¿Infortunio o negligencias?
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Con “bombos y platillos” el gobernador Axel Kicillof lanzó en la jornada del pasado lunes el operativo de seguridad “De sol a sol”, anunciando el despliegue de efectivos vehículos y otros elementos que la Provincia ha dispuesto este año para los principales puntos turísticos de su territorio.
Fiel a sus mensajes más entusiastas que reales en los hechos posteriores, el primer mandatario provincial apuntó en su discurso frases como “Vamos a batir todos los récords”, en referencia al nivel de reservas de alojamientos que existiría para la costa atlántica, y acotó que “hemos contemplado todos los aspectos para que sea una temporada formidable”.
En el caso de Necochea y evolucionando respecto a años anteriores, el Ministerio de Seguridad anunció la llegada de 160 efectivos para reforzar el plantel policial para el verano, que cobrará dimensión real a partir del venidero 10 de enero.
La promesa empezó a sustentarse en el arribo, en la misma jornada, de un centenar de policías del cuerpo de Caballería, que en todos los casos no contarán con caballos para montar, pero que igualmente desempeñarán su labor sumándose a la tropa de calle o el destino que le determine la superioridad.
Como una mueca desaprobatoria a los dichos optimistas del Gobernador, no pasaron 48 horas para que se produjeran un par de hechos en los cuales no incidió la supuesta mejora que debería ofrecer la ampliación de la fuerza de vigilancia policial.
Al siguiente día del arribo del centenar de uniformados –en buenahora que haya sido así- dos familias de turistas, una proveniente de Olavarría y otra de Venezuela se vieron despojadas de todas sus pertenencias, al ser atracados los dúplex en los que se alojaban, durante su ausencia temporal.
El cuantioso robo, “solo nos dejaron con la ropa que vestimos” acusaron ante Ecos diarios las víctimas, ocurrió en plena tarde en el barrio Parque en un sector densamente poblado. Llamativamente nadie vio nada. Y brillaron por su ausencia los policías que supuestamente deberían haber estado custodiando una las zonas turísticas al haber aumentado el personal disponible.
Al día siguiente, en este caso en Quequén, un efectivo arribado en el marco del operativo de verano, que atropellado por un transgresor motociclista que hacia peligrosas maniobras en la avenida 502 junto a dos pares y que terminó embistiendo al policía, que intentaba detenerlo y que sufrió heridas de consideración.
De los hechos acontecidos surgen algunas lecturas que preocupan: la falta de premura para que los refuerzos tantas veces reclamados empiecen a trabajar en el combate del delito y el mantenimiento del orden; y en el segundo caso una presunta carencia de capacidad por parte de los profesionales formados en las academias policiales para contener un hecho menor, si se quiere, y poner orden.
Cierto es que los operativos de seguridad veraniegos significan el primer peldaño para jóvenes efectivos, que vienen de egresar de los centros de formación. Por lo tanto resultan inexpertos ante la acción directa y real, para la cual hay una bajada de línea de no “pasarse de revoluciones” a la hora de intentar controlar o reducir a los transgresores.
Es de esperar que las experiencias narradas sean un par de yerros en lo que aún es la antesala del verano turístico, y que la jefatura tome las medidas para que no se repitan. De lo contrario deberemos implorar que “Dios nos ayude” ante la ofensiva delictual de cada temporada veraniega.///