Hugo Sánchez, su fallecimiento
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Tuve la grata oportunidad de conocerlo cuando tenía ocho años.
Pasó el tiempo y el recuerdo permanente porque mi padre trabajó en La Peregrina, la estancia emblemática del afamado piloto Juan Manuel Bordeu y porque en aquella época, otra figura del cine, Graciela Borges también se paseaba por los bellos jardines en las serranías balcarceñas.
Hugo Sánchez no superaba los veinte años y tenía asignada la butaca derecha de la popular Coloradita de Bordeu y como pibe que era, me permitió sentarme en más de una ocasión.
Con el paso de los años, gracias a mi profesión, logré hacerle infinidad de notas y siempre muy cortés respondió todo lo que le pregunté y sin olvidar lo que más arriba indiqué.
Hugo Sánchez falleció a los 73 años, siendo un reconocido motorista y preparador.
Una extensa trayectoria dentro del automovilismo zonal y nacional y aquel recordado torneo de 1966, en el Turismo Carretera, quedarán en el rico historial.
Hugo Sánchez también atendió el impulsor Chevrolet de otro balcarceño, Carlos Calamante en TC.
También impulsó los motores de José Ciantini (consiguiendo un podio en Rafaela) y junto al juvenil Santiago Mangoni en sus inicios en las divisionales del TC Mouras, donde también alcanzó éxitos.
El paso por el TC2000 estuvo ligado a Tulio Crespi, trabajando sobre los Ford Escort de Daniel Cingolani y Miguel Angel Etchegaray.
A la par de eso, atendió un gran cantidad de autos en el automovilismo zonal, entre ellos el Ford campeón de Santiago Mangoni en el Turismo Special de la Costa en 2008.
«Siempre fui hincha de Chevrolet, porque lo era de Luis Minervino y después de Guillermo Ortelli, pero en TSC salí campeón con Ford», analizó Mangoni.
También mencionó su fanatismo en cuanto a la marca que identifica a Balcarce desde los tiempos de Juan Manuel Fangio y luego con Juan Manuel Bordeu.
Junto a su hijo Carlos Sánchez, actualmente responsable de la técnica en el Turismo Nacional, trabajó hasta los últimos días en distintos motores de las categorías zonales y llegó a decirle al necochense Marcelo Cuadra, hace pocos días atrás, luego de entregarle el motor Chevrolet que “se me va otro hijo del taller, cuidalo y disfrutá en la pista”, le dijo.
Amó los fierros. Hizo gala de su tremenda capacidad técnica y dej´p una huella de humildad y talento al servicio de infinidad de pilotos que comienzan a extrañarlo en su taller o bien el algún lugar de los bexes de las zonales.///