La aventura de devolverle su esplendor a Villa Maris
Pedro Nicolás Martinelli llegó a Quequén en 2022 busca de un cambio de vida y compró la histórica casona de la calle 508 entre 511 y 513
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Durante años permaneció prácticamente abandonada, con sectores destruidos y una parte de su estructura seriamente deteriorada. Hoy, la histórica casona Villa Maris, ubicada en calle 508 entre 511 y 513 de Quequén, atraviesa un proceso de restauración que busca recuperar no sólo su estructura, sino también buena parte de los detalles que le dieron identidad a una de las antiguas construcciones de la localidad.
El trabajo comenzó poco después de que Pedro Nicolás Martinelli adquiriera la propiedad, en octubre de 2022, y continúa todavía hoy. Fueron dos años y medio de obra prácticamente permanente, con una primera etapa concentrada en asegurar la construcción y evitar que el deterioro siguiera avanzando.
La casona había sido visitada en enero de 2025 por integrantes de la Comisión de Preservación del Patrimonio Cultural y Ambiental del distrito, en el marco de las actividades que ese organismo había retomado luego de dos años de interrupción. En aquella oportunidad, Martinelli mostró los avances de la recuperación y explicó a los representantes de colegios profesionales y entidades vinculadas al patrimonio las características de la propiedad.
Ahora, el propietario continúa avanzando con la restauración, con la intención de recuperar progresivamente los distintos ambientes y elementos originales que todavía se conservan.
Un descubrimiento inesperado
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Martinelli llegó a Quequén casi por casualidad. Hasta hace unos cinco años, según cuenta, prácticamente no conocía la localidad.
"Yo no conocía nada de Quequén; hace cinco años no sabía lo que era. Buscando un poco de aire y necesitando salir de una relación, conversando con un amigo me habló de Quequén", le explicó a Ecos Diarios.
La referencia a las antiguas casonas de la denominada Belle Époque fue lo que terminó despertando su curiosidad. "Me dijo: 'Es conocido por las casonas de la Belle Époque'. Eso me quedó repicando. Dije: 'Voy a hacer un viajecito, necesito salir un poco de mi rutina de vida de campo'".
El primer recorrido por Quequén también fue determinante. "Entrar por la avenida Almirante Brown, ver el tanque de guerra, el monumento, las casas destruidas, los camiones... toda la imagen fue rara. Realmente me llamó la atención, de alguna forma me sedujo".
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Durante aquella recorrida conoció el chalet Astelarra y advirtió que estaba en venta, aunque rápidamente supo que ya había sido adquirido. Como desde hacía tiempo buscaba una propiedad donde pudiera desarrollar un proyecto relacionado con el arte, preguntó por otras casas que pudieran estar disponibles. Así llegó a Villa Maris.
"Me señalaron esta casa y me pasaron el contacto. Ese mismo día llamé y a las tres de la tarde la fui a ver", cuenta. La decisión fue rápida. Después de recorrer el inmueble y evaluar su estado, tomó una determinación que implicaba también desprenderse de una parte importante de su vida anterior.
“Tenía un departamento en Buenos Aires, que era mi casa de toda la vida, y decidí venderlo. Sentí que era lo que tenía que ser.”
En octubre de 2022 concretó la compra. "Inmediatamente vine con un albañil con el que trabajaba en el campo y nos pusimos a trabajar. Al principio nos quedamos en un hotel un par de semanas hasta que la pudimos empezar a habitar."
Primero, salvar la casa
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La primera etapa de la obra no estuvo relacionada con cuestiones estéticas, sino con la necesidad de recuperar la seguridad y detener el deterioro.
"Fueron dos años y medio de obra continua para reconstruir. Lo primero fue hacer un relevamiento de varios días para observar y ver por dónde ir", explica Martinelli.
El trabajo comenzó por el techo y por una de las habitaciones, que había sufrido un incendio. También se construyó la terraza y se sellaron distintos sectores para impedir el ingreso de agua.
"Había balcones que debieron demolerse por seguridad porque se estaban cayendo. El techo quedó impecable y hoy la casa se sostiene en el tiempo", señala.
La estructura, asegura, permitió encarar la restauración sin tener que reconstruir completamente el inmueble. “Más allá del transcurso de los años, la estructura y los cimientos son sólidos.”
Una de las dificultades más importantes se encontraba en la habitación afectada por el incendio. “No tenía problemas de humedad, salvo en la habitación incendiada donde las paredes estaban derrumbadas hacia adentro. Pero ese piso, e incluso las vigas de hierro, estaban en buenas condiciones para recuperarse.”
Para Martinelli, esa condición fue determinante para poder afrontar el proyecto. "Si otro piso hubiese estado devastado de esa manera, por cuestiones de presupuesto no lo habría podido abordar, pero la casa estaba lo suficientemente sólida como para entrar a trabajar."
