Inseguridad, nadie se hace cargo
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“Hay que conformarse con que estamos bien, a pesar del robo del dinero de nuestros ahorros y de la pesadilla que nos tocó atravesar con mi pareja”, fue la frase contundente de un comerciante que soportó la presencia de tres delincuentes en su vivienda.
El hombre fue atado de pies y manos con precintos, mientras uno de los delincuentes le apuntaba innecesariamente con el arma de fuego y hasta en un momento le puso un pie en la cabeza, como demostración de poder e impunidad.
Parece mentira que la sociedad en general tenga que acostumbrarse a vivir con miedo, en la incertidumbre de saber cuándo le va a tocar. En medio de saber si va a poder salir de su casa y al regreso, esperar que no hayan entrado a robar y vulnerar la intimidad de cada uno.
Así se vive en este período de convulsiones, locura y “mundo al revés”. Donde una víctima de violencia de género de parte de su pareja, es capaz de tratar de proveerle drogas al agresor que está detenido en un calabozo.
Otro reciente caso que generó estupor lo sufrió una jubilada en su propia casa en pleno centro, donde dos malvivientes también la golpearon a mansalva y le provocaron ataduras por demás violentas.
“No sabemos qué hacer, instalamos alarma y rejas, estamos en pleno centro y, a pesar de todo, le volvieron a robar a mi madre, de la manera que lo hicieron y nos da mucha tristeza porque nos sentimos vulnerables”.
Estas palabras son de una hija que se encontró con su madre conmovida por la odisea que le tocó vivir en su hogar con el dúo de ladrones que parecía dispuesto a cualquier accionar en pos de conseguir su objetivo: quedarse con las pertenencias de una señora mayor y totalmente indefensa.
Éxodo de policías
A la compleja situación que se atraviesa con la inseguridad, hay que agregarle un aditivo que no es nada menor ni para dejarlo de lado: el marcado éxodo de efectivos policiales.
Es una realidad que en los últimos meses se han registrado bajas en la dotación, algunos oficiales que decidieron emprender otros caminos laborales en nuestro país y otros que continuarán su vida en el exterior.
A esto hay que sumarle que hay varios agentes que permanecen con carpeta médica por diferentes motivos personales y esto también reduce el número de la plantilla en tiempos en que se necesita cada vez más reforzar la seguridad.
La llegada de efectivos de diversos lugares de la Provincia con motivo del nuevo Operativo de Sol a Sol en estos días, puede brindar un alivio al vapuleado servicio policial.
“No contamos con el personal necesario, hay 100 policías menos en la tropa y debemos hacer el trabajo de investigaciones en un alto porcentaje, cuidar a los presos, tareas judiciales y adherirle a todo esto la tarea de prevención del delito”, reconoció por lo bajo una autoridad de la Bonaerense.
La emigración de agentes tiene sus motivos entre algunos de los protagonistas: “La paga no la mejor y las condiciones de trabajo no favorecen demasiado, por ello, elegí otro rumbo, voy a ser marinero de buques de pesca, donde el reconocimiento económico es superior, con los riesgos del caso”, contó un joven policía que días atrás pidió la baja.
Paso hacia atrás
A la carencia de efectivos, que es algo insoslayable, tampoco se puede dejar de recordar el cierre de la Escuela de Formación de Policías, en 2017, lo que marcó un significativo retroceso para Necochea y la zona.
En resumidas cuentas, el deterioro del servicio que se debería ofrecer a la ciudadanía en su conjunto es notable y podríamos sumar a todo lo mencionado, la escasa disponibilidad de móviles y de cámaras de seguridad.
El reclamo es permanente de más personal y patrulleros para la Policía de Necochea, pero también parece que el Ministerio de Seguridad provincial tuviera otras prioridades y mira hacia otros lados.
Tal vez, los funcionarios de los altos mandos del gobierno bonaerense observan fríamente las estadísticas de homicidios, por ejemplo, donde en lo que fue el año pasado hubo un marcado descenso de la tasa anual y lo mismo ocurre en este 2022.
Pero frente a esa caída en el número de crímenes, no pueden dejarse de lado otras modalidades delictivas que han ido en crecimiento como los arrebatos en la vía pública, el comercio de drogas, las estafas virtuales o “cuentos del tío”, robos de vehículos y otros hechos que forman parte de la crónica policial.
Y precisamente el ataque de los vulgares “motochorros”, en algunos casos, hasta provoca graves problemas de salud a las víctimas, como le ocurrió a una repartidora de diarios, quien tuvo una fractura de muñeca en un brazo.
El salvajismo de los delincuentes le costó a la mujer pasar por el quirófano para someterse a una cirugía y colocación de una prótesis por el resto de su vida y más de un mes de recuperación, además de la pérdida de días de trabajo.
Las investigaciones
Tampoco es menor el escaso porcentaje en el esclarecimiento de aquellos episodios que se denuncian, lo que genera preocupación entre los ciudadanos a pie, que precisan respuestas válidas de parte de los actores de la Justicia.
Otro comerciante fue víctima de robo en su negocio de Quequén y a las pocas horas se realizó un allanamiento con la aprehensión de un sospechoso de participar en el ilícito, a quien se le secuestró parte de la mercadería sustraída en el domicilio que ocupa.
Pero a las pocas horas el individuo recuperó la libertad, a pesar de contar entre sus antecedentes con una reciente condena por delitos vinculados con la violencia de género.
Así la realidad, de un flagelo que azota a la ciudadanía y nadie está cerca de hacerse cargo, todo lo contrario, resolver parte del tema está muy lejano en el horizonte. Que Dios nos ampare…