La ciudadanía sometida al rigor de la delincuencia y un sentimiento de indefensión que se agudiza
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Como en los capítulos de una novela, los hechos se suceden y la mayoría no se aclara, pese a que hay más efectivos y una secretaría de Seguridad en la órbita comunal
Aunque en cuestiones de inseguridad parece que siempre se puede estar peor, la sociedad viene siendo vapuleada por una innumerable cantidad de robos, que lejos de aplacarse se van entonando a medida que avanzan los días, ante una llamativa ineficiencia de quienes deben brindar respuestas: llámese Policía, Justicia y el propio municipio, que cuenta con un área específica.
Las páginas de Ecos Diarios vienen reflejando jornada a jornada robos de distinta índole, lamentablemente como un saldo negativo en cuanto a aclaración de los hechos y obviamente sin que se logre detener a sus autores.
No sólo se trata de estadísticas, sino que detrás de estos casos se ha generado un fuerte sentimiento de indefensión en la ciudadanía de Necochea y Quequén.
Responsabilidades compartidas
El ciudadano, haya sido víctima o no de un despojo de sus pertenencias, observa impávido que “no pasa nada”, y no se explica cómo con más efectivos policiales en la calle que en años anteriores, incluyendo la creación de una fuerza de tono preventivo como lo es la Policía Local, los delincuentes siguen impunes y ganando la partida diariamente.
La imagen de uniformados mirando sus celulares, enviando y recibiendo mensajes mientras están en servicio, enervan a quienes los ven, porque surge claramente que están distraídos. Sin embargo desde la fuerza se indica que deben contar con sus teléfonos porque no hay radios suficientes para todo el personal de guardia callejera.
Por el lado de la Justicia queda la sensación que los fiscales, y en el mismo sentido la Policía, a través de la DDI, no investigan con la profesionalidad y responsabilidad que amerita la actual situación delictiva. Si así fuera se esclarecerían hechos, lo que no se ve a simple vista.
A las deficiencias operativas de los efectivos, fundamentalmente en hechos que se han producido en horarios comerciales y con ellos en tareas de vigilancia, se suman las demoras que suele producir una desprolija atención del servicio de llamadas de emergencia 911, que ahora funciona en Mar del Plata, con operadores que en muchos casos desconocen nuestra ciudad y sus calles. Esto termina retrasando el envío de efectivos al sitio donde se denunció un hecho y hasta del, propio servicio se ha deslizado que los efectivos acuden al lugar, pero no se bajan de los móviles. Una “ayudita” para que quienes delinquen se esfumen.
Aunque no tiene incidencia directa en el cúmulo de hechos de inseguridad, el lamentable estado del edificio la Comisaría Segunda, en Quequén, con varias de sus instalaciones clausuradas, surge como una muestra más de la grave situación.
Las fichas en las cámaras
Cuando en otras oportunidades se han producido picos de robos y delitos múltiples, como acontece en la actualidad, el Ejecutivo ha pedido explicaciones a jefes policiales o autoridades judiciales, e incluso hasta se ha solicitado el traslado de algún comisario.
Este no ha sido, o al menos no ha trascendido públicamente, la conducta del intendente Facundo López o el secretario de Protección Ciudadana. Si se han solicitado respuestas por parte de los jefes policiales, está visto que no han surtido efecto en cuanto a la mejora de la realidad.
Tampoco, como ha ocurrido en otras oportunidades, se ha convocado a reuniones con miembros de la Policía y Justicia en la sede del municipio. Quizás haya sido porque esos encuentros no fueron productivos y solo propiciaron el intercambio de facturas entre ambos sectores.
Está visto que las fichas del gobierno municipal están puestas en la puesta en marcha de las más de 500 cámaras, que con sofisticados dispositivos serán controladas por el centro de monitoreo que funcionará en el edificio del Centro Cívico.
El sistema, que ha tenido un positivo efecto en un municipio modelo para la actual gestión comunal, como lo es el de Tigre, aparece como un elemento que quizás sirva para morigerar los actos de la delincuencia o al menos exponga “en el momento” a quienes delinquen y puedan ser aprehendidos para que luego actúe la Justicia.
Mientras se instalan en la vía pública las cámaras y se culmina con el centro de control, los vecinos siguen a merced de los malhechores, en una especie de ruleta rusa que le puede tocar a cualquiera.
Afortunadamente no se han registrado víctimas fatales en los atracos cometidos. Pero cada uno de los responsables de velar por la seguridad debería extremar sus funciones, para que no ocurran muertes. Luego de poco servirán las marchas que se suelen hacer una sociedad harta y que quiere vivir en paz.
Nadie está exento
Entre los últimos despojos, todos casos no aclarados, aparecen el robo en su departamento y de su auto a la profesional Mónica Schmidt; el ataque y robo de 30 celulares al comerciante José Gentile; en el domicilio del comerciante Marcelo Merzario; y los diversos robos perpetrados por delincuentes armados en Bahía de los Vientos, una zona que parece liberada;
La Villa Díaz Vélez está merced de los vándalos y delincuentes, que no trepidan en romper vidriera y apoderarse de prendas u otros elementos. Otros optan por ingresar a las casas ajenas a cualquier hora del día y llevarse los que les place; y varios individuos salen en motos a “hacerse la diaria”, golpeando a indefensa vecinas o rompiéndoles el vidrio de sus autos, aún con sus dueñas dentro de los mismos al detenerse en un semáforo, para apoderarse de carteras y otros objetos. Sucede en todos lados, incluso el sector céntrico de la ciudad.
En el caso de Quequén el robo de cables en la obra de pavimento de la avenida 554 y que obligó al municipio a la postergación de su inauguración, es más que una situación tragicómica: refleja el estado de impunidad existente. Es que nadie está exento de ser la víctima de robos y ataques.