La coronagrieta que faltaba
:format(webp):quality(40)/https://ecosdiarioscdn.eleco.com.ar/media/2020/04/ALBERTOGRIETA.jpg)
Los nuevos cuestionamientos al Gobierno, que se desataron tras el anuncio de la extensión de la cuarentena.
El discurso y el método, diría Descartes. La Argentina se sumergió otra vez en las últimas horas en su incurable ruiderío político y social, ahora en medio de la cruzada nacional contra la pandemia que ya sumó más un millar de enfermos detectados y arriba de veinte muertos.
El consenso que había logrado Alberto Fernández, quien se puso al hombro del operativo federal de contención de contagios, ha mostrado fisuras en las clases medias y altas, las que además de la zozobra por sus vidas están preocupadas, terrenalmente, por el devenir de sus patrimonios.
Dos datos que se hicieron virales (por las redes sociales, no por el germen de Wuhan) horadaron la confianza al gobierno en un sector de opinión de la sociedad para que la famosa grieta reviviera con furor:
- El bochorno, inevitable, por la exhibición de centenares de miles de humildes apiñados frente a cajeros bancarios del Gran Buenos Aires y de todo el país, que hizo sospechar angustiosamente de la eficacia de la cuarentena.
- Segundo dato: la embestida del estresado presidente argentino contra los empleadores privados, un colectivo que viene golpeado por los dos últimos años del gobierno de Macri, al cual el aislamiento preventivo forzoso lo complica en diversas formas y magnitudes.
Está claro, no tiene la misma espalda un pool de empresas que las sacrosantas pymes, ahora enfrascadas en vituperios al gobierno. Alberto y su equipo salieron a cortar el juego y eligieron el mejor blanco. Techint, factótum de la industria, la construcción y la energía del país, ajustó la plantilla de obras públicas impagas y el brulote presidencial del lunes se sumó a la perdigonada del domingo.
Boomerang por las redes
“Es hora de ganar menos” “miserables”. Los epítetos se volvieron un boomerang por las redes, que donde hay caldo de humor generan movidas y pueden crucificar, sobre todo si hay tiempo libre y angustias para repartir. En pocas horas, el mix oportuno de Luis Lacalle Pou anunciando la baja de salarios de los tres poderes públicos de Uruguay para formar un fondo contra el virus, se mezcló con la remake de la movida #QueSeBajenLosSueldos que ya se insinuara a fines de Macri pero que se plasmó en un caceroleo en segunda citación.
Somos argentinos y nos pierde la tentación por la vanidad, sería una explicación para el traspié, otra la tensión y el procuro de autoridad a través de gestos crudos. El último mensaje dominical de Fernández, anunciando el aislamiento plus hasta el 13-A, estuvo bordado por un giro en su estilo dialéctico.
Llamó la atención el Yo-Yo, un atisbo de temprano exitismo, cuando la temible trepada epidémica recién se insinúa, junto a la admonición al mundo empresario con epítetos ríspidos.
El pasaje más dubitativo de su mensaje, en el que buscó acudir a sus papeles, fue el referido a los paliativos para las pymes. No se trata de un déficit comunicacional, frente al parate imperativo que ha mandado a la casa a millones de consumidores y trabajadores para cuidarles la vida, aparecen los límites de la realidad.
El domingo a la noche, Fernández sabía, a través de los gobernadores, de las dificultades en la cadena de pagos, los límites prácticos a la blandura bancaria y la perversa escalada en precios de alimentos, un deporte argentino.
En la Argentina, el consumo ha caído, en esta quincena entre un 50 a un 85% y las cámaras mercantiles revelan que siete de cada diez empresas cerraron sus persianas porque el comercio electrónico no es para todos y todas.
Como otras medidas de pasado reciente o no tanto, la primera cuarentena argentina fue lanzada como se arman los asados aquí. Uno trae la carne, otro las ensaladas y después pedimos un helado, leña y carbón siempre hay, vamos viendo.
Pagos de impuestos, regímenes laborales, atención bancaria, tránsito de personas, han sido objetos de ensayos y errores so pretexto de la emergencia. La feria de la AFIP, que apagó las luces pero no movió vencimientos es un producto típicamente argentino. “Quedate tranquilo, dice el contador, ya vas a ver cómo van a mover los plazos, no son ningunos b…”.
Hay otras formas de hacer las cosas. En Perú, a sólo cuatro horas de vuelo (metáfora que no corre hoy), la implacable SUNAT el mismo día que se anunció la cuarentena movió los vencimientos de los impuestos. Claro que la economía peruana proyectaba crecer un 5% y probablemente caiga a cero, mientras que Argentina aspiraba al 0% si podía pedalear su deuda y ahora caerá -5%.
Techint ya tuvo sus desencuentros con Macri, el año pasado, cuando a instancias del FMI le quitó los estímulos fiscales en Fortín de Piedra, la estrella 2018-2019 de Vaca Muerta. El holding tiene espaldas para subirse al ring y soportar que el diario más pro gubernamental haga tapa con cómo creció en medio siglo a caballo de subsidios y preferencias de todo tipo.
El gobierno salió a matar este leading case temiendo el efecto contagio, pero en la Cámara Argentina de la Construcción (CAC) ya cuentan más de 400.000 obreros parados. Nación y provincias dejaron de certificar obras y la menguada inversión privada se complicó por las presiones sindicales para desactivar a los trabajadores.
“Gerardo Martínez y la CGT lo sabían y venían acompañando porque la crisis es profunda. Además, si son miserables los que despiden qué queda para YPF, que obliga a las contratistas a ajustar sus plantillas”, se quejaba un alto referente empresario.
La petrolera de bandera vive horas aciagas con su desplome en las bolsas. Cuando asumió este gobierno valía US$ 10 en N.Y. y hoy vale menos de US$ 4. La guerra del crudo entre saudíes y rusos ha devaluado el barril y sorprendido a la Argentina con su joya de Vaca Muerta paralizada y fuera de escala.
“La demanda de naftas se redujo 80%, con caídas de 70-75% a excepción de CABA, con algo de mayor movimiento. El gas oil tuvo impacto de 60% y se moderó a 40/50%”, reseña el conocido analista Daniel Gerold. Sobra combustible por todos lados y no hay donde almacenarlo, así el futuro de las refinerías se complica.
Excepto para el padrón del 26% de la población activa que depende de fondos públicos, la prolongación de la cuarentena será muy complicada. Y el caceroleo de uno y otro lado puede llegar a ser ensordecedor. El reclamo de un gesto de la plutocracia política es una crecida que arrastra de todo, como el subirse a la ola de Juntos por el Cambio para bajarse un 30% de ingresos, cuando no dijeron nada en 2016-2019 y ni mu hace días cuando Sergio Massa les habilitó US$ 1.500 por cabeza para combatir la pandemia.
Hoy el network argentino está que arde, con loas y agresiones de todo tipo. Para un espectro ideológico es el neoliberalismo que destruyó el país y ahora vuelve, para el otro es el populismo que terminará con todo. En el medio está la vida real de laburantes que trabajan y dan trabajo.///
Por Deniel Bosque- Periodista