La atleta más completa
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Hace 25 años Ana María Comaschi anunciaba su retiro de la alta competencia
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Adrian Stolarczuk
Redacción
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A los 30 años y tras una excepcional carrera deportiva con títulos, medallas y récords, la atleta Ana María Comaschi anunciaba hace 25 años su retiro de la alta competencia. Se despedía una de las deportistas más importantes de la historia de nuestra ciudad y del país.
Una rebelde lesión precipitó la decisión que analizó por varios meses y que comunicaba en agosto de 1996 sin ocultar cierta tristeza en diálogo con Ecos Diarios: “Tras los Panamericanos me di cuenta que la pierna izquierda, operada dos veces de una lesión en el isquión (hueso ubicado en la unión de la pierna con el glúteo), no me permitía competir a alto nivel, pues me dolía mucho. Me costó tomar la decisión, pues el deporte es todo para mi y lo extraño un montón, pero no tenía otra opción…”
Atrás quedaban más de 20 años dedicados a su gran pasión. El atletismo le significó alegrías y el reconocimiento nacional e internacional, pero también la obligó a privaciones, una entrega total y también sinsabores.
Inició su preparación física a los 8 años, en la Escuela Argentino Danesa Alta Mira. Entrenada por Alberto Peña en nuestra ciudad, rápidamente se destacó en varias pruebas, hasta incomodando a los varones a quienes solía superar. En 1980 fue campeona argentina de triatlón en la categoría infantil. Allí comenzó su camino en las pruebas combinadas, especializándose en el heptatlón, disciplina olímpica que desafía al atleta a competir en sólo dos días en siete pruebas: 100 metros vallas, salto de altura, lanzamiento de peso, 200 metros lisos, salto de longitud, lanzamiento de jabalina y 800 metros lisos.
Siendo aún menor, fue dos veces campeona argentina de heptatlón, entre 1981 y 1982. Serían los primeros de sus 23 títulos en los Nacionales de mayores a lo largo de su carrera (14 individuales y 6 en relevos), erigiéndose aún hoy como la segunda atleta más ganadora de esa competición, detrás de Olga Conte. En el Nacional de 1989, últimos realizados sobre pista de carbonilla, en Gimnasia y Esgrima de Buenos Aires, fue campeona en el heptathlon con 5.451 puntos (a sólo tres de su entonces plusmarca nacional), y también en los 100 metros y lanzamiento de bala, completando cinco medallas doradas con el relevo de Provincia de Buenos Aires. Fue una de las atletas más completas del país, no sólo brillando en el heptatlón, sino sumando además títulos nacionales en los 100 y 400 metros con vallas, 100, 200 y 400 metros llanos, lanzamiento de bala a lo largo de su carrera.
Salto internacional
En diciembre de 1982 lograría su primer gran éxito internacional, ya compitiendo entre mayores, siendo subcampeona en los II Juegos Sudamericanos Cruz del Sur, en Santa Fe.
En categoría juvenil, en 1983, lograría en Medellín, Colombia, la medalla de bronce en la exigente prueba del heptatlón en el Campeonato Sudamericano de la categoría estableciendo un récord argentino de 4.955, mejorando los 4.951 que ella misma poseía.
La marca sería rápidamente batida a los pocos meses cuando en septiembre del ’83 logró 5.098 puntos durante el selectivo que la llevaría a disputar el Campeonato Sudamericano de atletismo nuevamente en Santa Fe, en la única pista de tartán que había fuera de Buenos Aires por aquellos años.
Su proyección la hizo mudarse a Mar del Plata para continuar allí sus entrenamientos, ciudad que la cobijó como propia y donde luego formaría luego su familia. También pasaría varios años en Buenos Aires, representando a Ferro Carril Oeste.
En 1985 Comaschi alcanzaría su consagración definitiva en el plano internacional, siendo campeona sudamericana en heptatlón a nivel junior en Santa Fe y en mayores en Santiago de Chile. Y al año siguiente lo ratificaría logrando dos medallas en los Juegos Odesur también en Chile, la dorada en el heptatlón y bronce en lanzamiento de jabalina.
