La costa de Quequén se llenó de algas y preocupa por lo que ocurre en el mundo
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El antecedente de lo que pasa en la zona del Caribe y del Mediterráneo invita a pensar en el futuro
Parte de la costa de Quequén apareció en las últimas horas con grandes cantidades de algas marinas de color marrón o rojizas, que quedaron depositadas sobre la arena llamando la atención de los vecinos del lugar.
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“Hace doce años que vivo acá y nunca vi algo así”, dice Luis, asombrado por la gran cantidad de algas que vio en la zona de Bahía de los Vientos.
Si bien se trata de algas inofensivas, que no generan ningún riesgo a quien las pone en contacto con la piel, hay antecedentes a nivel mundial que podrían generar cierta preocupación de cara a los años venideros.
El caso México
Desde el 2011, la cantidad de algas marinas que llegan al estado mexicano de Quintana Roo, donde se encuentran las blancas arenas de Cancún y Tulum, ha aumentado considerablemente por razones que los especialistas creen que están vinculadas al cambio climático.
Según han indicado medios del lugar, tan solo en Quintana Roo, los marinos han retirado de las playas el año pasado más de 37.000 toneladas de algas a las que llaman “sargazo”, lo que significa un peso superior al de tres torres Eiffel.
Esto ha afectado y es una total amenaza al turismo, aunque allí hay gente de la Armada que todos los días se dedica a ponerla lejos de la vista de los turistas y hay 12 barcos destinados a tal fin.
El problema en México, más allá de que resulta poco estético que estén esas algas cubriendo toda la arena, es que la planta al descomponerse produce un hedor similar a aguas residuales, atrayendo insectos
Mientras tanto, ya hay empresarios que están buscando darle un uso y sacar un rédito económico de esas algas, por lo que ya trabajan en convertirlas en combustible, alimento para animales o materiales de construcción.
En otros lugares
El problema de las algas lejos está de tener su epicentro en el Caribe.
Por ejemplo, el alga Rugulopterix okamurae, procedente del océano Pacífico, ha estado apartando a especies nativas, se multiplica con rapidez y ha colonizado a toda velocidad el litoral mediterráneo de Andalucía y el norte de África.
En 2015, llegó a Ceuta y se recogieron más de 5.000 toneladas en las playas en solo un año. En 2016, dio el salto a Tarifa y desde entonces ha cubierto más del 80% de los fondos rocosos entre cinco y 30 metros de profundidad de las costas de Cádiz, Málaga y Granada, ocupando el 100% en algunas zonas. Ya se ha detectado en praderas de posidonia en Cabo de Gata (Almería) y se cree que continuará su expansión por el resto del mar Mediterráneo.
En Tarifa, por ejemplo, en 2020 se retiraron más de 2.300 toneladas de alga de su costa. En Estepona, la cifra se fue a las 3.838 toneladas y, en Marbella, el peor año fue 2019, con 1.500 toneladas retiradas en solo cinco playas (el año pasado llegó a 14). Los municipios se han visto obligados a adquirir maquinaria y solicitan ayuda para la retirada del residuo. Aún no existen directrices sobre si debe tener un tratamiento diferenciado.
En el mar
Por lo general, las algas florecen y permanecen en el océano, suministrando un hábitat flotante para los animales que viven allí. Se trata de un hábitat esencial y suele denominarse como el “bosque dorado” del océano, pero en los últimos años la situación es muy diferente, porque se viene dando la floración de algas más grande del mundo.
En mar abierto, impiden que la luz del sol llegue a los arrecifes de coral, y a medida que se descomponen, van liberando compuestos que dañan la vida marina.
Y el problema es cada vez mayor: con datos satelitales de la NASA, los científicos registraron recientemente un cinturón de algas flotantes de casi 9.000 kilómetros de largo.
Esto que pasa en Quequén, seguramente es solo algo pasajero y no hay de qué preocuparse, pero es importante no dejar de ver lo que pasa en el resto del mundo, que de un día para otro también empezaron a mostrarse asombrados por lo que veían, como les pasó en las últimas horas a los vecinos de Bahía de los Vientos. La naturaleza nos está dando un mensaje y es hora de empezar a escuchar.///
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