Juan Forn rescata tesoros perdidos en el gran océano literario
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Una nueva colección de Tusquets salva libros del olvido
En la galaxia editorial Juan Forn tiene un personaje favorito: los libreros. Entre menciones a Nabokov y Stendhal, destaca a un ignoto y vernáculo Rubén, un orfebre de la lectura, dueño de un local en la provincia de Córdoba, a quien considera uno de los líderes de opinión más importantes del país en la materia. Este erudito elige siempre recomendar algo cara a cara, ir contra las masas, en la soledad y en la oscuridad. Y, en esta línea coherente, no de modo casual llamó Nadar de noche su libro de cuentos, hoy un clásico de la literatura argentina reciente.
Sin abandonar el remanso de su hogar en Villa Gesell, Forn regresa como editor de una colección que propone rescatar tesoros perdidos en un océano donde habitan especies de compleja clasificación. Rara avis (Tusquets) salva del olvido a grandes obras y nombres de las letras.
Forn viaja a sus inicios profesionales y expresa que «amó el oficio de editor desde joven», que quiso hacer con esta colección un trabajo «cristalino» y que también insistió en bautizarla Magoya, pero desistió en su afán cuando le hicieron notar que el epíteto rioplatense generaría gran desconcierto en otros países.
Hay algo en lo que este escritor no claudica y es en la valoración de un libro a partir del poder que posea para conmover al lector. «La clase de libros que me interesan son los que establecen un vínculo emocional con el lector, no sólo los de complicidad intelectual. Es decisivo para que me guste un libro», y así corta la cinta que inaugura esta colección Crónica de mi familia, de Vasco Pratolini, una bellísima carta que un hermano le escribe a otro, una historia de orfandad, abandono, reencuentro y amistad. Hoy pocos recuerdan al autor italiano y esta novela, que ningún editor quería publicar en 1944 por considerarla testimonial, hasta que Pratolini, sin cambiar una coma, sólo con una pequeña aclaración al comienzo, logró que viese la luz con la falsa apariencia de una novela de ficción.
A Forn le encantan los libreros y le divierte mucho más aún su incomodidad. Son aquellos libros de difícil clasificación -«mestizos», los define- sus favoritos. Para Rara Avis, también eligió esos ¿ensayos? llamados Anticonferencias, del gran cuentista Isidoro Blaisten, un diario de la fotógrafa Adriana Lestido (Antártida negra), la novela sobre el diablo y su visita al mundo de los mortales de Mark Twain (El forastero misterioso), la biografía que E. Jean Carroll escribió sobre Hunter Thompson (Hunter) y la invitación a la cocina de la escritura de Dalmiro Sáenz (El oficio de escribir cuentos), entre otros. La no ficción, como la de Pratolini, Blaisten, Lestido, Carroll y Sáenz debió luchar para ser considerada literatura. «Ahora estamos en una época con signo inverso. En el mundo de los escritores, si confesabas que estabas escribiendo un libro basado en un hecho real, te consideraban un escritor de segunda categoría, porque no te tomabas el trabajo de imaginar. El mestizaje de géneros comienza a ser considerado algo cotidiano a partir de las redes sociales», reconoce Forn.
El culpable de hundir un texto o a un escritor en el olvido es el «sistema de validación», algo similar a lo que otros llaman canon. Hace algunos años, una espiral de voces comenzó a rescatar una joya de la literatura del siglo XX: Stoner, de John Williams. También Forn. «¡Ojalá con alguna de estas obras de la colección se pueda pegar un Stoner y rescatar un libro!»
En principio, ocho libros «que no se dejan etiquetar» integran la nueva colección de Tusquets que se publicará a partir de este mes.
Cronica de mi famlia
Editorial: Tusquets
Vasco Pratolini (1913 -1991)
Fue uno de los más relevantes escritores del siglo XX en Italia. En 1955 mereció el Premio Viareggio por Metello además del premio Feltrinelli de la Academia Italiana y el Premio Marzotto.
Nació en Florencia en el seno de una familia humilde. La madre murió en 1918 mientras su padre estaba en la guerra, y tuvo que irse a vivir con sus abuelos. A los 12 años se trasladó a vivir a Via del Corno, calle que se convertiría en la protagonista de una de sus principales novelas. Trabajó como vendedor ambulante, en bares y como tipógrafo.
Básicamente autodidacta, entró en el mundo de las letras gracias a su relación con Elio Vittorini en el periódico Il Bargello.
Después de la guerra se mudó a Nápoles donde desarrolló una intensa actividad periodística como corresponsal de los periódicos Milano Sera y especialmente Paese Sera.
En 1964 fue nominado al Oscar por su guion de Cuatro días en Nápoles de Nanni Loy con Regina Bianchi, Pupella Maggio y Gian Maria Volonté.
