Justino Fernández: “Los jóvenes necesitan que les cuenten que otro mundo es posible”
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El sacerdote cumplió 80 años y recibió el cariño de su comunidad. Se hizo una misa con la presencia del Obispo en Medalla Milagrosa
“Si bien uno vive su vida para sembrar más que para cosechar, el reconocimiento de tus amigos, de los que te han acompañado en la vida y sobre todo de la comunidad te llena de gratitud”, señaló el párroco de la Medalla Milagrosa, Justino Fernández, al cumplir 80 años de vida.
En el marco de su cumpleaños, se realizó una misa en su parroquia ayer al mediodía, con la presencia del obispo de la Diócesis de Mar del Plata, Gabriel Mestre, y los párrocos de todo el distrito, así como también sacerdotes de Morón y de San Martín. Además, participó toda la comunidad y muchas familias de otras parroquias que lo conocieron a lo largo de la vida, durante su paso por otros templos.
Su vocación de servicio
Justino Fernández nació en España, pero a los 5 años llegó a la Argentina junto a sus padres y se radicó primero en Juan N. Fernández y después en Necochea. Ya de muy chico, empezó a sentir su vocación y, a los 12 años, ya lo tenía decidido.
Recordó que a los 7 años tomó la comunión en Santa María del Carmen y después continuó de acólito. Ese mismo año se ordenó Rómulo García, quien después fue segundo obispo, y él participó de la ceremonia de ordenación como monaguillo, un acontecimiento que ya empezó a marcar su camino.
Sin embargo, quien definitivamente lo hizo decidirse fue el párroco Víctor Pedro Zorn. “Fue un hombre extraordinario y un pionero en la pastoral”, contó. Además, recuerda con mucho cariño que en verano “se arremangaba la sotana” e iba con los monaguillos en bicicleta a pasar el día a Las Grutas. “Creo que, en esos momentos, me fue naciendo el deseo de ser alguien como él”.
A los 12, les dijo a sus padres que quería ser sacerdote y fue así como empezó su camino dentro de la Iglesia. Cursó sus estudios de bachiller en el Seminario Menor en Gonzales Chaves y luego ingresó al Seminario en La Plata. En 1966, se ordenó sacerdote, es decir, hace 57 años.
Primero fue designado a Maipú como ayudante de la parroquia central y cuatro años después fue trasladado a Quequén para asumir como párroco de Nuestra Señora de la Merced, donde estuvo 12 años.
Luego fue designado párroco de Nuestra Señora de Lourdes de Necochea, en el sector de la playa, completando 25 años en esa comunidad, y desde 2002 está a cargo de la parroquia de la Medalla Milagrosa (61 y 22). A diferencia de otros sacerdotes, ha hecho toda su historia en el distrito. “Se ve que me querían”, dijo entre risas.
A la consulta sobre si alguna vez se va a retirar, dijo que mientras Dios le dé lucidez va a continuar haciendo lo que hizo siempre y aclaró que “uno no se puede jubilar de su vida”.
El sentido de la vida
Al mirar para atrás y hacer un balance de su vida, dijo: “Yo siempre tuve la vocación de contar a la gente sobre Dios y a hablar de Jesús, que nos vino a revelar un camino que nos hace felices y nos salva la vida”. Sobre su historia como párroco, destacó la formación del movimiento juvenil en Quequén en 1972 y enumeró la cantidad de Caminos que se hicieron para adolescentes, jóvenes y adultos.
Pese a que la sociedad ha cambiado mucho desde su ordenación hasta hoy, Justino Fernández aseguró que “la gente, aunque sin saberlo, sigue necesitando ese ideal de vida, lo que le da sentido a la vida, eso que te hace vibrar más allá del ‘que tengo ganas de hacer hoy’, en definitiva, sigue necesitando de Jesús”.
“Más allá de las campañas ideológicas que se hacen en contra de abrirse a la Iglesia, tanto jóvenes como adultos siguen necesitando de testigos que les cuenten que otro mundo es posible, no el mundo del egoísmo y del consumismo, sino el mundo del compartir, del abrazarse, del quererse y del servirnos los unos a los otros, que es el mundo del que habló Jesús”.
De todas maneras, se mostró esperanzado porque “más allá de que en los medios solo aparece lo oscuro del mundo”, para él, “hay mucha gente que en el día a día, sin saberlo o no, va a construyendo ese reino de Jesús en su familia, en su barrio, con su compromiso político, en su acción social y en su trabajo por el bien de todos, que es lo cuenta en definitiva”.///