1988 │La Carrera que cambió la historia del TC
El 6 de marzo de 1988, un trágico accidente terminó con 13 personas fallecidas, en la Vuelta de Necochea. Desde ese momento, no hubo más carreras en circuitos callejeros en la Argentina
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El 6 de marzo de 1988, un trágico accidente terminó con 13 personas fallecidas, en la denominada carrera del Turismo Carretera denominada “Vuelta de Necochea”. El despiste del auto de Edgardo Caparrós, que voló por los aires varios metros y terminó impactando contra un grupo de espectadores, se convirtió en la mayor tragedia deportiva que ha vivido nuestra ciudad y, a la vez, cambió la historia de la máxima categoría del automovilismo nacional.
El 7 de marzo de 1988, Ecos Diarios relataba: “Doce muertos (NdR: una persona falleció 6 días después) es el lamentable saldo preliminar del accidente ocurrido ayer en la XV Vuelta de Necochea, al despistarse el coche que conducía Edgardo Caparrós, en la más grave tragedia ocurrida en el Turismo de Carretera. Además, hubo 10 heridos y una treintena de contusos.
Cuando se vivía una verdadera fiesta deportiva en el circuito “Benedicto Campos” de Quequén, pasado el mediodía de ayer y mientras se disputaba la prueba final de la especialidad, la máquina de Caparrós experimentó el reventón de su neumático izquierdo, cambiando repentinamente su línea de marcha para ir a dar sobre un sector atiborrado de público.
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El automóvil giró hacia la izquierda y comenzó a dar vueltas sobre sí mismo, emprendiendo “vuelo” y yendo a dar contra una casilla rodante y una carpa, donde se encontraban varias personas.
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De inmediato la carrera fue detenida -punteaba Roberto Mouras, declarado ganador y acreditándose la mitad del puntaje- y miles de personas trataron de acercarse al lugar del drama, situado pocos metros antes de llegar a la Estación de Servicio de Ríos, sobre la avenida Almirante Brown.
El caos se apoderó del lugar y con una celeridad digna del mejor elogio, los servicios sanitarios oficiales y de empresas privadas iniciaron el traslado de los heridos hasta el hospital municipal y la clínica Regional, transformados de inmediato en centros de atención general.
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Posteriormente, médicos, enfermeras y personal de servicio del hospital municipal llevó a cabo una eficaz y destacable tarea, puesta de manifiesto incluso por el doctor Floreal Ferrara, ministro de Salud de la Provincia, quien llegó a Necochea a media tarde a fin de interesarse directamente sobre lo ocurrido y poniendo a disposición todos los elementos sanitarios que se necesitaran.
Además de las doce víctimas fatales -entre las que se cuenta el acompañante de Caparrós- y de los 10 heridos que seguían bajo atención médica internados, alrededor de treinta personas más recibieron también diferentes cuidados médicos, como consecuencia de contusiones y golpes de diferente índole que sufrieron en el espeluznante accidente que no registra antecedentes en el Turismo de Carretera.
Obvio es que la carrera, el espectáculo deportivo, pasó a un segundo plano carente del más mínimo interés.
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Las vidas tronchadas y la dimensión de la tragedia se constituyeron en la noticia, en el horror que se transmitió de inmediato a todo el país.
Medios de difusión de todo el territorio, así como agencias nacionales de noticias, cubrieron de inmediato los hechos, dándole así toda la dimensión alcanzada por lo que era una fiesta y terminó en la página más negra del automovilismo.
“Las primeras estimaciones indican que Caparrós habría reventado un neumático en plena recta y se habría ido contra el público, contra un público que, según dicen, estaba bien ubicado”, explicó el comisario deportivo de la prueba, Pereyra, y agregó que el coche siniestrado “se fue contra el público después de haber recorrido cien metros en el aire, todo a causa de un reventón”.
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Puntualizó la máxima autoridad de la prueba que “quiero hacer presente que las cubiertas que se utilizan para estas competencias son de una marca francesa, con un rango que le permite girar a más de 240 kilómetros por hora de velocidad sostenida, son las únicas cubiertas que la ACTC homologa para correr. Hasta ahora, las versiones que tenemos y de acuerdo a lo que nosotros hemos visto, las causas del accidente se originan en un reventón del neumático”.
Luego Pereyra sostuvo que “al coche número 8 de Oscar Angeletti se le cronometró 235 kilómetros por hora, quiere decir que el coche de Caparrós andaría en ese momento en aproximadamente 220 ó 230 kilómetros”.
Enfatizó el comisario deportivo que “el público se encontraba en todo el perímetro del circuito perfectamente ubicado. El único lugar donde nosotros teníamos un poco de desconfianza era la última rotonda, en la que había gente de la comisión directiva de la ACTC que inmediatamente me iba a informar en el caso que se produjera algún accidente o desborde de público para parar la carrera. Esa misma gente es la que me avisa a través de un equipo de radio -teníamos 10 equipos en todo el circuito- del accidente que se había producido, tal es así que la bandera roja la coloqué en menos de un minuto para detener la carrera”.
En lo deportivo, se explicaba que “un abrupto final coronó a Roberto Mouras, Chevrolet, piloto de Carlos Casares, como triunfador de la XV Vuelta de TC en Necochea realizada en la víspera en el circuito Benedicto Campos.
La competencia final fue detenida por el comisario deportivo, Eduardo Pereyra, cuando se cumplía el décimoquinto giro.
El accidente de Edgardo Caparrós y las posteriores consecuencias fueron las causantes de tal determinación, dándose por ganador a quien entonces punteaba, Roberto Mouras.
La tragedia enlutó a la competencia, cuyo resultado poco importó a los espectadores que habían llegado desde la zona de influencia de nuestro medio y un amplio sector del país.
La multitud quedó atónita ante la gravedad del accidente, y lo que en principio era una fiesta total pasó, en segundos, a constituirse en un espectáculo de horror”.
La tragedia ocurrida en nuestra ciudad cambió para siempre la historia del automovilismo argentino, especialmente la del Turismo Carretera. La ACTC, los responsables de la categoría, decidieron tiempo después que no se realizaran más carreras en circuitos denominado “semi permanentes” o “callejeros”.
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