Justificadas sospechas de connivencia más negligencia
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La semana pasada como resultado del sondeo de opinión que publicamos en nuestra página web con relación al Operativo Sol a Sol, el 39% opinó que no sirve, el 24% que es inútil y un 37% que sirve. Surge que el 63% descalifica la presencia de los efectivos en esta temporada. Parece solo una puesta en escena de uniformados caminado como turistas por la calle 83 y avenida 2. Mientras proliferan los llamados trapitos aun diciendo que, en calle 6 entre 83 y 81 el estacionamiento no es medido, confundiendo al visitante, por citar solo un ejemplo de falta de control.
Hace años que la inseguridad dejó de ser una sensación, si tomamos como seria aquella afirmación de Aníbal Fernández, ahora comienzan a ser más que justificadas las sospechas de connivencia entre la Policía y la delincuencia, desde rateros hasta aquellos que llevan a cabo robos violentando puertas de autos o en domicilios particulares, con agresión física de todo tipo a las víctimas, en estos últimos casos.
La captura de un mal llamado “cuidacoches” con un inhibidor de alarmas tras varios robos en la Villa Díaz Vélez, deja en evidencia la falta de prevención en lugares muy transitados de la zona turística, a cualquier hora del día y a pesar de la mayor presencia policial.
Días atrás un lector de Ecos Diarios cuya hermana fue víctima de la rotura de la cerradura de su vehículo en la avenida 2, a menos de 100 metros del edificio del ex complejo casino, expresó sus sospechas que, a pesar de una mayor presencia de efectivos policiales en el lugar se habían registrado varios robos mediante la misma modalidad.
La queja del vecino se produjo en una semana en que ocurrieron, paradójicamente, gran cantidad de robos de vehículos estacionados en la zona de mayor afluencia de público.
Años atrás ante el hartazgo de la población por los robos y la inseguridad se morigeraba con el reemplazo del jefe policial, aunque esto en el tiempo fuese una solución pasajera. Con solo mencionar la creación de las Departamentales y el cambio de nombres a las jefaturas, color y “ploteados” de los patrulleros. Esa medida fue gatopardismo puro.
El actual hartazgo ante la falta de seguridad tendría que ser una llamada de atención para las autoridades municipales, quienes no deberían dejar de trasladar, puntualmente, ese malestar al jefe de la Departamental Necochea, Jorge Mastropierro.
Hasta hace poco más de cinco años los reclamos de las autoridades municipales podían llevar al recambio del titular de la Departamental, que se convertía de esta manera en un fusible.
Esto no ocurre desde que Mastropierro está a cargo a lo que hay que agregar lo que dijo el extravagante ministro de Seguridad bonaerense, Sergio Berni, quien dio a entender que no cederá ante la presiones de los intendentes a la hora de cambiar jefes policiales.
Parece que la continuidad de Mastropierro, estuviera soldada ni siquiera se puso en duda en 2019 cuando fue sancionado por no presentar una declaración jurada de sus bienes ni por irregularidades en la provisión de combustible a los vehículos de la fuerza policial.
Esta total falta influencia de las autoridades municipales sobre quién manda a la Policía del distrito, lleva a que las decisiones sobre la seguridad en Necochea se tomen a cientos de kilómetros de distancia con estadísticas más que sospechosas.
Respecto a esto último, se debe tener en cuenta lo que dijo el propio Berni cuando en abril pasado afirmó que en Necochea “bajó el delito”.
Ni el crimen de una mujer de varios balazos y una puñalada, que se sospecha vendía drogas, ni varios robos en lugares céntricos y a plena luz del día, como el ocurrido en 57 entre 64 y 66, en la casa de Nazar, hicieron siquiera pestañear a las autoridades policiales, pero siempre la inoperante investigación se inicia con la clásica pregunta ¿cuánto le robaron?
El último hecho de estas características ocurrió hace unos días cuando delincuentes ingresaron a la vivienda del preparador físico Jorge Casaprima, en 69 entre 62 y 64.
Nadie se inmutó tampoco con varios robos registrados a menos de 100 metros de la municipalidad. Si bien se insiste con que el personal policial no alcanza para hacer tareas de prevención, tampoco hay resultados en cuanto a la pesquisa, cuando los delitos ya fueron cometidos.
A esto se suma una silenciosa sangría de efectivos policiales que ante el malestar cada vez más justificado de la comunidad y ante delincuentes cada vez más violentos e impunes, optan por dejar la fuerza, por miedo, falta de preparación o vocación.
Mientras tanto hace más de dos años la comisión de seguridad del Concejo Deliberante se queja de que las autoridades policiales no se presentan a las reuniones a pesar de las constantes invitaciones. En ese escenario, poco parece lo que podría hacerse, incluso poniendo en marcha un proyecto como el impulsado por el radicalismo para crear un consejo municipal de seguridad ciudadana.
Pero si todo este clima enrarecido que abona la inseguridad podría justificarse con la falta de personal policial, el cansancio e incluso algo de desidia, lo ocurrido desde el inicio de la temporada de verano hace que las sospechas de connivencia con la delincuencia sean cada vez más justificadas.
La presencia de “trapitos” cuidadores de coches en lugares donde funciona el estacionamiento medido deja en claro la falta de control tal cual lo señalamos al comienzo de esta nota. Y que los propios “cuidacoches” sean quienes roban los vehículos agrega a las víctimas una “sensación” de que en la ciudad existen zonas liberadas para la tranquilidad y accionar de estos individuos.///