Hugo Iásevoli es uno de los primeros volantes de la Promocional del Sudeste
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Analizó sus presencias y hasta la dirigencia en el automovilismo
Casi de casualidad llegó al automovilismo y porque su pasión era escuchar al Turismo Carretera y esperar alguna carrera cercana para poder asistir a verla, todo lo demás aparecía lejana de alcanzar y no fue así.
Hugo Nino Iasévoli se ganó un buen espacio en la Promocional del Sudeste y para ello recordó jornadas previas en las que fue parte del rico historial de una de las figuras emblemáticas de nuestra ciudad.
Participó de lo que fue la Peña Los Diez Amigos que organizaba peñas para apoyar la campaña de Juan Alberto Occhionero, en el Turismo Carretera.
“Era hermoso participar de aquellas peñas y hasta recuerdo que Arturo Rojas (hoy intendente de Necochea) era chiquito y se sumaba a las cenas junto a su padre Arturo. Pasó el tiempo y ahora tenemos que hacerle caso”, dijo entre risas.
Analizó lo que significó correr y ser parte de un despegue necochense en el orden zonal.
“Me acerqué a correr porque Luis González me invitó a ser su acompañante y después de una carrera armamos el fitito, con los mismos colores (amarillo y azul) y me largué a las pistas. Era bárbaro porque nos ayudábamos entre todos y era raro correr dos veces en un mismo circuito por año. Claro, había más pistas de tierra compactada y clubes que las organizaban. Cien autos en parque cerrado y el público ayudaban a esas fiestas del automovilismo de esa época”, consideró.
Por tener grandes amigos en común colaboré mucho con el Club Palermo, con Carlitos Sáez, el Vasco Artía, Ruben Monge, Israel Jurado, el doctor Elverdin y hasta fui comisario deportivo. Vivimos muy lindos momentos con el Karting del Sudeste, en La Calera y recuerdo que venían desde Lobería, Alberto Vasco Altuna y sus hijos Mariano y Patricio; los que brillaron en el TC y los tenía entre nosotros sin hacer problemas y colaborando muchísimo”, señaló.
Su pasión lo acercó a la propuesta de la construcción del Monumento a Benedicto Campos, en Quequén y su talento como carpintero quedó sellado con sus exquisitos trabajos. “Es que nadie proponía cosas diferentes para esta ciudad y gracias a lo que nos brindó como piloto se merecía algo distinto. Por eso apoyé la idea y si hay otra propuesta similar seguro que no dejaría de apoyarlo”, aseguró.
Hoy, 35 años después, reparte su trabajo de carpintería junto a su esposa, sus hijos Pablo y Mariana y sus nietos Lorenzo y Emilio. Todos comparten su fanatismo por Chevrolet, a excepción de uno de sus nietos. Nino Iasévoli sueña con hacerle cambiar de marca.///