La aventura de correr
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Destacándose con podios y buenos resultados, Etelvina Deguer recorre los paisajes más imponentes del país en pruebas de larga distancia
Por Adrian Stolarczuk
Como tachando objetivos una lista ideal para el turista promedio, Etelvina Deguer ha tenido la posibilidad de conocer algunos de los paisajes naturales más icónicos del país, como las sierras de Córdoba, las extensas playas de la costa bonaerense, la Cordillera de Los Andes o la selva misionera. Pero lejos de la comodidad de un tour guiado desde el hotel o el típico paseo de pocos minutos que deja sabor a poco, esta perseverante atleta conoció estos lugares corriendo pruebas de aventura. Más allá de la excusa de una meta física por cruzar o el saldo de colgarse esa medalla “finisher” que dice mucho más, Deguer también ha alcanzado meritorios podios y buenos resultados para destacarse. Sin embargo, el mayor disfrute parece no medirse con el reloj: esa sensación de descubrir el recorrido a cada paso, atravesar caminos que pocos han conocido, detenerse en lo alto de la montaña o refrescarse en un lago perdido, con la hermosa soledad que genera la naturaleza, son cosas que valen tanto o más. Y no se consiguen en una agencia de viajes.
“Más entretenido”
“No me gustan las carreras de calle, me parecen muy monótonas”, definió Etelvina sobre sus marcadas preferencias por las pruebas de aventura desde hace años. Y justificó que “en la naturaleza estás pendiente de lo que viene, te hace olvidar de la molestias, de la respiración o el ritmo, todo eso pasa a otro lado. Se pasa más fácil el tiempo con la distracción de la naturaleza. Es más entretenido”.
Entre su destacado palmarés, en 2019 obtuvo el cuarto puesto en la general damas de la reconocida ultramaratón Yabuti, en El Soberio, provincia de Misiones, con un recorrido de 70 kilómetros por la selva y los cerros. Este año también fue quinta en la general damas y ganó la categoría 31-40 años en la Tandil Adventure, una de las más convocantes del país que reunió a más de 700 corredores por los caminos del Cerro Centinela, atravesando cruces de arroyos, bosques de pinos, álamos y eucaliptos, y hasta canteras abandonadas.
En 2018, alcanzó el sexto puesto de la general damas de “El Cruce”, tradicional prueba de aventura en la Patagonia con un recorrido de 100 kilómetros, divididos en tres días, cruzando la Cordillera de los Andes y uniendo Argentina y Chile. Y en septiembre de 2017 ganó en la Ultramaratón Atlántica, sobre 45 kilómetros.
En este 2021, recuperando poco a poco la competencia, en enero ganó en las sierras de Balcarce, en una carrera nocturna de 16 kilómetros. A principios de este mes, logró un 9º lugar en la exigente Champa Ultra Race de 50 kilómetros por el Cerro Champaquí, en Córdoba. Feliz por la experiencia, más teniendo en cuenta el parate del año pasado, analizó que “al principio me costó con la cabeza. Te ponés a pensar ‘no estoy para esto’ y después te das cuenta que te preparaste bien. Vas mejorando y hay un disfrute total”. Incluso reconoció que “vas viendo los puntos débiles -durante la carrera- y pensás para la próxima en reforzar ahí, dónde mejorar o dónde faltó entrenamiento”.
Hoja de ruta
Sobre el despertar de esta pasión deportiva, reconoció que “siempre fui de hacer deporte, nadar, andar en bicicleta, pero no con constancia. Hasta que descubrí correr. Hace como 6 años, con una amiga, leímos un plan que encontramos en una resma de hojas “Boreal”, que te decía cómo empezar. Pero nos cansamos. Después nos anotamos en un grupo. Arranqué con Mauro Cabrera, en Necochea Running, y fue algo totalmente diferente entrenar en un grupo”, valoró.
Y a partir de allí, dio el paso competitivo. “Fue algo nuevo, no se me había cruzado por la cabeza competir. Lo hice en la primera carrera solidaria de Necochea, que era un buen motivo para sumarse. Y a partir de ahí le tomé el gustito”, contó.
La primera prueba de aventuras fue en Balcarce, en el Trail “Tierras del Diablo”. “A partir de ahí quería hacer sólo carreras de aventura”, confesó y la lista de metas se fue haciendo cada vez más extensa, recorriendo entre otros paisajes, Purmamarca en Jujuy, la selva misionera, Bariloche, Mendoza, Córdoba y hasta Pucón en Chile. “La carrera que más me hizo sufrir para pasarla fue “4 Refugios” en Bariloche. Me anoté en los 60 kilómetros y me costó muchísimo y hasta se me apagó el GPS. Y a la vez es de la que me llevé los paisajes más lindos. Sentí lo difícil que es el trekking de montaña, me sentía pesada”.
Sexo “débil”
A algunos aún puede sorprender que una mujer acepte y complete desafíos de 40, 60 o 100 kilómetros. Pero como en tantas otras cuestiones, las damas han dejado atrás los prejuicios y son cada vez más en la línea de meta en este tipo de desafíos exigentes, para mente y cuerpo, incluso logrando tiempos o completando distancias cuando muchos hombres quedan en el camino extenuados. “Al principio, al menos desde que yo estoy corriendo hace 5 o 6 años, éramos menos las mujeres. Pero cada vez somos más y hoy se llega a casi mitad y mitad con los varones”, expresó Etelvina.
100 millas
Buscando llegar a su propio límite, entre sus objetivos, reconoció que quiere “hacer la distancia madre del trekking que son las 100 millas (160 km) como la “Patagonia Running” en San Martín de Los Andes. Pero lo quiero hacer disfrutándolo, así que me va a llevar más tiempo. Podría intentarlo el año que viene, pero prefiero dejar pasar más tiempo. Con entrenamiento y constancia, se puede totalmente, pero hay que ser constante”. Y a la hora de alentar a otras corredoras, agregó que “tener un grupo de entrenamiento y profesores que te guíen es importante. En todo sentido, porque si fuera por mí yo haría varias carreras al año, veo y me quiero anotar en todas. Pero tiene que haber alguien cuerdo que te diga que no”. El llamado de la naturaleza es fuerte: “Esto te lleva a conocer lugares impresionantes que con un trekking común no llegas a ver. Vas a lugares que si no hubiese una competencia no vería jamás. Te llevas en la vista una sensación inexplicable, de gratitud, de belleza que te llena”.///