• La Ciudad
  • Deportes
  • Seguridad
  • Funebres
  • Clasificados
viernes 07 de agosto de 2026
  • Escucha Ecos Radio
  • Edición Impresa
Ecos Diarios

SECCIONES

  • Cultura
  • Clasificados
  • El mundo
  • El país
  • La ciudad
  • Espectáculos y arte
  • La región y provincia
  • Seguridad
  • Suple finde
  • Deportivo
  • Economia Finde
  • GPS
  • Letras
  • Mirada Urbana
  • Nuestra Historia
  • Perfil de Mujer
  • Personajes
  • Sociedad
  • Turismo
  • Varios
  • Escenarios
  • Fúnebres
  • Deportes Locales
  • Deportes Nacionales
  • Últimas noticias
  • Tiempo
  • Facebook
  • Twitter
  • Instagram
  • YouTube
  • Escucha Ecos Radio
  • Edición Impresa
  • OpiniónAñadir como fuente en

    Justa libre y soberana

    10 de julio de 2022 | 20:37
    Justa libre y soberana
    Ads

       ¡Qué formidable consigna! Un país – una patria – justa, libre y soberana. Con esas tres banderas, el 24 de febrero de 1946 Perón ganó las elecciones contra su competidor, el radical José Tamborini. Fue una victoria neta, pero no rotunda; 53,71% a 46,29%. Han pasado 76 años de los cuales casi 39 ha gobernado el partido airoso en los inicios de 1946.

    Ads

      En aquel momento de los años cuarenta la Argentina era el 47% del PBI de la América Latina, a pesar de la crisis de los treinta y de las – ¡cuándo no! – convulsiones políticas domésticas. Era relativamente injusta en materia de distribución de la riqueza, pero prometedora a partir de la movilidad social ascendente que fue una característica del país desde principios del siglo pasado. Por eso fuimos a la sazón un país excepcional dentro del escenario global geopolíticamente periférico. Nuestra característica diferencial fue la clase media, inexistente prácticamente el hemisferio sur del mundo. Era bastante libre, aunque obviamente dependiente de la agroexportación y sus mutantes precios. Y era lo suficientemente soberana como para ejecutar una estrategia de política exterior basada en la neutralidad, primero respecto de EEUU, el país emergente a fines del s. XIX , potencia después de la Primera Guerra y superpoder luego de la Segunda, y también en la puja entre los Aliados y la Alemania nazi y su Eje con Roma y Tokio.

       En los 76 años de imperio del justicialismo – gobernando directamente o influyendo decisiva y protagónicamente en el resto del tiempo – la Argentina descendió del 9° al 26° puesto en PBI nominal y al 67° en ingreso per cápita. De país migratorio receptivo a expulsivo, ahora inclusive de bolivianos, paraguayos, chilenos y peruanos. De movilidad social ascendente – todos los años nuevos argentinos de clase media – a descendente – nuevos pobres como hongos luego de recurrentes lluvias. De casi pleno empleo a desocupación nominal engañosa del 7%, pero con más del 40% de trabajadores informales y con un millón de empleados públicos innecesarios, sin contar los planes sociales en los cuales los únicos beneficiarios son los intermediarios – con el pomposo nombre de ‘movimientos sociales’-, es decir los dirigentes. Este sistema decadente asegura ineluctablemente la generalización de la pobreza. Si fuéramos menos hipócritas tendríamos que testar del Preámbulo eso de “promover el bienestar general” ya que en los hechos – prescindiendo de las intenciones que en aislados casos podríamos reputar de buenas – se está impulsando la pobreza para todos. El salario universal es eso: la puntada final para la Argentina pobre, la que se conforma con subsistir, hundida en la marginalidad de la vida económica, social, cultural y asimismo política. En efecto, una democracia exige ciudadanos plenos, no personas sometidas. La subordinación a un plan o a un salario básico es literalmente culminar la obra de una Argentina mediocre, parte del orbe marginal. Como alguna vez se dijo, una Argentina que se descuelga del mapa.

