Jueves 19 de enero de 1995
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Lo que costaba comer en la temporada veraniega
Buen ritmo de trabajo en las pizzerías. Los turistas controlaban celosamente sus gastos
Los precios que exhibía la gastronomía en el verano de 1995 en Necochea, no habían variado demasiado con respecto a la anterior temporada. La competencia entre los distintos establecimientos era marcada y se intentaba atraer a los turistas con los tradicionales carteles pintados en las vidrieras, ofreciéndoles platos de diferentes comidas junto al valor de cada uno de ellos.
Como sucedía en todos los tramos estivales, había locales que prácticamente no necesitaban de esa promoción y ese era el caso de las pizzerías, cuyo nivel de actividad era elevado. Un caso parecido acontecía con las parrillas o los bares al paso, que generalmente ubicaban las mesas sobre las veredas para satisfacer la demanda.
De acuerdo con los operarios del rubro, se incrementaba el ritmo de trabajo en la segunda quincena de enero y ello se debía a que se observaba "más gente" que el verano pasado, aunque se hacía la aclaración que se "gastaba menos".
Esta característica del turismo, sin dudas, favorecía a los establecimientos que contaban con precios más bajos.
Algunos consultados sostenían que la estabilidad de las tarifas estaba relacionada con la reducción en los márgenes de ganancia, inclusive, se señalaba que los distribuidores de cerveza incrementaban su precio, pero más de un empresario local prefería bajar su valor de venta al público, como un modo de atraer clientes.
Como se sabe, esta bebida figuraba al tope entre las más consumidas.
Era necesario aclarar que los precios guardaban relación con los lugares que se eligían para almorzar o cenar, así como también con la elaboración que implicaba determinado plato.
Las consultas efectuadas en esa temporada, permitían constatar que ahora los restaurantes estaban trabajando intensamente en el expendio de comidas para llevar, superando largamente esta demanda a la que se verificaba en el interior de los locales.
En el ranking de las preferencias, las pizzas marchaban a la cabeza y solo bastaba presenciar el ritmo de actividad de los establecimientos.
Los precios variaban según la característica y el tamaño del producto, pero se promocionaban las de muzzarella entre 4,50 y 6 pesos.
Por ejemplo, una "Roma" (tomate natural, muzzarella, jamón, morrón y aceitunas) grande costaba 10 pesos y 8 pesos la chica, que tiene menos porciones. El año anterior, en el mismo lugar, estaban 10 pesos y 7, respectivamente.
Las docenas de empanadas se venden entre 6 y 10 pesos, según el contenido.
La "batería" de ofertas alcanzaba a las parrilladas, donde se apreciaban carteles intentando cautivar a potenciales comensales. Por caso, se aseguraba que con una parrillada (8,60 pesos), comían dos personas.
Para paladear un vino reserva se debía pagar entre 3,90 y 20 pesos, mientras que las gaseosas (botella chica) se expendían a 2 pesos, el mismo valor del agua mineral.
Aquellos exquisitos que deseaban "regar" el menú con champán, desembolsaban cerca de 30 pesos, según rezaban las cartas.
Pero quedaba demostrado que la cerveza era la bebida del verano y se conseguía en estos precios: chopp, 1,50 a 2 pesos; botella de 3/4, 3,50 pesos y en algunos casos también se vendían de litro, paradójicamente, más baratas que las anteriores (2,50 pesos).
Los propietarios de los restaurantes, cuyo fuerte eran las pastas, aseguraban que la demanda era notoria, aunque insistían que los turistas cuidaban con "uñas y dientes" el dinero.
Un plato de ravioles o tallarines podía encontrarse desde 2 a 4 pesos, según el sitio donde se los consumía.
Como ocurría con las pizzerías o parrillas, las pastas eran otra de las alternativas del verano.
Los frutos de mar tenían un valor más elevado, pero eran una atracción para los visitantes. Un plato de calamaretes se cobraba 9,50; uno de rabas tenía un piso de 3,50 y un lenguado al roquefort de 8 pesos.
La infaltable milanesa era otro de los productos que más salida tenía y cuando era acompañada con papas fritas, su precio oscilaba entre 3 y 5 pesos.
Una ensalada tradicional de lechuga y tomate costaba 1,50, en tanto que un tomate relleno figuraba en 1,80 pesos.
Se controlaba el uso del agua
La Municipalidad de Necochea controlaba el uso que realizaba la población sobre el consumo y derroche del agua, a través de un grupo de inspectores que llevaban adelante sendos operativos al respecto.
La utilización indiscriminada del líquido elemento provocaba baja presión en diversos sectores de la población, por lo cual "no queremos que haya excesos", manifestaba el secretario de Obras y Servicios Públicos de la comuna, ingeniero Roberto González Mendizábal.
"La actuación de nuestros inspectores será rigurosa y si no se toma conciencia por parte de los vecinos, buscaremos la posibilidad de implementar la medición del consumo de agua por cada conexión existente y se adherirá el cargo correspondiente", decía el titular de esa dependencia.
El funcionario del Departamento Ejecutivo explicaba que en nuestra ciudad cada habitante utilizaba "650 litros de agua por día (...) y esto es demasiado, mientras que en las jornadas más frescas se utilizan 500 litros, un 30 por ciento menos".///
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