La autenticidad como la mejor versión de uno mismo
La emprendedora Ale en redes y su camino recorrido
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Rocío Magali Sánchez
Para Ecos Diarios
Cuando Mayra Alejandra González Velázquez recuerda sus comienzos, lo hace con una mezcla de emoción y asombro. “Arranqué con seis esmaltes”, cuenta y en esa frase parece resumirse una historia de reinvención, constancia y valentía.
Todo empezó cuando decidió dejar atrás la rutina de oficina y abrirse paso en un mundo nuevo. Lo que comenzó como una apuesta en medio de la incertidumbre de la pandemia, se transformó con el tiempo en un recorrido de aprendizaje que la llevó desde la manicuría hasta la creación de contenido digital.
Antes del 2020, Alejandra trabajaba muchas horas en una oficina que ya no resonaba con su manera de ver la vida. La pandemia la encontró recién egresada de un curso de manicura y con seis meses de deuda de alquiler.
“Ese mismo año pagué todo y arranqué el 2021 sin deudas”, recordó. Con esfuerzo, dedicación y una vocación innegable por el detalle, su emprendimiento creció hasta contar con más de 450 colores de esmaltes.
Sin embargo, después de cinco años de trabajo intenso, el ciclo se cerró. “Hoy cerré mi estudio de uñas”, dice con una mezcla de nostalgia y alegría. “Fueron cinco años de mucho aprendizaje”.
En el camino descubrió que las redes sociales no solo eran un escaparate, sino una verdadera ventana al mundo. Definidas por ella como “Mi ventana digital”. Mientras otras manicuras mostraban solo el resultado final, González Velázquez empezó a hablar del proceso: del cuidado de las manos, de la importancia de conocer a la persona que se atiende, de los productos adecuados para cada tipo de piel.
“Me empecé a capacitar y a darme cuenta de que no podíamos usar las mismas herramientas para todos. Eso fue mi diferencial”.
Su forma de comunicar, sincera y directa, llamó la atención. “A muchos no les gustó que dijera que no podíamos usar la misma lima o cortacutículas. Pero entendí que mi autenticidad era un valor. Que no podía sostener un personaje”. Esa autenticidad se transformó en su sello, y poco a poco comenzó a trasladar ese espíritu a otro terreno: el del contenido digital.
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Reinventarse otra vez
Curiosa por naturaleza, empezó a estudiar community manager. Primero por necesidad, luego por pasión. “Perdí amistades por ponerle valor a mi trabajo, pero también gané claridad sobre lo que quería. Empecé a trabajar con locales, con una doctora, con un corralón. Y un día me di cuenta de que lo que enseñaba a mis clientas sobre comunicar era algo que también tenía que aplicar en mí”.
Fue entonces cuando apareció una nueva palabra en su vida: UGC, que en inglés significa User Generated Content o contenido generado por el usuario.
“Me di cuenta de que todos hacemos UGC sin darnos cuenta: cuando mostramos un café, una crema o algo que nos gusta. Pero detrás de eso hay mucho más: hay contratos, pautas, planificación”.
Hoy trabaja creando contenido auténtico, natural, de ese que “vende sin vender”.
“La diferencia entre el contenido tradicional y el UGC está en la forma de contar una historia. Es mostrar cómo un producto te acompaña en la vida real. Es vender sin que parezca una venta”, explica.
Con la misma constancia que la había llevado a levantar su primer emprendimiento, “Ale en redes” (tal es su nombre en Instagram) empezó a escribir todos los días a distintas marcas.
“Mandaba entre 30 y 40 mails por día. Algunas respondían, otras no. Hasta que empezaron a llegar los primeros canjes, los primeros pagos, y con ellos, las oportunidades”, señaló.
En un mundo digital saturado de perfección, la entrevistada apuesta a lo real. “Hay marcas que no buscan modelos, buscan personas. Porque el público ya no conecta con el lujo ni con lo inalcanzable, sino con lo cotidiano”, sostiene.
Sus contenidos son cercanos, con humor, con errores, con toallón en la cabeza si hace falta. “No todos los días son buenos, y la gente necesita ver eso también. Que del otro lado hay alguien como ellos”.
Esa naturalidad, combinada con su visión estratégica, la llevó a ser seleccionada entre 150 creadoras de contenido para participar en el EmprendeFest, un encuentro que reúne a referentes del marketing digital en Buenos Aires.
“Fui al primer evento como espectadora, y menos de un año después estoy yendo como creadora invitada”, expresó. “A veces uno recorre el camino sin darse cuenta”.
Hoy, además de crear contenido, brinda asesorías. Pero aclaró que ya no se trata solo de redes. “Mis asesorías hablan más de ser líder de tu propia vida que de la parte técnica. No soy coach, pero tengo una historia. Y cuando hablás desde la experiencia, la gente confía”.
A sus 46 años, demuestra que nunca es tarde para reinventarse, que las crisis pueden ser un punto de partida y que el éxito no siempre se mide en likes, sino en coherencia con uno mismo.
“Las redes pueden llevarte a lugares maravillosos, pero lo más importante es no perder la autenticidad”, expresó.
Para ella la vida es un desafío que siempre estará dispuesta a enfrentar, con la fuerza y la creatividad que la impulsen a reinventarse una y otra vez.
La lucha por su identidad
“Soy hija de madre soltera, mi mamá es hija de madre soltera entonces, tenemos un linaje femenino muy fuerte” contó. Diferentes búsquedas personales la llevaron a hacer biodecodificación y distintas terapias holísticas que le dieron el impulso necesario para buscar a su padre. Su esfuerzo tuvo su recompensa y finalmente en el 2023 luego de un ADN salió la confirmación de su identidad y en agosto pasado, Alejandra recibió su nuevo DNI con el apellido materno y paterno, un logro que le permitió sanar heridas del pasado y comenzar una nueva etapa de su vida con menos mochilas.
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