    Ads

       Claro que tenemos excepcionales recursos humanos y abundantes naturales, desde gas, petróleo y litio hasta riqueza mineral e ictícola, pasando por la posibilidad de un turismo receptivo – con el 1% de las clases medias del China e India  tendríamos ingresos colosales como para complementar los ingresos para sostener una moneda estable, reducir la inflación, desendeudarnos interna y externamente – no en el relato, sino en la realidad-   y montar un contexto emprendedor que cree actividad, empleo, producción y expansión. Empero, necesitamos imperiosamente que se erradique la mentalidad estatista que el justicialismo impuso en 1946, no obstante que es dable reconocer que  la Primera Guerra y la crisis del treinta fogoneó que radicales y conservadores asignasen – al son de lo que acaecía en el mundo – un rol creciente al Estado. Pero ese estatismo no puede seguir y menos aún desplegarse cada vez más. No puede ser que la cultura justicialista gane la partida de la demonización del emprendedor. Sin éstos, la Argentina tiene el futuro gris de un escritorio estatal ocupado por un empleado que sólo aguarda que llegue su horario de salida, pues le está vedada toda creatividad, cualquier innovación, hasta la más mínima idea distinta. No debemos ser crueles con los burócratas, pero hay que expresarlo con todas las letras: el país burocrático sólo tiene un destino de pobreza y marginalidad.

       Quizás, el mejor ejemplo del fracaso del país justo, libre y soberano que se nos propuso hace 76 años se encuentre en la política exterior de la llamada ‘tercera posición’. Suena a una lindeza, pero no sirvió. Con ella no atrasamos. Cuando el  Brasil de  Getulio Vargas arregló con Roosevelt obtuvo la financiación de Volta Redonda , clave para su vasta industrialización actual (sin perjuicio que produce más soja y carne que nosotros). La Argentina con su neutralidad fue identificada como ‘desconfiable’ y nunca se la auxilió para grandes empresas transformadoras. A esto hay que adunarle nuestros desaguisados políticos – algunos desopilantes, como el del ‘brujo’ entronizado en las cumbres del poder, asunto que no puede omitirse si aspiramos a hablar seriamente- y así desembocamos en esta dramática realidad de ad portas de una inflación disparada y un papel moneda que nos avergüenza. Me parece que la frustración de la mal pensada “tercera posición” se exterioriza, en una secuela trascendente, en el Consejo de Seguridad de la ONU reunido el 4 de abril de 1982 ¿Dónde estuvieron los vetos de la URSS y de China a la condena por nuestra “invasión” a las islas que estamos seguros que son nuestras? Sólo en nuestras fantasías de que estábamos siendo muy ‘vivos’ no alineándonos en la política internacional durante décadas.

    Ads

       Es tiempo de volver a plantear grandes objetivos, incluyendo justicia, libertad y soberanía. Empero, la vía por la que optamos para conseguir esas metas reconozcámoslo que no sirvió. Es hora de cambiar a fondo.

    * Por Alberto Asseff, diputado nacional

    Ads
    AUTOR
    Foto de Ecos DiariosEcos Diarios
    Ads
    Ads
Ecos Diarios
Añadir como fuente en
SERVICIOS
  • Escucha Ecos Radio
SECCIONES
  • Cultura
  • Clasificados
  • El mundo
  • El país
  • La ciudad
  • Espectáculos y arte
  • La región y provincia
  • Seguridad
  • Suple finde
  • Deportivo
  • Economia Finde
  • GPS
  • Letras
  • Mirada Urbana
  • Nuestra Historia
  • Perfil de Mujer
  • Personajes
  • Sociedad
  • Turismo
  • Varios
  • Escenarios
  • Fúnebres
  • Deportes Locales
  • Deportes Nacionales
2026 | Ecos Diarios| Todos los derechos reservados: www.elecos.com.arPropietario: SAECI S.A | Director: Gonzalo Julián Irazoqui
Edición Nº10533
Términos y condicionesPrivacidadCentro de ayuda
Powered by
artic logo