Independizarse, estudiar y el desafío de crecer lejos de la familia
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Cada año buena cantidad de jóvenes, llegan a nuestra ciudad para estudiar una carrera, alojándose en la residencia estudiantil que funciona en el Hotel Evita. La experiencia de vivir lejos de los padres, comenzando a hacer su propio camino.
Por María Cecilia Gotta – Redacción
Tomar la decisión de irse a estudiar afuera, lejos de la familia no es fácil, y sobre todo si la situación económica no es la mejor para afrontar esos gastos.
A nuestra ciudad, cada año buena cantidad de jóvenes llega para estudiar una carrera, alojándose en la residencia estudiantil que funciona en el Hotel Evita, la cual apunta a chicos que no pueden pagarse un alquiler.
La residencia tiene diez años de trayectoria, y al principio daba esta posibilidad sólo a jóvenes del interior del distrito, pero luego se amplió la jurisdicción sin importar que sean jóvenes de otro partido, como las localidades de Balcarce y Lobería.
Hay varones y mujeres que provienen de La Dulce, Claraz, Juan N. Fernández, Lobería y Balcarce. Ellos estudian diferentes carreras en diversos establecimientos educativos en nuestro medio que ofrecen carreras terciarias o universitarias.
La experiencia de vivir lejos de los padres, comenzando a hacer su propio camino, es todo un aprendizaje para los jóvenes. No se trata sólo de disfrutar esa independencia sino de tomar nuevas responsabilidades, tener su propio espacio.
Aunque en la residencia también deben aprender a convivir con otras personas, organizarse con respecto a las compras, la comida, cumplir con las tareas diarias y ser capaces de decidir y también ceder en algunas cuestiones.
Por una razón de seguridad y tranquilidad, las puertas se cierran a las 22.30 para todos, teniendo prohibido llevar a otras personas a las habitaciones o ingresar con personas no autorizadas a la residencia.
Cada estudiante reside en este lugar de lunes a viernes, teniendo a su cargo el cuidado de la habitación y la cocina durante todo el ciclo lectivo.
También cuentan con calefacción, Internet, impresora y dos computadoras para hacer trabajos.
En la residencia los jóvenes son independientes y tienen libertad de hacer sus actividades, siempre y cuando respeten las normas establecidas.
Vivencias
La mayoría de las chicas estudian docencia y los chicos educación física, música, arte e ingenierota electrónica.
Agustín Serro es de Balcarce y estudia Educación Física, en tanto Giselle Eulogio y Daiana Espende, son oriundas de Lobería y estudian para maestra de Inicial.
Las jóvenes son amigas y comenzaron tiempo atrás estudiando Trabajo Social, pero se les complicó la cursada por el hecho de viajar y cambiaron de carrera, asegurando hoy, que fue la mejor decisión que tomaron.
Hace cuatro años que estudian y hace un año que están en la residencia. Antes alquilaban un departamento entre las dos, pero igualmente los gastos eran muy costosos.
Por intermedio de amigas que estaban en la residencia, se enteraron de esta posibilidad para seguir estudiando, y están muy contentas y agradecidas.
“Conocíamos la residencia porque veníamos con amigas para hacer trabajos prácticos en el comedor y por el lado económico fue una gran oportunidad porque si bien nos dividíamos los gastos, nos era imposible el último tiempo”, señaló Daiana.
El hecho de venir a estudiar a Necochea aunque esté cerca Lobería, fue algo que tuvo que trabajar personalmente, ya que le costó adaptarse y se iba todos los fines de semana.
“La convivencia tal vez fue lo más difícil, porque somos dieciséis y hay que compartir los espacios, nos organizamos con la limpieza por grupos y sectores y vamos rotando por el comedor, cocina, living, baño, además nos cocinamos y cenamos grupalmente”, comentó.
De Lobería son varios los chicos que vienen a estudiar, y tanto Giselle como Daiana, recomiendan la residencia, destacando que es un lugar muy lindo.
“Generalmente cenamos todos juntos porque al mediodía cursan, algunos llegan, otros se van, todos tenemos distintos horarios, pero a la noche estamos todos y el menú lo decidimos entre todos, y a través del grupo de Whatsapp consultamos por ejemplo, ¿Quién se prende a comer pizzas?. Luego hacemos las compras y dividimos entre todos los gastos”, mencionó Giselle.
Por su parte, Agustín, estudia profesorado de Educación Física y reside desde el año pasado, afirmando que se siente cómodo y a gusto.
“De Balcarce generalmente se van a Mar del Plata, hay más facultades y en su momento evalué mi carrera teniendo en cuenta la residencia, porque no podía costearme un departamento en Mar del Plata y este es el tercer año que estoy”, mencionó el joven.
Decisiones
Al momento de hacer un balance de la experiencia de vivir afuera de la casa de los padres, Daiana indicó que le permitió crecer y asumir otras responsabilidades, aunque a su mamá le costó al principio, pero se acostumbró a tenerla lejos.
“A mi me movilizó mucho, antes no hacia las actividades de la casa, y ahora como estoy acostumbrada a realizar las tareas en la residencia cuando llego a mi casa colaboro más que antes”.
Daiana tiene cinco hermanos más, cuatro mayores que ella y un hermano de 19 años, el cual todavía no tiene pensado estudiar.
Giselle en cambio, es la más chica de su familia y tiene otro hermano mayor.
“Es el día de hoy, y mi mamá me sigue llamando todos los días, a la misma hora, y la entiendo porque vivíamos las dos solas y ella se queda más tranquila si hablamos”, comentó.
Con respecto a la residencia, mencionó que “nos ayudamos entre todos, y cuando hemos tenido diferencias o roces como en toda convivencia, hemos podido hablar y solucionarlo, además ya somos todos grandes y tenemos que aprender a convivir”.
Agustín también notó el cambio en su vida al venirse a vivir a la residencia. “Antes no hacia nada, es un cambio en la vida de todos y cuando tomé la decisión, a mi mamá le costó que me venga hasta el día de hoy”, afirmó.
Los estudiantes ingresan a la residencia en abril cuando empieza la cursada hasta noviembre, cuando finaliza.
En el caso de ellos tres, eligieron carreras vinculas a la docencia y están en la última etapa, faltándoles poco para recibirse.
Daiana señaló que “la carrera es muy linda y lo mejor son los nenes, enseñarles y a medida que pasaron los años, me di cuenta que la carrera no era tan fácil”.
En tanto, Giselle puntualizó que “la carrera me sorprendió para bien, lo más lindo es el cariño de los nenes y no hay que subestimarlos, ellos saben mucho más de lo que uno piensa, nos sorprenden, están atentos y nuestras prácticas las realizamos en el Jardín de Infantes Nº 909 “Abrazo de bandera””.
Agustín realizó sus prácticas en la Escuela Primaria Nº 28 “General Madariaga”. “Es una escuela muy linda, me tocó un grupo bárbaro y generalmente Educación física es una materia que los chicos esperan el día para practicar actividades, jugar, divertirse, ellos son hiperactivos”, dijo.
Por otro lado, pensando en el futuro, teniendo la posibilidad de radicarse en nuestra ciudad, Giselle afirmó que tiene pensado volver a su localidad; Daiana, no tendría problema de quedarse si consigue trabajo, pero preferiría regresar a Lobería donde está su familia.
Elegir irse a estudiar siempre es un buen proyecto de vida, intentando lograr bienestar y felicidad. Los jóvenes logran independizarse, crecer en varios aspectos personales y cumplen con sus metas, siendo una satisfacción no sólo para ellos sino para sus familias.