Récord y los Juegos
En 1988, en el Campeonato Nacional en Santa Fe, batió el récord nacional del heptatlón con 5.454 puntos, mejorando los 5.241 de Yvonne Neddermann, señalados en 1981. En el Sudamericano de 1989 en Medellín se subió al segundo escalón del podio en los 100 metros con vallas y fue tercer en salto en largo.
Camino a su ilusión olímpica, logró uno de los mejores resultados de su carrera en el Campeonato Iberoamericano de 1990, en Manaus, Brasil, siendo subcampeona en el heptatlón con 5.517 puntos.
Representó al país en los Juegos Deportivos Panamericanos de La Habana, en Cuba, en 1995 finalizando quinta en el heptatlón, y luego lo hizo en el Mundial en Tokio, ubicándose 23º.
En el Campeonato Iberoamericano de 1992, en Sevilla, repitió el subcampeonato sumando 5.795 puntos, batiendo su propio récord argentino y quedando muy cerca del mejor registro sudamericano. Su marca estuvo vigente por casi 30 años, hasta que en marzo de 2017 Fiorella Chiappe, con apenas 21, obtuvo un total de 5.815 puntos en la Copa Nacional de Pruebas Combinadas en Buenos Aires. También en España, pero en Madrid en 1991, rompió el récord argentino en los 400 metros con 52”99, superado recién seis años después por Olga Conte con 52”50. Incluso en los 100 llanos, la prueba máxima, aun figura entre los siete mejores tiempos a nivel nacional con 11”71 y tiene el récord de 11”3 con cronómetro manual logrado en Montevideo, Uruguay, en diciembre de 1989.
Su éxito en el Iberoamericano de Sevilla, le posibilitó clasificar a los Juegos Olímpicos de Barcelona, en 1992. Triste historia conocida, pero no por ello para soslayar, que la forzó a esconderse de los miembros de seguridad de la Villa olímpica por no tener la acreditación correspondiente. Recién llegada con sus ilusiones a cuestas, se enteró que el Comité Olímpico Argentino (COA) había incurrido en un insólito error burocrático y no la incluyó en la lista de deportistas acreditados para representar al país en los Juegos. Sin quererlo su historia recorrió el mundo como vergüenza del deporte nacional. A diferencia de las que alienta el cronómetro, seguramente esa fue la marca indeleble en el atletismo que nunca buscó o imaginó dejar. Aunque ocho años después ganaría una demanda al COA por el daño, nunca alcanzará para pagar aquella ilusión destrozada.
Aun enfrentada con la dirigencia que le había fallado en 1992, su última participación internacional fue en los Juegos Panamericanos de 1995, en Mar del Plata, finalizando octava en el lanzamiento de bala, al no poder presentarse en el heptatlón que “curiosamente” no estuvo en el programa oficial y lo dejaron solo como deporte de exhibición.
Más allá de su retiro de la competencia, nunca se alejó del deporte. Continua trabajando, por más de 20 años, como instructora de educación física en la Unidad Regional d la Policía Bonaerense, en Mar del Plata. Incluso en 2012, se animó a participar en el Campeonato Argentino para veteranos, disfrutó de un fugaz retorno a la pista y lo hizo con esplendor logrando la medalla de oro y el récord argentino en el lanzamiento de bala.
Ayer, en la pista del estadio “Justo E. Román” de Mar del Plata que la despidió como deportista de elite, la Federación Marplatense de Atletismo organizó el Torneo “Ana María Comaschi” en su homenaje.
Si bien esos sueños olímpicos de muy pequeña en Necochea no se concretaron, sin poder quedar en los registros como parte de la fiesta máxima del deporte, Ana María Comaschi ha dejado su huella con sus logros, ganándose un lugar entre las máximas exponentes de la historia del atletismo nacional.///