Identidad italiana
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Horacio Sabatini dejó una huella en la ciudad a través de un sinfín de actividades de las que fue parte. Su activa participación en dos grandes proyectos: la “Loba romana” y el Centro Regional Abruzzes
Agustina Sabatini (*)
Para Ecos Diarios
Abruzzo. Territorio montañoso y salvaje que se extiende desde el corazón de los Apeninos hasta el Mar Adriático, es una de las veinte regiones que conforman la República Italiana. También conocida como la “Región verde de Europa” -debido a sus parques nacionales-, etimológicamente deriva su nombre de Aprutium, esto es, la tierra de los pretuzos, una antigua población itálica que vivía en la zona de lo que es hoy Teramo, la Interamnaes de tiempos romanos. Abruzzo. Tierra fuerte y gentil, cuna de hombres y mujeres que cargaron sus equipajes con sueños e incógnitas y cruzaron el Atlántico en búsqueda de oportunidades. Abruzzo, el suelo que dio cobijo a mis antepasados y del que desciende mi abuelo, Horacio.
Horacio nació un 3 de septiembre de 1939 en la Capital Federal. Hijo de Ercillia Berta Di Sciullio y Nicolás Sabatini; un inmigrante italiano oriundo de la provincia de L’Aquila (Abruzzo) y arribado a nuestro país a finales del siglo XIX, asentándose en las cercanías de Juan N. Fernández. Hacia 1915, este inmigrante italiano fue el responsable de la creación de uno de los primeros molinos harineros de la zona, bautizado como “Italo-Argentino” en honor a la unión de su tierra natal y aquella tierra que lo albergó. También participó en actividades relacionadas con la colectividad, como la presidencia de la Sociedad Italiana y la membresía de su Jurado de Honor. Nicolás Sabatini falleció en 1942, cuando su hijo Horacio tenía tan sólo tres años de edad; hecho éste que lo marcaría para el resto de su vida con el siempre en mente objetivo de mantener vivas las raíces de Italia en un constante homenaje hacia su padre.
“Todos vivimos bajo el mismo cielo pero ninguno tiene el mismo horizonte”, dijo Konrad Adenauer, y con estas palabras del político alemán y primer canciller de la República Federal de Alemania, Horacio –mi abuelo-, definió en una nota para este mismo medio, tiempo atrás, lo que significaba para él tener una identidad italiana.
Conocido y respetado vecino de la ciudad de Necochea, dejó su huella en cada una de las actividades que realizó a lo largo de más de sesenta años. Cursó sus estudios primarios en la Escuela N° 1 y, con fecha próxima a la celebración de los ochenta años de dicho establecimiento, integró la comisión de exalumnos materializando la construcción del monumento al General Manuel Belgrano que se erigió en la plaza Dardo Rocha. En 1957, Horacio presidió el grupo de Jóvenes de la Acción Católica, quienes formaron también un espacio de teatro llamado “Por un mundo mejor”. Junto con otras personalidades de la ciudad, recordaba con gran nostalgia este período de su vida el cual guardó en lo más profundo de su memoria por el resto de los años. Entre los años 1966 y 1981, este abuelo de espíritu inquieto colaboró enérgicamente en los desfiles del Festival Infantil, sintiéndose orgulloso de trabajar para y por los niños de la ciudad. En cuanto a su vida laboral, trabajó desde 1960 en la Dirección de Vialidad de la Provincia de Buenos Aires, jubilándose después de más de cuatro décadas de servicio. Durante su estadía por un año en la ciudad de La Plata aprendió técnicas de asfaltos y cementos y, tiempo después, participó como empleado de Vialidad provincial en la construcción de la pista 18-36 del Aeródromo de nuestra localidad.
El largo recorrido de Horacio, mi abuelo, en este sinfín de actividades -algunas de ellas mencionadas aquí y otras tantas almacenadas en mi memoria-, no hubiese sido posible sin el apoyo incondicional de su familia, especialmente de su compañera de vida, Blanca Josefina Savoye, madre de sus dos hijos y abuela de cuatro nietos (entre las que me encuentro).
La “Loba romana” y el centro abruzzes
Esta identidad italiana, este legado en la sangre que con mucho orgullo portó y transmitió a todos los que tuvimos la suerte de caminar junto a él, se puede cristalizar en dos sucesos definidos dentro de este “gran libro de aventuras”. El primero de ellos, a través de la enérgica participación que tuvo en la construcción del monumento ubicado entre las calles 61 y 56 de nuestra ciudad, también conocido como la “Loba romana”. Este descendiente italiano de carácter perseverante fue un activo colaborador de la Sociedad Italiana, siendo secretario entre los años 1987 y 1991, y luego presidente hasta 1993. Es durante su período como secretario de la entidad en donde se lleva a cabo esta interesante iniciativa, con la idea de erigir un monumento dedicado a Italia, y más concretamente a Roma, su capital, a través de algo que identifica plenamente a la Ciudad Eterna, como ser la Loba amamantando a Rómulo y Remo, símbolo colosal de la fundación de Roma. Tengo el recuerdo de haber escuchado oír en más de un almuerzo familiar a mi abuelo contar la historia de la “Campaña del Bronce”; campaña que se puso en marcha en aquél entonces para reunir los 500 kilogramos de ese metal necesarios para lograr la fundición de “La Loba”. Llaves viejas, canillas en desuso, calentadores averiados –hasta incluso una hélice de un barco- fueron las donaciones que acercaron los vecinos de la ciudad para concretar el imponente proyecto, en un permanente homenaje a esta colectividad italiana, gran contribuyente del engrandecimiento de nuestra patria. Un desfile a cargo de la Associazione Nazionale Marinal d’Italia, obras de teatro y celebraciones religiosas se llevarían a cabo durante la semana del 4 al 12 de octubre de 1991 en adhesión a la inauguración del Monumento a Italia.
Su segundo gran proyecto, escoltado por un extraordinario grupo de amigos y compañeros de andanzas, sería la creación de la Agrupación de Abruzzeses de Necochea un 15 de julio de 1995. Este abuelo entusiasta, junto con oriundos y descendientes de la región de Italia, dejarían para siempre una huella en el camino de la historia fraternal entre las dos tierras. Con el objetivo de aunar lazos de amistad, cultura y deportes, años más tarde adquirirían una antigua casona ubicada en la calle 50 n° 2727 y en mayo de 2003 comenzarían los trabajos para demoler la vieja construcción y levantar la nueva sede; símbolo concreto del arduo y pasional trabajo que se llevó a cabo por décadas en pos de recordar esa tierra fuerte y gentil, cuna de sus antepasados, Abruzzo.
Trato de atesorar en mi memoria, todas y cada una de las historias que este gran protagonista, con mucho amor y dedicación, me transmitió. Su legado estará siempre presente. Horacio Sabatini. Mi abuelo, mi orgullo.
(*) Nieta de Horacio Sabatini