Jardín de Rocas, ese tesoro olvidado
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«Las oportunidades son
como los amaneceres,
si esperas demasiado tiempo
los echarás de menos»
William Arthur Ward.
Como generalizar suele hacernos caer en la equivocación, en ese cónclave repetido de discusiones de los mismos temas que resulta el inhibidor para resolverlos desde hace muchos años. En este se critica, se juzga sin capacidad, anteponiendo el permanente «no» cuando la única forma de salir de la mediocridad es buscar la excelencia y animarse a los cambios.
Necochea se distingue por varias cosas, una de ellas es el desperdicio de oportunidades que ha tenido en muchos pasajes de su vida, en los 140 años transcurridos desde la fundación.
No recordamos, ni es el fondo de este comentario cuando se decidió arrojar un montón de piedras sobre las vírgenes dunas de 2 y Pinolandia y bautizar ese lunar con el pomposo nombre de Jardín de Rocas, cuando sería más acertado calificarlo como “el impenetrable” a ese privilegiado, pero olvidado, lugar para la inversión y el desarrollo del frente costero
Es un espacio de gran valor presente y futuro que está allí, inerte careciendo de vida, dejado a la “buena de Dios” y siendo devorado a la vista incrédula por los tamariscos.
En la década del noventa se sentaron las bases sólidas para determinar que nada impida el avance de proyectos en ese sector plebiscitados en una convocatoria pública llevada a cabo en el recinto del Concejo Deliberante, de la cual participaron instituciones, entidades intermedias y vecinos en general, quienes dieron el aval unánime para el desarrollo del frente costero.
Han pasado treinta años, desde aquel histórico encuentro que decidió la urbanización del ridículo llamado Jardín de Rocas encuadrado ese espacio en el denominado Lote Mar 4, ergo, había que delimitar terrenos para levantar edificaciones, dotarlo de infraestructuras y servicios,. La intención era clara, llamando a la inversión privada para realizaciones de emprendimientos en ese lugar, impecable idea.
Esa realidad comenzó en 1992 pidiéndose a la provincia de Buenos Aires, dentro de la disposición de la ley 1.365, el traspaso de las tierras al dominio municipal de las tierras expropiadas en 1945 a la familia Díaz Vélez, para la urbanización y ampliación del ejido urbano tal cual reza el decreto respectivo, que hoy se conocen como parque Miguel Lillo, gestión que demandó un año en su tramitación.
En ese lapso la Dirección de Geodesia y Catastro de la provincia de Buenos Aires dividió el amplio sector en cuatro lotes desde calle 89, excluyendo el predio del ex complejo casino, hasta donde hoy se encuentran instalados los molinos de viento, llamado “campo de Cipriano” actualmente parte integrante del parque Miguel Lillo, en tal división en el lote cuatro quedó encuadrado el Jardín de Rocas.
El objetivo fue luego del conseguir la titularidad de las tierras, poder disponer de ellas con el fin de llevar a cabo distintos emprendimientos. El paso posterior fue el comienzo del proyecto de urbanización, a partir del edificio del casino hasta Pinolandia. El Concejo Deliberante dictaminó mayoritariamente la creación de una comisión evaluadora para tal fin. Se había dado un paso gigantesco camino al futuro, con el aporte de los colegios de ingenieros, arquitectos, diversos profesionales aportando ideas individualmente, un representante de cada bloque político que nominaba un ingeniero y un arquitecto llegándose a una conclusión que alentaba dar el saldo definitivo.
El análisis establecía que se encontraba abierta la posibilidad de construir edificios de hasta cinco pisos en el lugar, proyectar viviendas compartidas, servicio de hotelería, shopping, todo en el interior del Jardín de Rocas, sin afectar un árbol, dejando el paisaje intacto ya que ese entorno le daría un brillo natural especial a todo que se realizase en ese sector.
Era el comienzo de algo importante, nada impedía el progreso de toda esa línea frente al mar que, en conjunto con el otrora imponente complejo casino, daría una visión de jerarquía para que el efecto se multiplicase en positivo.
Lo único que se materializó hasta el día de hoy a unos 7.000 metros del sector de referencia y fuera de aquel plan, fue la concesión por 30 años parte del parque bajo un canon irrisorio, para la instalación de los molinos generadores de energía eólica. Las expectativas a veces vienen acompañadas de las frustraciones.
Hemos perdido veintisiete años
«¿Usted ha perdido mucho tiempo en su vida?» le preguntó el periodista al poeta chileno Pablo Neruda, éste respondió: «tal vez…pero puede ser más que tiempo perdido, tiempo aprendido».
Lo que pasa en Necochea, no sólo con el Jardín de Rocas sino en otros temas, es tiempo que se ha perdido e imposible de recuperar pero como contestaba el poeta, si se quiere recuperarlo podemos decir que fue tiempo aprendido, en este caso, saber si después de 27 años se ha aprendido algo sobre el tema.
Basta de expresiones como el «no se puede…hay trabas, hay que ver cómo está todo, no es simple, bla..bla..bla.», el Jardín de Rocas tiene todo realizado para pensar seriamente en avanzar en un plan de obras. Tiene concretado el Código de Edificación, donde además establece minuciosamente qué estructura de materiales se debe emplear para la construcción, evitando casillas de madera o baja calidad, elevando la vara al estilo de los más prestigiosos balnearios del mundo sin pecar de exagerados o sobre valorizando las posibilidades, quedaron establecidas, además, la altura máxima, los valores urbanísticos, el tope de pisos para edificios, etcétera, etcétera.
Más aún, a manera de detalle, se estableció otorgamiento de una escritura provisoria, donde el Estado contemplaba que quien construyera cumpliendo absolutamente con todo lo requerido tendría la escrituración de domino definitiva.
Todo volvió como en un paseo turístico a recorrer finalmente los pasillos del legislativo, para que lograra plena aprobación, es decir, el Jardín de Rocas a partir de ahí tiene todo legalmente habilitado para emprendimientos y proyectos a concretarse en el predio, no hay nada que lo impida.
Sería bueno que los veinte concejales y el Departamento Ejecutivo y, como política de Estado a corto plazo se interesaran en el lugar y la posible proyección a inversiones, según la ordenanza 3110 del año 1994 para analizar, si no lo han hecho todavía, toda la información aumentada sobre lo cual nos estamos refiriendo, retomando un camino que nunca se debió haber dejado y que desde 1994 aquel ambicioso plan quedó guardado, olvidado, sepultado sin saber el porqué, puede ser hora de desempolvarlo y volverlo a la vida renunciando a las razones que el tiempo ha borrado.
Reflexión final
Han pasado 27 años del tema en cuestión, si profundizáramos en otros encontraríamos un símil de situaciones, parecería ser una respuesta a la clásica pregunta ¿qué nos pasa a los necochenses con todas la potencialidad que tenemos y no la explotamos, a veces ni la descubrimos y en otras ni no sentamos cuando la mesa está servida?
Se va la vida resolviendo cosas menores, discutiendo trivialidades, abriendo grietas en cada tema, se debe abandonar la lucha de las controversias personales y divisiones estériles para construir una sociedad mejor, con ideales compartidos y al servicio de la sociedad.
El Jardín de Rocas, es simplemente un eslabón más de una serie de fracasos y frustraciones que acarreamos de hace años, demasiados como para no reaccionar socialmente e ir a las cosas definitivamente, algo que ya se ha hecho imprescindible.