
    Siempre uno se consuela con lo que le pasó al propio Jesús, que tenía la gran propuesta y muchos lo aplaudían cuando hacía algún milagrito pero, cuando les decía que eso era un signo y que había que vivirlo para cambiar el mundo, la gente se borraba. Eso no ha cambiado en estos 2000 años.
    El desafío es ese, escuchar no solo las palabras, sino lo que el corazón realmente quiere decir.

    -Hay personas que terminan su trabajo cuando se van de la oficina. ¿El sacerdote deja de ser el referente de su parroquia en algún momento?
    -Hay una tentación de convertirnos en funcionarios. Eso es triste pero real. Hoy vos venís a hacerme una nota y yo podría decir que ya terminó el horario de secretaría y que vuelvas mañana. Yo he caído en eso muchas veces.
    Pero lo que uno siente desde adentro es que le dicen: “No, querido, vos tenés que estar para el otro siempre”.
    No es que está mal porque todos tenemos necesidad de tener un día libre y vacaciones pero, si me miro a mí mismo, si me tomara todas las vacaciones que me debo de las últimas décadas, nos veríamos en la otra vida. A mí se me dio así porque para mí nunca fue un trabajo, siempre estuve cómodo. Yo vengo y me siento en casa, podría estar en mi verdadera casa pero elijo venir a la parroquia todos los días. No es convertirse en cura para hacer, sino para ser. Y cuando uno es, es en todos lados.///

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