Cuatro plantas y una historia de más de un siglo
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La distribución de Villa Maris también permite comprender las características de este tipo de construcciones. Según explica su propietario, originalmente se accedía mediante una escalera elevada y la vivienda se desarrollaba en cuatro niveles.
“Originalmente la casa ingresa por una escalera en alto y se desarrolla en altura en cuatro plantas. Tenés la planta principal e ingresando por la escalera encontrás el salón y el comedor.”
El subsuelo estaba destinado a las tareas domésticas y de servicio, mientras que los niveles superiores concentraban los dormitorios y el único baño original.
“En el subsuelo estaba antiguamente toda el área doméstica y de servicio, con la cocina y las habitaciones de servicio que se conectaban con el área principal. Arriba tenemos dos habitaciones más y la sala de baño —el único baño original que tenía la casa—.”
En el nivel superior se encuentran otras dos habitaciones, una de ellas la que sufrió el incendio. “En total son seis u ocho espacios repartidos a cada lado, con la escalera en el centro. Es muy simple, muy cuadradita; parece grande, pero en realidad es pequeña.”
Aunque todavía no cuenta con documentación que permita establecer con absoluta precisión el año de construcción, Martinelli estima que Villa Maris fue levantada alrededor de 1907.
"Tengo el registro de que la casa es de 1907, en función de que la casa Astelarra es de 1908 y la otra de 1903", señala.
Y vincula la construcción con el proceso de desarrollo inicial de Quequén y con otras antiguas casonas que todavía permiten reconocer parte de aquel pasado. “Entiendo que tanto Astelarra como Villamaris y Estela Maris fueron construidas más o menos en el mismo momento como parte del emprendimiento de la fundación de la ciudad de Quequén, que tenía su base en Estela Maris.”
Las antiguas casonas señoriales son parte del paisaje histórico de la localidad y están vinculadas con la etapa en que Quequén comenzó a convertirse en un destino elegido por familias de Buenos Aires. Ecos Diarios ha señalado en anteriores recorridos históricos que, en las cercanías del antiguo Hotel Quequén, algunas familias construyeron desde comienzos del siglo XX este tipo de residencias, entre ellas Astelarra y Villa Maris.
Recuperar también los detalles
Martinelli llegó al proyecto desde un ámbito alejado de la arquitectura tradicional. Su trayectoria estuvo vinculada al teatro y a la comedia musical, y durante varios años trabajó en escenarios de Buenos Aires y España. Más tarde se instaló en el campo y comenzó a reconstruir la casa de su familia, una experiencia que terminó convirtiéndose en una suerte de escuela para el trabajo que hoy desarrolla en Villa Maris.
"Soy artista, 'arquitecto de la vida', y estos son proyectos personales", define.
Aclara, sin embargo, que su experiencia no reemplaza el asesoramiento profesional cuando las obras requieren conocimientos específicos. “Encontré una casa con una base muy sólida y sabía que no iba a tener que lidiar con cuestiones de ingeniería para las cuales no estoy capacitado, aunque siempre consulto a los que realmente saben de cada materia.”
Para él, la importancia de Villa Maris excede su valor como construcción antigua. La considera, fundamentalmente, una expresión artística.
“Para mí el verdadero hallazgo de la casa es su valor artístico; es una obra de arte. Antes se ejecutaba arte en la arquitectura, algo que se fue perdiendo y que creo que estamos recuperando de a poco, porque tiene que ver con el tiempo y la dedicación.”
En esa mirada aparece también una valoración del esfuerzo que implicó levantar estas construcciones en una zona que, a comienzos del siglo XX, todavía estaba lejos de contar con las condiciones actuales.
"Imaginate cuando esto eran solo médanos: fue una obra colosal venir hasta acá y traer todo para levantar estos monumentos. Es una obra de arte y también de ingeniería, de capacidad, de fuerza y de visión de quienes la construyeron", afirma.
Lo que todavía permanece
Uno de los objetivos actuales es recuperar los elementos que sobrevivieron al paso del tiempo y al abandono. Algunos se perdieron, otros fueron retirados y varios todavía esperan su turno en el proceso de restauración.
"Una de las pocas cosas originales que encontré sobrevivientes en la casa es el cartel original: esas letras que están ahí desde siempre y alguna rejita", cuenta.
También conserva las antiguas celosías de las ventanas, que fueron retiradas de la propiedad y ahora forman parte de los elementos que pretende recuperar.
“Faltaban las celosías de las ventanas, pero las tengo guardadas y estoy armando el taller para recuperarlas.”
La restauración de Villa Maris se encuentra muy avanzada y ahora comienza una tarea más minuciosa: devolverle progresivamente a la casona algunos de los detalles que todavía permiten imaginar cómo era aquella vivienda hace más de un siglo atrás.///
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