Javier Espinosa: piloto, dirigente y comisario deportivo del Sudeste
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Fue el año en el que la categoría tuvo un cambio rotundo en lo tecnológico. Motivos hubo para adoptar la incorporación de motores R12 y alejarse de los legendarios Gordini y en Minicross que, desde esta determinación, tuvo el salto vertiginoso deseado y así se fueron dando campeonatos inolvidables por la calidad de los pilotos y espectáculos en la diversidad de trazados de tierra compactada. Emergió la figura de Javier Espinosa, al amparo de la motorización del afamado Guillermo Boaglio y prendido en duelos recordados con pilotos de la talla de Carlitos Vallejo y Javier Arrivillaga, entre otros.
“Todavía recuerdo la gran definición que tuvimos en La Bota, de Olavarría en el que junto a Arrivillaga y Vallejo nos dimos hasta el final; me quedé sin frenos y pude ganar esa carrera que me dio un puntaje valioso para ese campeonato de 1995”, analizó Espinosa.
“Era una época en la que todo varió para bien. El motor R12 fue una solución; no hubo más roturas, todo se fue emparejando con el paso del tiempo y logramos ser competitivos, ganadores y sostenernos siempre en los primeros planos de la categoría”, agregó.
“Después me sumé al Moto Club Tres Arroyos y fui parte de infinidad de organizaciones hasta contar con el título de comisario deportivo. Fue interesante el curso que nos brindó la CDA del Automóvil Club Argentino, viajes durante cinco semanas consecutivas y con seis horas de clases para conocer el aspecto reglamentario; datos interesantes para tenerlos en cuenta para aplicarlos en las carreras y demás”, afirmó.
“Es una función ingrata. Uno ya tenía la experiencia de estar en pista y desde afuera se tiene que considerar lo que está escrito en el RDA y hacerlo valer en cada determinación.
En Lobería fui comisario deportivo en una carrera de APSE y recibí infinidad de críticas porque detuve en dos ocasiones una final de la Monomarca y era porque volaba tierra en la primera curva y el informe del veedor era claro: no se veía nada. Me recriminaron y mucho porque adopté ese criterio; pero jamás pensé en poner el riesgo de los pilotos y retorné a Tres Arroyos con un dejo de amargura pero tranquilo en lo personal porque hice lo que debía hacer”, recordó. Ahora, con más de cuarenta kilos, apunta a bajarlos su otra pasión es la pesca deportiva. ///