“La ciudad ha cambiado, pero no crecemos en número”
Ernesto Mancino analizó la situación actual de Necochea y los factores que traban su crecimiento. Cuestionó el rol que ha tenido la política y advirtió sobre la importancia de sostener las entidades intermedias
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Julieta Moreno
Redacción
“Socialmente la ciudad cambia, pero no crecemos en número. Estamos estancados en poco más de 101.000 habitantes, mucha gente se va y los nacimientos no alcanzan a recuperar y eso también nos define”, expresó Ernesto Mancino, al pensar en la situación que atraviesa Necochea y analizó los factores que, a su entender, traban el crecimiento.
Productor agropecuario nacido en Necochea. Durante sus primeros años vivió en el campo, el mismo que habitaron sus tatarabuelos cuando llegaron a esta zona en 1884. Años más tarde, ya radicado en la ciudad, cursó su primera etapa escolar en el Colegio Pío XII y luego en el ex Colegio Industrial, donde obtuvo el título de técnico en Electromecánica. A temprana edad, comenzó a trabajar en el campo con su padre y cuando terminó la secundaria –después del Servicio Militar- se metió de lleno en la actividad. Además de su rol como productor rural, integra desde hace años la Federación Agraria, siendo presidente en varias oportunidades. Esto le permitió desempeñarse como director del Consorcio de Gestión de Puerto Quequén entre 2009 y 2011, en representación de la entidad del agro.
Por su activa participación en defensa del campo, lo convocaron para sumarse a la política y en 2015 integró la lista de concejales de Cambiemos. Se desempeñó como concejal durante dos años y fue elegido como presidente del Concejo Deliberante, cargo que ejerció por dos años más. Luego se retiró de la política, pero siguió ligado a las entidades intermedias del campo y dedicado a la actividad agropecuaria.
En diálogo con Ecos Diarios, dio su punto de vista sobre la ciudad. Planteó la necesidad de mejorar las rutas de acceso y terminar con el basural a cielo abierto. Cuestionó el rol de la política y dio su opinión sobre el parque, el casino y la importancia de sostener las entidades intermedias.
-¿Cómo ves la ciudad?
-En el aspecto social es una ciudad que ha cambiado muchísimo. Yo tengo 63 años y me tocó andar en una avenida 75 de tierra, he visto crecer y desarrollarse la zona de la playa y todo un sector que ha crecido a la par de la costa hasta Villa del Deportista, donde la gente eligió construir y vivir.
También ha cambiado la modalidad comercial. El centro deja de ser el único sector comercial y empieza a desarrollarse en las avenidas principalmente, lo que hace que cambie la fisonomía.
Después creo que en la ciudad nos complica el clima. Tenemos inviernos muy largos y fríos, no hay prácticamente primavera ni otoño y esto tiene una incidencia en la relación social. Nos afecta a las personas. En otras ciudades, las noches más cálidas, nos invita a salir. Creo que nos afecta socialmente y define también un perfil de ciudad.
Socialmente la ciudad cambia, pero no crecemos en número. Estamos estancados en poco más de 101.000 habitantes, mucha gente se va y los nacimientos no alcanzan a recuperar y eso también te define.
-¿A qué lo adjudicas?
- Tenemos 2.000 chicos que se reciben por año en las escuelas secundarias y muchos tienen que emigrar a otra ciudad porque el que quiere seguir estudiando tiene que irse. Las carreras a distancia han modificado un poco esta cuestión y, de alguna manera, evitan también que salga el dinero local. De todas maneras, hay un buen grupo que se va a estudiar afuera. Esto también afecta el crecimiento de la ciudad porque no te deja materia gris para desarrollarte. Eso hace que Necochea sea una ciudad a la que le cuesta crecer en volumen.
También la radicación de empresas está limitada por falta de infraestructura en lo que es potencia eléctrica y en gas.
Por otra parte, a partir de mi experiencia en el Concejo veo la injerencia de la política de una mala manera en lo que respecta al crecimiento.
¿En qué sentido?
-Quizás la gente ha delegado en la política o en el político de turno y en los concejales, que hagan algo. Y en realidad lo que hace falta es que las fuerzas vivas, las personas, las empresas, inicien las propuestas.
Por ejemplo, hay que pedir más gas porque la red está limitada y cualquier empresa que necesite mucha cantidad de calorías no la tiene. Tenemos el puerto a veces con mucho cuestionamiento desde lo social y demasiada injerencia de lo político en su manejo, que distorsiona su función, la corre de eje y no deja apreciar el valor que tiene. Pero es el juego de la política operando a pleno y eso no nos permite tampoco desarrollarnos.
-¿Decís que la política no ha jugado a favor del crecimiento?
-Juega en contra. Un ejemplo es lo que está ocurriendo con la concesión de Terminal Quequén. La empresa hace 3 años que tiene la concesión prorrogada y siguen sin tomar decisiones sobre inversiones millonarias que tendrían que ser puestas a disposición de una licitación internacional. Es un puerto que tiene la capacidad para recibir inversiones, pero no te lo permite la falta de definiciones a nivel local, a nivel provincial por supuesto y a nivel nacional, en menor medida.
-¿Y las fuerzas vivas o las instituciones participan?
-Supimos tener entidades representativas y cayeron en el olvido. Quizás no fueron escuchadas en su momento y la gente que las integraba se cansó de proponer, decir, actuar. Y como este sistema cada dos años nos exige votaciones, estamos en una permanente contienda política y eso nos hace pagar un costo como país muy caro y localmente nos afecta.
