¿La casta son los trapitos?
El Colectivo por la Memoria de Necochea cuestionó la ordenanza aprobada por mayoría en el Concejo Deliberante para regular la actividad de cuidacoches y trapitos. Silvana Calio y María Zubiri (Mave) advirtieron sobre la estigmatización y reclamaron políticas públicas que aborden la situación social
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“¿La casta son los trapitos?”. La pregunta, planteada así, con signos de interrogación, es el título del documento que el Colectivo por la Memoria de Necochea difundió esta semana para expresar su rechazo a la ordenanza aprobada por mayoría en el Concejo Deliberante que regula la actividad de los cuidacoches y trapitos.
Silvana Calio y María Zubiri, conocida como Mave, integrantes de ese colectivo, explicaron en entrevista en el programa Voces de la Tarde que conduce Jorge Gómez por Radio Noticias Necochea que el documento no pretende solamente cuestionar una norma, sino llamar a una reflexión sobre el contexto social en el que se adopta una medida de estas características.
“Finalmente la casta eran los trapitos”, ironizó Calio, quien sostuvo que existe cada vez más gente expulsada hacia el mercado informal, las changas y la precarización laboral. A su entender, la ordenanza “priva, estigmatiza, vulnera y pone en situación de inferioridad permanente ante la policía” a personas que sobreviven como pueden.
El cuestionamiento apunta también al procedimiento. Según señalaron, las organizaciones y espacios que trabajan cotidianamente con personas en situación de vulnerabilidad deberían haber sido convocados antes de legislar. Mencionaron, entre otros, a la Mesa Social del propio Concejo Deliberante, donde aseguran que el tema nunca fue tratado.
“Cuando uno trabaja sobre un colectivo, sobre alguien que está haciendo una tarea, debería ser el primero que se convoca para saber qué problemas tiene, por qué está en esa situación y quién más hay detrás”, expresó Calio. Detrás de cada persona, remarcaron, hay familias, niños, problemas de salud, adicciones e historias de vida muchas veces difíciles.
Zubiri planteó que no se trata de negar que puedan existir situaciones conflictivas. Si alguien extorsiona, amenaza, daña un vehículo o comete un delito, existen herramientas en el Código Penal y debe intervenir la Justicia ordinaria. “No estamos hablando de eso”, aclararon. La discusión, dijeron, pasa por la respuesta que el Estado municipal debe dar frente a la vulnerabilidad.
También cuestionaron que se desconozca cuántas personas realizan estas actividades en Necochea y que se las presente como “gente de afuera”. Zubiri, desde su experiencia como trabajadora social, señaló que muchas personas llevan diez o doce años viviendo en la ciudad, aunque mantengan en sus documentos el domicilio de familiares porque viven en condiciones precarias y cambiantes.
El documento fue respaldado por numerosas organizaciones sociales, sindicales, profesionales, políticas y de derechos humanos de Necochea. Entre ellas figuran ATE, SUTEBA, UDOCBA, Hijos Necochea, el Movimiento de Trabajadores Excluidos, la Unión de Trabajadores de la Economía Popular, colegios profesionales, organizaciones sociales y espacios vinculados a la economía popular.
Como ejemplo de la realidad que, según plantearon, debería ser atendida, mencionaron el trabajo que realizan grupos como “El Cafecito”, que los viernes por la madrugada recibe en la Parroquia del Carmen a personas en situación de calle. Allí pueden tomar algo caliente, bañarse, cambiarse de ropa y dormir algunas horas.
“Van a que las escuchen”, remarcaron. No solamente a comer. A sentirse personas.
Calio y Zubiri insistieron en que el problema no desaparece porque se prohíba o se persiga una actividad. “Hay que articular acciones”, señalaron. Y dejaron planteada una pregunta que excede largamente a los cuidacoches: ¿qué modelo de sociedad queremos?
Para el Colectivo por la Memoria, la respuesta no pasa por esconder la pobreza debajo de la alfombra ni por enfrentar a personas vulnerables con policías, inspectores o vecinos. Pasa por mirar esa realidad, conocerla y trabajar sobre sus causas.
La discusión, entonces, no sería solamente sobre los trapitos. Es sobre qué hace una comunidad cuando la pobreza se vuelve visible y molesta. Y también sobre si la respuesta del Estado consiste en ordenar esa realidad para que deje de verse o en intentar transformarla.
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