La apicultura en un momento de articulación
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La producción de miel en el distrito intenta romper las barreras internacionales en un escenario marcado por las advertencias de los científicos por la desaparición de abejas y la falta de trabajadores capacitados
Un estudio presentado el año pasado por la Universidad Nacional de Mar del Plata y el Conicet advertía que las abejas están en riesgo y que es necesario que el gobierno tome medidas preventivas para evitar que las colmenas comiencen a «desaparecer».
En nuestra ciudad desde sectores vinculados al ambientalismo se ha advertido en los últimos años sobre los peligros de la desaparición de las abejas, algo de lo que los productores rurales no parecen haber aún tomado conciencia. Mientras, los apicultores locales han visto notablemente reducido su número, principalmente debido a lo poco redituable de la actividad por las cargas impositivas y las trabas a la exportación. Se debe tener en cuenta que el 80 por ciento de la miel que se produce aquí se exporta.
En este escenario, el problema de la apicultura local parece extremadamente complejo y con diversas facetas, no sólo es la cuestión de los agroquímicos, también la falta de políticas que impulsen la actividad y hasta la formación de jóvenes que permitan sostener la producción.
En medio de este intrincado panorama, se debe tener en cuenta que las abejas no sólo producen miel: son responsables de la polinización de una gran variedad de plantas y su presencia es necesaria para que se produzcan frutos y semillas. La mortandad de millones de ejemplares en Córdoba, el año pasado, encendió una señal de alerta.
Realidad local
En 2013 la revista estadounidense Time publicó un artículo de título al menos inquietante: “Un mundo sin abejas. El precio que pagaremos si no averiguamos qué está matando a la abeja de la miel”.
El artículo hacía hincapié en la importancia de estos polinizadores, a los que reconocía como “los trabajadores no remunerados del sistema agrícola estadounidense, que agregan más de 15.000 millones de dólares en valor a la agricultura cada año”, sino que advertía del riesgo de su desaparición.
A nivel nacional, la muerte de abejas melíferas fue noticia el año pasado tras conocerse la desaparición de 70 millones de ejemplares en el valle de Traslasierra, en la provincia de Córdoba. Se cree, de acuerdo con los análisis del Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa), que la causa habría sido el uso de pesticidas.
En Necochea la realidad es distinta. Hay abejas, pero los apicultores han visto reducido notablemente su número en las últimas décadas.
“No tenemos cifras exactas, pero creemos que hay unos 60. En algún momento hubo hasta 200”, explicó Leonardo Ruggieron, subsecretario de la Producción de nuestro distrito.
“Respecto a la desaparición de las abejas, hay dos visiones encontradas. Nosotros creemos que es una actividad que está resurgiendo”, señaló e hizo referencia a diversas medidas que se conocieron en los últimos días en el ámbito del Concejo Deliberante y vinculadas a la zonificación para la instalación de salas de extracción. También respecto a la trazabilidad de la producción de miel local.
Jorge Wasowski, uno de los apicultores de mayor trayectoria de nuestra ciudad, quien en la actualidad ya no se encuentra vinculado a la producción, señaló como una de las principales dificultades para el crecimiento de la actividad no tiene que ver con cuestiones ecológicas ni económicas, sino de capacitación.
“Coinciden varios factores, como la rentabilidad, el impacto de las retenciones sobre los precios, pero el problema más grande es que no se puede conseguir gente para trabajar”, afirmó Wasowski.
Precisó que la mayoría de los jóvenes que años atrás integraban la fuerza laboral de la apicultura local iniciaron sus propios emprendimiento y no se formó a nuevos trabajadores.
En cuanto al factor ecológico, indicó que entre los productores agrícolas locales no hay conciencia sobre el rol de la abeja.
“En Estados Unidos los apicultores viven de la polinización y hasta tienen que contratar colmenas de otros países para poder completar el ciclo. La falta de abejas es un problema que ocurre en el mundo”, precisó.
Sin duda esto se debe a que cultivos como el trigo y el maíz no dependen de polinizadores. Pero otros sí, como es el caso del girasol. “Un girasol bien polinizado rinde hasta un 20% más”, dijo Wasowski.
Estudio preocupante
En agosto de 2018 se dio a conocer un estudio que lleva más de seis años en curso. A través del mismo, un grupo de investigadores del Conicet y de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Unmdp) han podido determinar que casi el 90% de la miel de abeja que proviene de zonas agroindustriales de la Argentina contiene residuos de agroquímicos. Advierten que, si el gobierno no toma medidas preventivas, las colmenas del país podrían empezar a «desaparecer».
La producción agrícola a nivel mundial depende de los organismos polinizadores para generar aproximadamente el 35% de los alimentos. Se estima que las abejas son las que producen casi el 75% de los servicios de polinización en todo el mundo. Sin embargo, desde hace más de 10 años los apicultores de Estados Unidos y de distintas regiones de Europa vienen denunciando la desaparición masiva de las colmenas.
Según la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y Agricultura (FAO), una extinción total de las abejas provocaría una auténtica crisis alimentaria. Dentro de los Objetivos para el Desarrollo Sostenible al año 2030 (ODS) promovidos por la FAO, la preservación de las abejas cumple un papel fundamental para la consecución del “Hambre Cero”.
En Argentina, los primeros reportes que existen sobre problemas de características similares a los de Estados Unidos y Europa se remontan a 2012. Durante ese año, apicultores de las provincias de Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe denunciaron que las abejas eran encontradas muertas en el exterior de la piquera (abertura de la colmena) o directamente no volvían a la colmena luego de los vuelos, lo que causó pérdidas del 50 a 90 por ciento de la población en unas pocas semanas.
Actualmente, Medici trabaja en el Instituto de Investigación en Sanidad, Producción y Ambiente (IIPROSAM) del Departamento de Biología en la Facultad de Ciencias Exactas de la Universidad Nacional de Mar del Plata (Unmdp) en conjunto con el Centro Biotecnológico Fares Taie a través de un convenio con Conicet, desde donde desarrolla sus investigaciones sobre la protección y sanidad de la abeja melífera.
En conjunto con el grupo de investigadores de la Unmdp se analizaron 50 muestras de mieles provenientes de zonas agroindustruales de las provincias de Santa Fe, Córdoba, La Rioja, Formosa, Entre Ríos, Corrientes, Buenos Aires, Rio Negro y Neuquén. Del total de las muestras analizadas, el 88% presentó residuos de pesticidas, siendo el endosulfan sulfato el agroquímico más frecuente.
Si bien los valores hallados de estos productos en miel están por debajo de los límites máximos permitidos por la Unión Europea, se pudo utilizar este parámetro para identificar las provincias de mayor riesgo para la actividad apícola, porque la presencia de estos productos en la colmena puede causar un efecto sinérgico negativo con los acaricidas utilizados en la actividad apícola.///