Inseguridad y divorcios, las nuevas causas de un mercado inmobiliario con abundante oferta
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Hay numerosas casas y chalets en venta, cuyos valores oscilan entre los 50.000 y 90.000 dólares. En muchos casos los precios viviendas están sobrevaluados
Quien recorra y observe con detenimiento la ciudad, es probable que se sorprenda con la cantidad de inmuebles con carteles de inmobiliarias anunciando que están en venta.
Más allá de la coyuntura económica, siempre especial en un año electoral como el actual, existen otras causas, que según los agentes inmobiliarios consultados se vienen manifestando con fuerza en los últimos tiempos e que inciden en esta abundante oferta: el querer deshacerse de una propiedad para ir a vivir en un departamento en busca de más seguridad; y el incremento de divorcios, que obligan a vender para dividir el bien.
En el primer caso se busca departamentos en las zonas de la Rotonda, Villa Díaz Vélez o centro, que tienen una población interna y por ende una sensación de mayor protección; decayendo la compra en sectores alejados o “abiertos”, como los barrios 9 de Julio, Banco Provincia y en Quequén, que suponen mayor vulnerabilidad ante el accionar de la delincuencia.
Sobre el segundo aspecto, es decir el de separación de parejas, como anécdota se supo que uno de los edificios de la calle 91, frente al Casino, está íntegramente ocupado por mujeres y hombres que viven solos. Una muestra de una creciente demanda en este sentido.
A estas dos “nuevas cuestiones” se suma la clásica vivencia de matrimonios cuyas casas les quedan grandes cuando sus hijos crecen y abandonan el hogar; mientras que otras parejas de la tercera edad ya no están en condiciones de mantener su propiedad, lo que no sólo incluye gastos en pintura o arreglos, sino en el pago de la alarmas o seguro.
En busca de radicarse
Ante la oferta de tantos inmuebles aparece la pregunta de si muchos de los que venden es ¿porque quieren abandonar la ciudad?
Sin embargo sorprende cuando las opiniones requeridas para este informe cuentan que “es al contrario, no son pocas las parejas en su última etapa laboral o jubilados y matrimonios de mediana edad con hijos oriundos de Buenos Aires y Gran Buenos Aires, que averiguan para radicarse acá por razones de seguridad o, en menor medida, cuestiones laborales (médicos en especial).
Una de las razones que suelen facilitar estar radicaciones es el valor depreciado del mercado necochense, en comparación con el de las grandes urbes. Con lo que obtienen por la venta de sus inmuebles adquieren uno mucho mejor acá.
Pretensiones que no ceden
Otro de los aspectos del actual mercado inmobiliario, y que viene de largo tiempo, es la política de la mayoría de los vendedores de inmuebles de mantener en dólares el precio de los mismos, sin tener en cuenta la variación que ha experimentado el valor en pesos de la divisa estadounidense.
Los martilleros revelan que, pese a la retraída comercialización, la mayoría de los propietarios no están dispuestos a bajar más de un 10% la cifra pretendida.
Asimismo los precios de muchas de las viviendas están sobrevaluados de acuerdo a los años que tienen (varias fueron construidas hace 35 a 40 años). Y sus dueños “no consideran que la devaluación de su bien es de un uno por ciento por año de antigüedad de la construcción”, sostuvo un experimentado tasador de propiedades.
En contrapartida, el metro de la construcción en Necochea, que venía siendo de 1.000 dólares el metro cuadrado, ha experimentado una baja de un 20%, lo que ha alentado la puesta en marcha de varias construcciones, sobre todo desde la avenida 91 hacia el Oeste.
En cuanto a los alquileres de casas o departamentos, se dio cuenta que los valores se han estabilizado, pues la oferta empezó a superar a la demanda.
Si bien existen algunas propiedades de las consideradas “premium”, en la oferta de venta necochense prevalecen los inmuebles cuyos valores oscilan entre los 50.000 y 90.000 dólares.
Luego del buen suceso de ventas de los años 2016-2017, sobre todo a través de los accesibles créditos UVA, el mercado inmobiliario se halla en una meseta, con la esperanza latente de realimentarse luego de las elecciones. Es que en mucha gente sigue primando el concepto de invertir “en ladrillos”.///