IA en las aulas: el fenómeno de los alumnos que empeoran sus trabajos para no levantar sospechas
Nacho Ibarguren explicó en Ecos Radio cómo influye esta tecnología en la enseñanza y por qué es necesario cambiar la mirada sobre su utilización
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El uso de la inteligencia artificial en las aulas abrió un debate entre docentes y estudiantes sobre sus posibilidades, sus límites y su impacto en el aprendizaje. En una nueva edición de su columna “Volvemos a clases”, Nacho Ibarguren reflexionó sobre cómo incorporar estas herramientas a las actividades escolares sin demonizarlas ni considerar que su utilización implica necesariamente hacer trampa.
Durante una entrevista en el programa “Lo dije o lo pensé” de Ecos Radio, el docente compartió los resultados de un estudio realizado por una investigadora de Harvard a 1.000 profesores, que reveló que tres de cada cuatro consideraban que los alumnos hacían trampa cuando utilizaban inteligencia artificial para realizar un trabajo.
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El temor a que los trabajos parezcan hechos con IA
Uno de los aspectos que surgió del estudio es que algunos estudiantes comenzaron a modificar sus producciones para evitar sospechas. Incluso, hay alumnos que reconocieron hacer trabajos de menor calidad o utilizar un vocabulario más limitado para que sus docentes no pensaran que habían recurrido a la inteligencia artificial.
Ibarguren explicó que esta situación se relaciona con la llamada retención cognitiva y señaló que, en algunos casos, los profesores conocen la manera de escribir de sus estudiantes y pueden advertir cambios en sus producciones. Sin embargo, en otros ámbitos, como las universidades, donde el vínculo entre docentes y alumnos puede ser más distante, una buena escritura también puede generar desconfianza.
Frente a este escenario, propuso cambiar el enfoque de las consignas y dejar de preguntar solamente si se utilizó IA. “La pregunta es: ¿para qué la usaste?, ¿qué hiciste antes de usarla?, ¿qué cambios notaste usando la IA?, ¿qué decisión fue tuya?”, explicó.
Una herramienta para aprender, no para reemplazar el pensamiento
El docente también diferenció entre pedirle a la inteligencia artificial que realice una producción completa y utilizarla para revisar, comparar o mejorar un trabajo propio. Como ejemplo, mencionó la posibilidad de que un estudiante escriba un argumento y luego recurra a la herramienta para analizar cómo podría corregirlo.
“Si le pedimos a la IA que nos escriba un argumento, no se están perdiendo una oportunidad de aprendizaje. Pero si le pedimos que revise uno escrito por los chicos, quizás puede ayudarnos a ver cómo escribirlo o mejorarlo”, sostuvo.
Además, señaló que los propios docentes utilizan estas herramientas para planificar secuencias didácticas, buscar ideas y revisar propuestas. En su caso, explicó que puede consultar a la IA cómo mejorar una actividad, sin delegarle por completo la planificación.
Como reflexión final, Ibarguren invitó a revisar qué lugar ocupa la tecnología en la enseñanza: “Está bueno reflexionar si ese trabajo nos está ayudando a pensar o si está pensando por ellos”.
La propuesta, planteó, es incorporar la inteligencia artificial como un complemento del aprendizaje, que permita a los estudiantes tomar decisiones sobre sus propias producciones y reconocerse como protagonistas de lo que aprenden.
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