-¿Qué cuestiones te preocupan o crees que hay que atender en forma urgente?
- Si yo tuviera que hacer algo urgente sería el tratamiento del basurero a cielo abierto que tenemos en la ruta 228, que está provocando accidentes y generando toneladas de gases tóxicos que entran todos los días con viento del oeste a la ciudad. Esto es una vergüenza. Y ahí también está la política porque hay una disputa entre el concesionario y la Municipalidad, que viene de años. Es algo que habría que resolver ya.
Por otra parte, no tenemos rutas de acceso porque están destrozadas, sacando la 88 que es la que mejor está. La 55 la están arreglando un poco, la 227 necesita parches, la 86 es un peligro y, en el tramo de Juárez a Fernández, una trampa mortal de noche y, de La Dulce para Necochea, hay que andar esquivando los pozos, y la ruta 228 no está en mejores circunstancias. Dependen del gobierno provincial y del gobierno nacional y ahí hay una cuestión que nos excede, pero las fuerzas vivas deberían trabajar y la política debería ponerse primero adelante, pero son cosas que hay que resolver rápidamente.
También uno valora las características de Necochea, es tranquila y tiene un volumen que no le permite llegar a ser ciudad, pero tampoco es pueblo, lo que nos permite una convivencia muy agradable.
Además, la belleza de la ciudad, el río revalorizado en los últimos años, la playa y el parque son lugares que son potenciales, pero a explotar.
-Y con el casino, ¿qué harías?
- Duele el casino porque hay una cuestión que raya en lo administrativo, pero la política nunca deja de tener su mezquindad contra esto. Es una superficie que recibió la Municipalidad en una transferencia por no poder mantenerla la Provincia y el municipio no la puede mantener. Por eso no hay mucho para hacer más que venderla. El casino tiene que ser la continuidad del frente costero. Hay gente que trabaja en urbanismo que podría hacer un proyecto para ese lugar más el Jardín de Rocas, hay que ampliar el frente costero como hacen todas las ciudades que lo tienen.
-¿Planteás que hay que extender el frente costero más allá del casino, sobre lo que sería el Parque?
- Eso es un debate que hay que dar. Los extremismos nunca conducen a nada. No se puede salir con una motosierra a cortar plantas, pero tampoco se puede dejar intocable a un parque que presta una función invalorable a la ciudad porque corremos el riesgo de no cuidarlo. No se ha hecho forestación, no se han hecho apertura de calles por tema de incendios. Creo que debe haber un proyecto integral, que transcienda el mandato de un intendente.
-¿Qué opinión tenés del gobierno de Arturo Rojas?
- Él tiene una gestión dentro del sistema administrativo que es acorde con el formato en el que él se desempeña y fue formado. Es un administrador. Ahora, este sistema no funciona ni le responde a la sociedad las demandas que tiene. Es el sistema, no es la persona.
La Municipalidad, de la manera en que están entendidos los servicios que se prestan desde el Estado y que cada vez son más, aun cobrando tasas bastante caras no alcanza a sostener los gastos de su funcionamiento. Entonces, no existen incentivos para el intendente a disminuir el gasto público y permitir que se haga cargo la ciudadanía a través de otros sistemas, porque el Estado no es el único que puede prestar bienes y servicios a la ciudad. Pero no es ese el sistema en el cual el intendente Rojas crea ni haya pensado.
Lo que vemos es la mejor administración que él puede hacer. Sin embargo, la gente me parece que espera otra cosa, de acuerdo al resultado de las últimas elecciones.
Rápidamente te puedo decir que hizo una mejor gestión que (Facundo) López y mejor que la de (Horacio) Tellechea, pero el tema es el sistema por el cual él entiende el funcionamiento del Estado.
-¿Cómo ves el futuro? ¿Sos optimista?
- No hay manera de saber qué va a pasar. Creo que depende de que cómo votemos. Hay una cuestión que me preocupa muchísimo y es que ésta no es la misma sociedad en la que nosotros nos criamos. Llegamos a una sociedad que sostiene un poco menos del 50% de pobreza, no es la sociedad que era. Y eso también te pone en alguna manera en cierto jaque en la forma de definir las políticas en el momento de votar.
Ahí hay una cuestión que no la podemos resolver; la democracia es el sistema que hemos elegido y es una cuestión que te genera ciertas dudas en el momento de elegir tus gobernantes locales, nacionales y provinciales. No se sabe la manera en que termina votando la gente.
Por otra parte, las redes sociales cambiaron las relaciones entre las personas, hemos dejado de vernos, antes para pagar las cuentas nos encontrábamos en los bancos. No sabemos cómo va a ser el futuro porque los cambios se producen rápidamente. Lo que sí sabemos es que va a cambiar, pero lo que no sabemos es la velocidad y hacia dónde. Esto genera incertidumbre, no por mí, pero sí por mis hijos y por los que vienen. La incertidumbre no es pesimismo, es incertidumbre.
También creo que es importante que cada uno desde su lugar, haga su aporte. Y de esto, nos falta un poco. Esa falta de compromiso pasa en la cooperadora de una escuela como en un club de fútbol o en cualquier entidad. Y esto nos modifica una perspectiva porque en algún momento vamos a necesitar las instituciones intermedias funcionando y no van a estar.
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