“La buena atención al cliente es lo más valioso que debemos ofrecer”
Afirmó María Luján González Videla, una referente del comercio local, con más de 43 años de trayectoria. “La modalidad de trabajo en nuestro rubro ha cambiado bastante”, aseguró
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Mario Maruca
Redacción
“La buena atención al cliente es lo más valioso, ya que luego esa persona puede recomendarte a otra y otra, y se va generando un lazo muy fluido entre el comerciante y la gente”, afirmó María Luján González Videla.
Lleva más de 43 años en su local de la calle 83 y reconoció que “atiendo a distintas generaciones de personas y también de turistas. Algunos que vienen al negocio y me ven al frente del mismo, preguntan cuánto tiempo llevo en esta labor y eso me da satisfacción”.
María Luján expresó durante la entrevista con Ecos Diarios que “comencé trabajando a los 17 años en una librería del local 8 de la Gran Galería Central, que se llamaba Víctor Libros”.
Agregó que “tuve que leer bastante en aquél momento, ya que si debía recomendar un libro sobre Política, Economía, Policiales, etcétera, necesitaba tener una idea sobre los autores y contenidos de esas publicaciones”.
Y recordó que “luego que concluí con los estudios secundarios, me atreví y adquirí en cuotas el fondo de comercio y vendía exclusivamente libros en primera instancia, después, anexé el rubro juguetería, especialmente, juguetes de colección”.
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Tiempos muy diferentes
María Luján González trazó un paralelismo con la actualidad y sostuvo que “esos tiempos comerciales eran totalmente diferentes a los de ahora, la atención al cliente también. En estos momentos, existe público que accede al negocio y elige, pero antes, pretendía que se lo informe y oriente sobre algún libro o juguete”.
Añadió que “mi primer local comercial se llamaba Cronopios, y ese nombre surgió luego que leyera un libro de Julio Cortázar que se titulaba ‘Historias de Cronopios y de Famas’ que me cautivó. Por esa obra literaria, decidí ponerle esa identidad al negocio, donde trabajé varios años”.
La comerciante de dilatada trayectoria, indicó además que “en el año 1982, alquilé el local en la Villa Díaz Vélez, al lado de una galería y comencé con la venta de libros también. Hubo algunas temporadas en que me desempeñaba en ambos locales, del centro y de la playa, hasta que vendí el comercio del centro y me instalé acá donde estamos con mi hija y compartimos la sociedad”.
La atención al público
Sobre cómo hay que predisponerse para la atención de un negocio, María Luján consideró que “como primera medida, se debe mantener abierto el local el mayor tiempo posible, a los fines de adecuarse también a los horarios de los clientes”.
Y resaltó que “al salir de nuestros hogares, debemos dejar todas las preocupaciones colgadas en la puerta, atender a cada momento con una sonrisa, siendo amable y dejar de lado los problemas de cada uno”.
Entiendo en que “debemos entablar el mismo trato con cualquier persona, entonces, a través del tiempo, conseguís la trayectoria y el reconocimiento de parte de la gente”.
María Luján valoró el sostén de su familia y afirmó que “mis hijos crecieron en el negocio y, actualmente, Valeria, trabaja conmigo y entre las dos vamos luchando para brindar un buen servicio. En el caso de Cristian, es médico y se especializó en el área de Terapia Intensiva, y trabaja en La Plata, donde desarrolló todos sus estudios”.
Perfil
De adolescente encontró la vocación de comerciante
“Soy muy feliz con el comercio, la verdad es que en el tiempo de la adolescencia comencé a trabajar en este rubro y encontré mi vocación. Por eso que cuando finalicé la etapa de los estudios secundarios, me dediqué a la atención al público en mis locales de ese momento”, enumeró María Luján González Videla.
La mujer sostuvo que “mi esposo Sergio tenía un taller naval y cumplió funciones muchos años en Astilleros Vanoli, de Quequén, y cuando se construyó la Central Termoeléctrica, también desarrolló diversas labores en ese lugar”.
María Lujan es abuela de tres nietas de 19, 21 y 22 años, dos hijas de Cristián y, la restante de las descendientes, pertenece a Valería.
“Me encanta caminar en determinados momentos del día y además concurro con Valeria a tomar un café, es decir, utilizo un espacio para disfrutar, lo mismo cuando tomo unas vacaciones y mi hija se hace cargo del negocio”, puntualizó.
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