Javier Artia resumió sus grandes momentos en el automovilismo y siempre junto a su equipo
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Brilló en todas las categorías, con títulos memorables en Monomarca
Raro y a la vez entendible. Por estar junto a su padre (gustoso del automovilismo siempre) fue conociendo desde sus entrañas las organizaciones y las carreras.
Esa función le sirvió para ganarse el afecto de todos y de pronto la grata posibilidad de competir en Karting del Sudeste y con figuras con muchos años de trayectoria.
Tenía casi veinte años y eso es dar mucha ventaja porque aparecen pilotos que desde los siete añitos aceleran un karting y superan etapas que los consolidan en sus aspiraciones en una pista.
Es el caso de Javier Artia, hijo de Rubén Vasco Artia reconocido médico de nuestra ciudad y dirigente del Club Palermo por muchas temporadas. “Mi viejo siempre recorría el circuito La Calera, desde su construcción y en la que veíamos como trabajaban, entre otros, Rubén Monge, Israel Jurado y así nació una linda amistad que todavía perdura.
De pronto no recuerdo que piloto me dijo si quería correr en Karting y le dije que si me gustaba lo haría; siempre y cuando me dejase probarlo. De allí en adelante no paré más, Todo lo contrario, en medio de las carreras tuve que ir varios mano a mano con Ricardo Marmetto, padre, Santiago Chico, Luis Preziozo, Marcelo Lasala, Omar Guanella; los que siempre estuvieron peleando la punta en cada carrera”, indicó.
En medio de su presencia en pista surgió estudiar en la Facultad de Veterinaria, en Tandil hasta que se recibió. Ahora trabaja en todo lo inherente a los desarrollos en los campos; algo que lo apasiona también.
Monomarca
Hubo dos etapas que lo mantuvieron al frente en los torneos de la Monomarca y con dos autos totalmente diferentes en sus colores (azul y blanco) pero con el mismo equipo siempre.
“Existía tanta amistad que todo se hacía por el simple objetivo: ser ganadores y si no salía como se esperaba todos retornábamos sin reproche alguno. Me acuerdo que armábamos el auto en el taller de Eduardo Uzcudún, con motores del Tío Blanco, Alejo Domínguez, los hermanos Peucelle y Pablo Ramírez; luego con el auto que era de Francisco Eguren siguieron los hermanos Zicarelli, la Tota Márquez traída por Sergio Villarreal y se formó la peña El Trébol de Cuatro Hojas. Era todo tan lindo que cuando volvía de mis trabajos encontraba todo hecho y eso de cenar entre mis amigos ayudaba mucho lo que eran las competencias”, agregó.
“Te voy a agregar algo. El mejor auto que manejé y no se porqué fue el de Fabián Zunda, cuando me invitó a correr en Lobería. Gané dos campeonatos con mis autos, que eran impecables pero ese (por el de Fabián) hacía todo casi perfecto”, enmarcó.
Tiene tres hijos; está en pareja y muy feliz y para cierre fue muy claro: “Extraño mucho a mi padre. Fue un pilar valioso por todo lo que me enseñó en la vida; sin pedirme resultados y compartí su felicidad cuando lográbamos victorias (21 en total) y ni hablar de los asados en familia, en el campo y también en los parques cerrados”.///